El jet set de la boliburguesía va a la cárcel. Kaufmann y Durán en La Florida, Alex del Nogal en Milán. Mucho más temprano que tarde caerán otros. Los espera la cárcel, el exilio o la cirugía estética. Pedro Lastra valora los últimos sucesos del Caso Antonini.

Esta es su columna:

¿Se acuerdan de Orlando Castro y su hijo mayor, vestidos de presidiarios, encadenados de pies y manos, mirando al vacío con caras de cosmonautas perdidos en el espacio y arrastrando sus humanidades por una corte judicial en Nueva York? No es nada en comparación con lo que podrían llegar a ver en cualquier momento: al psiquiatra Jorge Rodríguez, vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela, desencajado por la sorpresa, vestido con el mismo mono anaranjado, tan encadenado de pies y manos como los Castro y escuchando cabizbajo la condena por conspirar contra los Estados Unidos de Norteamérica.

Ya ha sido involucrado en el juicio que acaba de abrirse en La Florida. Y sentados en el banquillo muchísimos jerarcas del régimen. Expertos petroleros, líderes edilicios, jueces de toga y birrete, animadores de televisión y no pocos ex uniformados. No es una novela de política ficción: es el guión de un reality show en pleno desarrollo. Ni siquiera imaginamos adónde podría ir a parar este Nüremberg en miniatura, pero los casos a ventilarse podrían ir desde espionaje y terrorismo de alto vuelo hasta narcotráfico del duro. No hablemos de los delitos de lesa humanidad y su principal responsable. Que aquellos que están involucrados en el caso que se ventila en un tribunal de Florida y todavía permanecen en la sombra protegidos bajo las luminarias del Poder se miren en el espejo del general Noriega.

La justicia norteamericana es implacable. Como lo es la de cualquier país que se respete, sea España, Francia o Inglaterra. Ya Pinochet probó de esa amarga medicina. No basta con haber votado NO para lavar las pesadas e imprescriptibles culpas que pesan sobre las espaldas de este poder judicial corrompido y obsecuente. Dispuesto a amparar el asalto a mano armada contra la propiedad privada – véase el caso de RCTV – o darle un barniz de legalidad a cualquier ex abrupto del teniente coronel y sus secuaces, como perseguir a Enrique Mendoza y mantener encarcelado en la nunciatura a Nixon Moreno. No se mencionen los abusos de esta miserable caricatura jurídica contra nuestros presos políticos. ¿Quién les devolverá los años de vida que la justicia venezolana les ha robado a Usón, Vivas, Forero, Simonovis y tantos y tantos encarcelados sin el más mínimo respeto al debido proceso? ¿Quién se responsabilizará por la amargura de nuestros desterrados? ¿Quién reparará el sufrimiento de los veinte mil atropellados de PDVSA? ¿Quién le llevará alivio a las más de cien mil madres y a los millones de venezolanos que han visto asesinar a sus hijos y familiares durante la orgía de sangre de estos nueve años de pesadilla? No han recibido ni siquiera un segundo de atención de quien lleva hablando años de años. Y se dice presidente de todos los venezolanos.

La justicia tarda, pero llega. Así, mientras en Venezuela el ominoso fiscal de la república no movió un dedo por averiguar el crimen cometido por una banda de facinerosos de PDVSA pretendiendo corromper con dineros públicos a la actual presidenta de Argentina, en Estados Unidos se movió la pesada maquinaria estatal de una nación de verdad. Ya vemos los resultados. El jet set de la boliburguesía va a la cárcel. Kaufmann y Durán en La Florida, Alex del Nogal en Milán. Mucho más temprano que tarde caerán otros. Los espera la cárcel, el exilio o la cirugía estética. A prepararse que lo que les viene es Auditorio Azul.

AUDITORIO AZUL
Pedro Lastra
Especial para Noticias24

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