La llegada de Evo Morales a la presidencia de Bolivia ha potenciado la producción de cocaína. Así lo revela hoy un reportaje de Joaquim Ibarz en el diario catalán “La Vanguardia“.

Con la coartada oficial de que “la hoja de coca es vida, es parte de nuestra cultura“, los cultivos para elaborar la mortífera droga se han incrementado no sólo en las zonas conocidas de Yungas y Chapare, sino también en parques nacionales y reservas forestales de Santa Cruz y Beni.

En un recorrido por el cauce del río Ichilo, frontera con la región cocalera de Cochabamba, se pudo comprobar la veracidad de las denuncias de indígenas, ecologistas y guardas forestales: bosques devastados son convertidos en zonas de producción de coca. Comunidades indígenas temen que el narcotráfico esté detrás de los campesinos que han ocupado extensas superficies de reservas forestales, taladas sin consideración. Los nativos hablan de sobrevuelos de helicópteros y avionetas que asocian con las actividades de mafias colombianas.

Según dirigentes de la Comunidad de Pueblos Indígenas Mojeños (Ccipim), los colonos siembran arroz, maíz y yuca después de devastar los bosques para camuflar la coca que crece en medio de los cultivos. Víctor Guariz, presidente de la Ccipim, afirma que los cocaleros ni siquiera recogen la cosecha de arroz, ya que sólo les interesaba la coca.

Aunque el Gobierno se ufana de que ha reducido los cultivos de hoja de coca, la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD) dice lo contrario. En su informe del 2007 sobre Bolivia, la ONUDD señala que las plantaciones de coca pasaron de 27.500 hectáreas en el 2006 a 30.250 en el 2007; la producción potencial de cocaína subió de 80 a 94 toneladas.

La legislación boliviana autoriza el cultivo de 12.000 hectáreas para usos legales, consumo tradicional y ritos costumbristas de la coca. El informe de ONUDD revela un excedente de 15.500 hectáreas, en especial en la región tropical del Chapare, donde hizo su carrera política y sindical el presidente Evo Morales.

Este Gobierno favorece al narcotráfico. A más coca sembrada, más narcotráfico, más poder y más dinero“, declara a La Vanguardia el diputado Ernesto Justiniano, del partido conservador Podemos. Justiniano, que fue zar antidrogas con el presidente Sánchez de Quezada, argumenta que “el Gobierno promueve el incremento de los cultivos de coca y la producción de cocaína. Si hay más cultivos, hay más campesinos afiliados a los sindicatos cocaleros (de 24.000 afiliados en el 2004 se ha pasado a 45.000), que los sigue presidiendo Evo Morales. Al extender los cultivos de coca a Beni y Santa Cruz, indígenas andinos se trasladan a zonas controladas por autonomías hostiles. Es una cuña que meten en territorio opositor”.

Según Justiniano, en el último año, la producción nacional de coca, de 48.117,20 toneladas métricas, se dirigió en un 28% al mercado legal y un 72% a la producción de cocaína.

Las cifras que se conocen, algunas sacadas del Ministerio de Agricultura, reafirman que la política de Evo Morales favorece el aumento del narcotráfico en el 2007: la superficie cultivada de coca es de unas 30.000 hectáreas, casi 3.000 más que el 2006. La erradicación de 6.300 hectáreas por año es menor que el aumento de las áreas que se añaden al cultivo: unas 10.000. La policía antinarcóticos incautó menos del 15% del total. El decomiso de hoja de coca ilegal es menos del 1% de la producción. La relación coca-cocaína generó en el 2007 entre 365 y 816 millones de dólares.

El senador Óscar Ortiz, del partido Podemos, denuncia la complicidad del Gobierno con la proliferación del cultivo de coca. Según su criterio, el compromiso político de Evo Morales con los sindicatos cocaleros no le permite combatir el crecimiento del narcotráfico en Bolivia.

Joaquim Ibarz – La Vanguardia (España)

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