En lugar de dibujar o escribir, los diminutos dedos de cientos de miles de niños lían a diario los cigarrillos más populares en la India, una actividad opaca que perjudica su salud y les niega el derecho a la educación.

Hasta ahora las ONG, basándose en el último censo oficial (2001), estimaban que unos 250.000 niños trabajaban en la industria del biri (cigarrillo indio), pero ahora sospechan que las empresas sacan mucha más tajada de la invisibilidad de esta actividad económica.

“No encontrará ningún dato oficial sobre los niños. Ni siquiera los padres confiesan que sus hijos lían biris”, explicó a Efe Karabi Majumdar, que ha llevado a cabo un estudio de la Asociación de Voluntarios de la Salud de la India (VHAI, siglas en inglés) sobre el tema.

Según datos del Gobierno ofrecidos a esta ONG, 5,8 millones de personas trabajan en la India liando los populares biris, finos cigarros aromáticos envueltos por una hoja de ébano que se venden en paquetes de más de veinte unidades por entre tres y seis rupias (cuatro y ocho céntimos de euro a cambio de hoy).

Pero los niños son “la columna vertebral” de esta industria, por lo que Majumdar calcula que al menos 1,7 millones de niños son explotados, apoyándose en cálculos de la Organización Mundial del Trabajo según los cuales un 30 por ciento de la mano de obra de este sector en la India es infantil.

Un menor puede llegar a liar hasta mil biris en un día, que se paga a entre 23 y 40 rupias según el estado (33 y 58 céntimos de euro), de acuerdo con el estudio de la VHAI.

La ONG reveló a la prensa sus conclusiones sobre el trabajo infantil y la industria del tabaco poco antes del Día Universal de la Infancia, que se conmemora mañana.

“El 98 por ciento de los biris se lían en las casas, casi no se ven fábricas... Lo hacen en condiciones inhumanas, en la habitación donde la madre tiene que cocinar o dar de comer a sus hijos”, describió Majumdar, que ha entrevistado a familias de varios estados de la India, como los depauperados Bihar y Jharkhand (norte) y Andhra (sur).

Muchos hogares se convierten así en pequeñas fábricas camufladas de donde las empresas -que en caso de producir menos de dos millones de cigarrillos anuales están exentas de impuestos- extraen sus beneficios.

Los finos dedos de los menores, cuya piel se va resintiendo con los años, son ideales para esta labor manual, que contribuye al desarrollo de enfermedades como la tuberculosis y el asma y ocasiona problemas musculares y de vista.

Los biris se almacenan en los hogares en condiciones precarias y muchos de los miembros de la familia acaban experimentando náuseas o dolor de cabeza al quedar expuestos a sus productos químicos.

Existe una gran demanda, ya que el 53 por ciento del tabaco que se consume en la India son biris, un 19 por ciento cigarrillos de estilo occidental y el resto, mascado, según un informe del Ministerio indio de Salud.

El estudio gubernamental recuerda que los consumidores de biris tienen un bajo nivel socioeconómico y destaca su aceptación social: tribus de la India fuman desde hace siglos tabaco con hojas de árboles, probable embrión del biri, de sabor silvestre y con un olor penetrante.

Pero esta industria invisible es sólo una de las aristas de la dramática situación de la infancia en la India, donde algunas ONG calculan que hasta 60 millones de niños se ven atrapados en el tráfico de menores.

Las laxas leyes indias han permitido durante décadas que el trabajo infantil, a medida que la población de la India crecía de forma exponencial hasta los 1.100 millones de habitantes, continúe siendo una epidemia que no causa demasiada alarma social.

Este año, más de 60 después de la independencia del gigante asiático, el Parlamento aprobó una ley que hace obligatoria y gratuita la educación para la población de entre 6 y 14 años, aunque las autoridades admitieron que la norma es de difícil aplicación.

Mientras los libros y las aulas esperan, los niños siguen trabajando en bordados de sari a las afueras de las grandes urbes, sirviendo comida en pequeños restaurantes, remendando zapatos, cargando productos en los mercados o dejándose la piel en el liado del tabaco.

Vía “EFE”

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