Mario Silva y Hugo Chavez

Noticias24.- El periodista Noé Pernía ha descubierto el lado más didáctico de “La Hojilla”, en el que Mario Silva, autoproclamado “terrorista comunicacional”, da una lección de comunicación política que puede ayudar a discernir a los políticos serios de los simples histriones. Esta es su columna para los lectores de Noticias24.

El profesor Mario Silva

Noé Pernía

Este texto es una herejía política para aquellos ojos sensibles que ven agentes del G-2 cubano por todas partes en Venezuela.
Mario Silva no es un ejemplo de calidad comunicacional, ni mucho menos de respeto a los derechos humanos de sus víctimas. Pero este 23 de enero dio cátedra de comunicación política a los líderes aspirantes de la oposición.

Veamos, en el programa «La Hojilla» de VTV, Silva aisló un dato que nos sirve de reflexión en torno a la gramática del sentido comùn en el discurso político.

Aprovechó el grueso histrionismo de un abogado de la oposición, que frente a las cámaras rompió y echó a volar por sobre los cascos de unos guardias nacionales, un documento que quería entregar directamente a la fiscal general de la república.

«Es un ejemplo más de ausencia de libertad, y de discriminación y desigualdad en este país», dijo con cierta cólera de utilería porque no lo recibió la fiscal en persona sino unos “funcionarios de segunda… o de tercera”.

Mario Silva, que es maestro escarbando los defectos de los otros, dijo una cosa que pone en evidencia la falta de sentido comùn en el el desempeño comunicacional de los cuadros opositores.

Y es que uno no puede referirse a una fulana “ausencia de libertad” cuando se está protagonizando tremendo happening delante de unos militares uniformados, en este caso, el pelotón de custodios del ministerio público.

Hubo allí una metida de pata didascálica en medio de otro error connotativo, si estás encabezando una protesta contra el jefe de estado entonces el contexto de discurso no puede ser contra la “ausencia de libertad”, porque si no hay libertad ¿cómo es que entonces pudieron marchar contra el gobierno “500 ó mil” personas por Caracas?

La oposición telepolítica ha seguido una línea de efectismo emocional y esto se entiende, porque la cuna natural de esa fracción de lucha antichavista se incubó en las televisoras de combate contra el gobierno. Y desde allí el ùnico código a mano para entablar el diálogo con el país, fue el del dramatismo que apunta más a la geografía de las pasiones, y no a la construcción de una racionalidad política de consenso.

Los delfines de la telepolítica surgen de una contigencia que estalla en 1998 cuando Chávez ganó el poder -los viejos no estaban ya y los nuevos no habían llegado todavía- de esta forma el chavismo comenzó a instalarse sin oposición alguna en el país.

La respuesta emergió desde las televisoras de combate antichavista bajo la figura de una emergencia continuada en el centro de un laberinto, desde el que muchos siguen capitalizando la rabia de aquellos que sufren la opresión y el desencanto.

Los errores de discurso en la oposición se producen porque su centro instrumental siempre declina invariablemente hacia el efecto televisivo, ùnica meta de la práctica pùblica de esa distorsionante telepolítica de grito, llanto y aspavientos.

Quizá es esa emergencia continuada la que no permite que los aspirantes a líderes reposen y articulen un proyecto sustantivo que emita señales esperanzadoras al país, esto es lo ùnico que puede dar contenido y peso específico al ciclo de argumentos que verbaliza pùblicamente cada activista de oposición.

De resto seguiremos viendo en política personajes de melodrama rompiendo papeles y poniéndosela de bombita a Mario Silva, un personaje odiado por una parte importante de la población, pero que en el fondo le hace un favor a la oposición identificando metidas de pata como aquélla, en esos didácticos programas de «La Hojilla».

actualidad » en esta sección

buscador