Bajo el título ‘El “fin del analfabetismo”, otra bandera de Chávez’ el diario argentino Clarín continúa con su serie de artículos, publicados en los últimos días, donde comenta las diversas misiones emprendidas durante la gestión de Hugo Chávez y la situación política de cara al 3-d. Hoy, el tema educativo.

Educar al soberano. La consigna sarmientina resuena en la ambiciosa política educativa del gobierno de Hugo Chávez. Algunos logros están a la vista: en octubre de 2005, la Unesco nombró a Venezuela “territorio libre de analfabetismo”.

A tres años de iniciados los programas de educación, hay (oficialmente) un 1% de analfabetos.
Fue posible gracias a un plan intensivo denominado “misión Robinson”, en honor al alias que usó, en el exilio, el gran pedagogo y filósofo venezolano, Simón Rodríguez, mentor de Bolívar. Más de un millón de venezolanos adultos (en su gran mayoría mujeres) fueron alfabetizados con el audiovisual cubano “Yo sí puedo”, también usado en algunas villas miserias argentinas.

Con este método, en la primera etapa se aprende al menos a leer y, en la segunda (que se calcula en dos años), se termina la escuela primaria. De allí se pasa a la “Misión Ribas” —otros dos años— que otorga un título secundario.

¿Se pueden incorporar tantos conocimientos en tan poco tiempo?, preguntó Clarín.

“Sí”, fue la respuesta de Sonia Mambel, coordinadora de la Unidad Educativa de Palo Verde, un barrio de clase baja de Caracas.

Es la hora de clase y Sonia saca los videos de un galponcito donde hay cientos apilados. Son rojos y en el lomo puede leerse: Matemática, Historia de Venezuela, Ciencias, Inglés. “Los videos duran 45 minutos y las clases son todos los días de 18 a 21. En cada aula no hay más de 30 alumnos y para ingresar sólo hay edad mínima: 17″, explica.

Un punto importante de las misiones “Ribas”, “Sucre” (de educación superior) y de la Universidad Bolivariana es que son totalmente gratis y no hay exámenes de ingreso.

“Vengo acá porque es más fácil, más rápido, y no hay burocracia de papeles”, asegura July, mientras se acomoda su top negro semitransparente. Trabaja en un estudio de abogados y tiene horarios limitados para estudiar: Beatriz (58) era ensambladora de circuitos electrónicos y hace 8 años la echaron por “reducción de personal”. Tiene 8 hijos grandes pero no tiene marido. “Cuando el último hijo se fue me dije que era hora de hacer algo para mí. Me fui al Centro Educativo y aprendí a coser lencería. Todo gratis, hasta el material. Ahora coso para gente de mi barrio y vengo acá a la tardecita porque quiero terminar la secundaria”.

El plan tiene también sus detractores. Una de las críticas es que los insumos vienen de Cuba. Se suma la sospecha de que hay una “sujeción ideológica a Fidel”. “Las misiones tienen un contenido propagandístico muy elevado”, aseguró Luis Pedro España, director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (privada).

Las encuestas —según Datanálisis— indican que el 72,2% de la población apoya las misiones de educación, 68,7% las de salud y 66,8% las de alimentación o Mercal, locales libres de impuestos que vende alimentos de calidad pero a mitad de precio.

La oposición conoce esas cifras. “Que se queden tranquilos. Yo voy a hacer una sola cosa con las misiones: abrir las puertas para que entre cualquiera”, dijo el candidato opositor Manuel Rosales en su discurso del sábado.

En las misiones educativas los maestros trabajan voluntariamente. “Ganan una cifra honoraria de 200.000 bolívares (90 dólares). La mayoría lo hace por solidaridad”, explicó Sonia. Y así lo certificó Alberto (46), maestro en Palo Verde: “De joven era militante de la izquierdista Liga Socialista. Ahora estoy moderado. No estoy de acuerdo con Chávez en todo. Creo que en Venezuela no hay justicia, que la burocracia sigue, que hay gente en el entorno presidencial de dudosa honestidad pero aún así lo que está pasando en mi país se parece mucho a lo que uno siempre quiso”.

La petrolera estatal PDVSA es la gran fuente de financiamiento de las misiones. En los tres años de funcionamiento se invirtieron allí 12.930 millones de dólares de los cuales 8.000 millones son sólo de 2006, según la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

Telma Luzzani – Clarín

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