
El miércoles 30 de enero, prácticamente un mes después de la desaparición del Let 410 de Transaven, Manuel Alcalá, padre de Patricia y suegro de Alexander Niermann, tuvo un cara a cara con los dueños de la empresa: con Miroslava Rodríguez, la presidenta. Lo relata Andrea Daza hoy en “El Mundo”.
Era la primera vez, al menos para él, que se reunía con todas las autoridades involucradas en el caso, más representantes de la embajada de Italia y por supuesto, de Suiza, nacionalidad de su yerno.
Allí, Alcalá repitió lo que le aseguran sus amigos aviadores militares y civiles, lo que ha publicado la prensa, lo que hasta propios técnicos del Instituto de Aeronáutica Civil (Inac) confirman en privado: que ese modelo de avión no es apto para vuelos comerciales y, que ese avión en particular, no tenía puertas de emergencia: “Cuando hice esa aseveración, desmintiendo al ingeniero del Inac (uno que antes había defendido el punto) ellos (Transaven) no abrieron la boca. Ahí no se paró ningún representante de la empresa a decir nada, ni a contradecirme”.
INVESTIGACIÓN IMPARCIAL
En esa reunión, Alcalá pedía resultados. Hay una junta investigadora, adscrita al Ministerio de Infraestructura (del cual también depende el Inac) asignada al caso.
“Pero no es suficiente”. Y así se lo hizo saber a la directora de la junta, Mireya Sánchez: “Esa investigación no puede llevarse adelante sola. Tienen que incorporarse los técnicos suizos, como me lo comunicó el embajador, y los de Italia también“.
Sánchez lo afirmó, que sí, que ya estaba en proceso. Pero Alcalá necesita precisiones: “Quiero saber, quiero que se diga, que se le informe al país, quiénes son los integrantes de esa junta internacional de investigación, de Venezuela, Suiza e Italia. Con nombres, apellidos y las calificaciones debidas. En este caso no podemos ser nada más los criollitos. Sólo esa junta internacional podrá garantizar la imparcialidad y la veracidad“.
LLEGAR HASTA EL FINAL
Desde el 4 de enero de 2008, Alcalá tiene nueva prédica: la seguridad aérea. “Uno no recupera a sus hijos. La mejor indemnización será poder viajar tranquilos, con todas las garantías de un vuelo seguro“. Pero de momento tan sólo lo mueve la necesidad de llegar al fondo, literalmente, para conocer las causas que lo separan de parte de su familia.
Y mientras el avión no aparezca, el acertijo de posibilidades crece en su cabeza. Le dijeron que utilizarían una guaya de 200 metros de profundidad, “que ya concluyeron, según me informó el fiscal José Gregorio Morales”, único destacado en materia aeronáutica.
“Se supone que el lunes (el pasado 11 de febrero) comenzaban a buscar a mil metros. Pero vaya a usted a saber si de verdad lo harán en esa fecha, porque en el Comando de Guardacostas nos anunciaron que rastrearían a profundidades grandes, hace tres semanas“. Y ya pasó un mes “de esta tragedia”.
Alcalá, miembro de la junta directiva de la Asociación Cultural Humboldt y con claros lazos con Suiza, pide una sola cosa: puntualidad. “La reunión del SAR (Salvamento y Rescate) en Maiquetía, inclusive con presencia de dos representantes diplomáticos, comenzó 45 minutos tarde. Y ni siquiera estaba dotada con sillas suficientes. Tuvimos que esperar que llegara una camioneta cargada de sillas para comenzar la reunión“.
SIN VOCACIÓN DE SERVICIO
Aquel viernes el 4 de enero, como a las 10:30 de la mañana recibió la llamada. Los amigos que esperaban a Patricia y Alexander soltaron la angustia: “Ellos ya deberían haber llegado y aquí se rumora que el avión se cayó“.
En cuestión de una hora, Alcalá y su esposa estaban en el terminal nacional de Maiquetía. Alba Pellicer y Marjorie Zapata, representantes de Transaven, les dijeron con nerviosismo lo de siempre, “que no disponían de información, que los estaban buscando”.
Confirmaron los nombres en la lista de pasajeros y aguantaron allí hasta las 4 de la tarde. “Entonces decidimos trasladarnos al Comando de Guardacostas donde fuimos recibidos muy bien”.
Y la acotación no es gratuita: “Daba pena ver, en la situación en la que nos encontrábamos, en esa desesperación, a la esposa del copiloto en el suelo, recostada en una esquina llorando, sin que nadie le ofreciera siquiera un café, un te“, un lugar para sentarse. “Esas son parte de las cosas que reclamo. Porque fue inhumano. Como si se tratara de una manada de ganado“. Y no regresaron.
El 30 de enero se lo recordó a las autoridades presentes: “Lo dije públicamente porque no tengo nada que esconder. Es mi deber ciudadano y lamento mucho si estas declaraciones están causando urticaria. Eso forma parte de la gerencia y si no están capacitados para gerenciar una institución tan importante como ésa (el aeropuerto internacional), que no acepten los cargos“.
En Guardacostas fue “otra voz”: “Nos atendió el contralmirante Martínez Araujo y el capitán de fragata Centeno. Nos dijeron que no teníamos nada que agradecerles, que ése era su deber. Así es como una institución se gana el respeto ciudadano“.
De resto, Alcalá jamás recibió una llamada oficial. Y se llena de impotencia: “Esto no puede seguir. Si las empresas no están en capacidad de cumplir, que no se dediquen a la aviación. Vuelan cualquier tipo de aeronaves que no sabemos si están debidamente registradas. Al frente del Inac está un especialista en meteorología, que no lo desmerito, pero creo que para esa institución es necesario un especialista en aviación y desastres”.
