Hace un año un joven senador de Illinois comenzó a hacer historia en Chicago. Con una rotunda victoria frente a su rival Republicano, Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro de Estados Unidos, y prometió un drástico cambio respecto a los últimos 8 años de gobierno de George W. Bush.

Hoy, el reciente ganador del Premio Nóbel de la Paz se enfrenta a la decisión de cómo proceder con la guerra en Afganistán, una ironía que sus críticos no dejan pasar diciendo que ha hecho poco para merecer el reconocimiento en tan corto tiempo como Comandante en Jefe. Sus políticas en Afganistán también le quitaron respaldo de quienes están en contra de la guerra.

Sin embargo aún puede enardecer a una muchedumbre y conserva la capacidad de orador que tanto le sirvió en la campaña. Pero el arduo camino hacia la legislación sobre el sistema de salud y la lucha contra una obstinada crisis económica, hicieron caer significativamente la aprobación de su mandato, a poco más del 50 %. De todos modos recientemente dijo que el hecho de que el trabajo sea difícil es justamente lo que lo motiva.

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