El ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, Celso Amorim, afirmó hoy que la cooperación Sur-Sur puede y debe contribuir a aliviar los efectos de la crisis económica, cuyo mayor peso soportan los países más pobres.

Amorim intervino hoy como orador principal ante el grupo de trabajo sobre la dimensión social de la globalización, en el marco del Consejo de Administración de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), para analizar la crisis financiera desde el punto de vista de los países en desarrollo.

“La tarea de promover la dimensión social de la globalización nunca ha sido tan crucial como en estos días. cuando vivimos un crecimiento sin precedentes de los índices de desempleo y subempleo“, señaló.

Por ello, y tras indicar que la crisis reveló las graves deficiencias del actual modelo económico, recordó las palabras del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, de que “más que ante una crisis de los grandes bancos, estamos en una crisis de los grandes dogmas”, e hizo hincapié en la necesidad de poner el acento en el empleo y la protección social.

Es una falacia suponer que primero es preciso crecer para después crear justicia social, que primero es necesario tener índices económicos positivos para después crear empleos”, añadió, y puso como ejemplo el programa desarrollado en Brasil de la Bolsa de Familia para reducir en parte la lacra de la desigualdad social.

Amorim subrayó que, según los datos de la OIT, se han perdido unos 40 millones de puestos de trabajo en esta crisis, y que los efectos de este desempleo se sentirán durante mucho tiempo.

Afirmó que la reunión de ministros de Trabajo del G-20 en EEUU en el primer semestre de 2010 “será un momento clave en nuestros esfuerzos para construir un sistema económico-financiero que recompense a la economía real y no a la virtual, que remunere a los trabajadores y no a los especuladores y que retribuya a las empresas productivas y no a las que se dedican a la especulación financiera”.

“El éxito de la recuperación del nuevo modelo de crecimiento que se desea promover será medido no sólo por la cantidad, sino también por la calidad de los empleos que se creen”, agregó.

Amorim destacó que el desarrollo social y económico también pasa por un mejor acceso a los mercados para los productos agrícolas de los países en desarrollo.

Denunció una vez más que, mientras se trata de concluir la Ronda de Doha en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) “gastan más en subsidios para premiar la ineficacia de sus productores que en ayuda al desarrollo”.

“Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), se necesitan 44.000 millones de dólares para revitalizar la agricultura en el mundo en desarrollo, una cifra modesta en comparación con las decenas de miles de millones de dólares que gastan cada año los países ricos en subsidios para sus agricultores”, añadió.

Por ello, enfatizó los beneficios de la cooperación Sur-Sur, porque “no se trata de dinero, sino de compartir experiencias”, y abogó porque esta cooperación “sea una preocupación de los organismos internacionales”

Via”EFE”

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