En su informe semanal, Edgar C. Otálvora habla sobre la reunión del Consejo de Defensa de Unasur, que finalmente no detuvo la tensión entre Venezuela y Colombia, más aun cuando Bogotá afirmó estar reorganizando sus grandes unidades de combate.

Este es el Informe Otálvora:

La reunión del Consejo de Defensa Suramericano no conllevó a una reducción de las tensiones entre Venezuela y Colombia.

La crisis en las relaciones entre los dos países ya abiertamente adquirió dimensiones militares. En declaraciones sin precedentes, el ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, se refirió a un hipotético conflicto bélico con Venezuela.

Silva afirmó que por primera vez en un siglo, al ministro de Defensa de Colombia “le toca pensar en cómo enfrentar y prepararse para una situación de amenaza externa”, en clara referencia a Venezuela.

El ministro colombiano ratificó que la principal misión de los militares de ese país es el combate interno contra guerrilla y narcotráfico, pero aseguró que en caso de que un país le declarara la guerra, Colombia “la enfrentará y ganará”. Silva aseguró que las tensiones con Venezuela se deben a “veleidades internacionales” y a “una retórica inaceptable”.

Se trata de la primera vez, desde que se tenga memoria, que Colombia realiza declaraciones expresas sobre su evaluación de un eventual enfrentamiento bélico con Venezuela y su desenlace.

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Colombia procedió a reorganizar sus grandes unidades de combate. El viernes pasado en Yopal (Casanare) fue activada la Octava División del Ejército, que tendrá jurisdicción en los departamentos fronterizos con Venezuela en la Orinoquia y Amazonía, territorios que hasta ahora dependían de la IV División. El pie de fuerza de esta División estaría entre 12 y 16 mil soldados.

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Las declaraciones de Silva se produjeron el viernes 27 de noviembre desde Bogotá. Ese mismo día en Quito se realizaba una reunión del Consejo de Defensa Suramericano, convocado por Ecuador y que debía contar con la presencia de los cancilleres y ministros de defensa de los doce países miembros de Unasur.

Sólo Brasil y el anfitrión enviaron a sus dos ministros. Colombia, al igual que otros siete países, optó por enviar una “delegación técnica”, con funcionarios de tercer nivel.

Bogotá alegó que sus ministros no viajarían ante “la actitud y reciente escalada de agravios que ha recibido el gobierno colombiano y el pueblo de Colombia”. Bogotá buscaba evitar que se reprodujera la situación de las dos reuniones previas de Unasur (agosto del 2008 en Quito y septiembre en Bariloche), donde Venezuela, Bolivia y Ecuador utilizaron el escenario para fuertes ataques al gobierno de Uribe.

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La reunión de Quito fue convocada con tres propósitos: adelantar un acuerdo de normas para crear confianza entre los países de la región en materia militar, analizar las tensiones entre Venezuela y Colombia a propósito del acuerdo EEUU-Colombia sobre bases militares y, estudiar las tensiones entre Chile y Perú por acusaciones de espionaje.

El gobierno chileno desautorizó a Correa: de mutuo acuerdo con Perú rechazaron que Unasur tratara las diferencias entre Lima y Santiago.

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En el tema del acuerdo EEUU-Colombia, la posición beligerante de Venezuela quedó debilitada regionalmente luego de la reunión de Unasur.

El gobierno Chávez mantiene su posición de rechazo al uso de bases colombianas por EEUU alegando que es una amenaza contra la “revolución bolivariana”.

Venezuela había logrado un general consenso de apoyo entre los gobiernos de la región. Sin embargo, en las principales cancillerías suramericanas existiría el convencimiento de que el acuerdo EEUU-Colombia no será anulado. Por ello, en el marco de Unasur esos países, con Brasil a la cabeza, canalizaron sus reclamos exigiendo dos cosas: conocer el contenido del acuerdo y “garantías formales” de que el pacto de Bogotá con Washington no estaría orientado contra los países de la región.

Colombia hizo público el contenido del acuerdo el mismo día que fue firmado. En cuanto a las “garantías formales”, la Cancillería colombiana y el Departamento de Estado de EEUU enviaron a los gobiernos de Unasur comunicaciones con las “garantías formales” solicitadas.

La nota colombiana, enviada el viernes, asegura que el contenido del acuerdo y la propia nota “constituyen garantías adicionales”. La carta de Colombia a Unasur fue firmada por el canciller Jaime Bermúdez y en ella Bogotá recuerda que “las manifestaciones verbales o escritas de los Ministros de Relaciones Exteriores generan efectos jurídicos vinculantes”.

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La resolución asumida por el Consejo de Defensa no hace referencia al acuerdo EEUU-Colombia, pese a la insistencia del gobierno venezolano. El compromiso fue de carácter general: “Los Estados miembros de UNASUR garantizarán formalmente que los acuerdos de cooperación en materia de defensa de los cuales sean Partes y que impliquen algún grado de presencia en sus territorios de personal militar o civil y/o de armamento y de equipos provenientes de Estados de la región o extrarregionales no serán utilizados de forma que atenten contra la soberanía, la seguridad, la estabilidad y la integridad territorial de los Estados Suramericanos”.

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La jugada diplomática de Bogotá y Washington ante Unasur, virtualmente habría desarmado la ofensiva venezolana en ese escenario. El canciller brasileño, Celso Amorim, salió del Consejo de Defensa afirmando que “hubo avances sobre todo en una cuestión que nos preocupaba mucho, que eran las garantías formales”.

Brasil preferiría que EEUU no tuviera presencia en Colombia pero, ante los hechos cumplidos, los brasileños se han mostrado satisfechos con las cartas enviadas por Bermúdez y la Secretaria de Estado Hillary Clinton. En tanto, el canciller venezolano se mostró poco complacido con la situación: “Por escrito pretenden entregar garantías, pero no pecamos de inocentes”, afirmó Nicolás Maduro, confirmando que la tensión con Bogotá continúa.

La reacción de Amorim en Quito se produce pocos días después de un intercambio epistolar entre los presidentes Barack Obama y Lula da Silva, que ratificó a Brasil como el interlocutor escogido por la Casa Blanca en la región.

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Lula da Silva se ha mostrado preocupado por la aparición del tema de “guerra” entre Venezuela y Colombia y aspira a actuar como puente. En contraste, el ministro de Defensa brasileño, Nelson Jobin, restó importancia a la crisis. Antes de embarcar rumbo a Quito, Jobin afirmó que “las tensiones en la región son mínimas y se pueden resolver diplomáticamente” y agregó que tras el conflicto entre Caracas y Bogotá lo que está presente “es el proceso electoral que se avecina en los dos países”.

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Brasil dejó saber su decisión de incrementar su capacidad defensiva anti aérea. En agosto pasado una delegación militar brasileña visitó Rusia para conocer ofertas de sistemas anti aéreos. Esta semana se hizo oficial la información de que Brasil está evaluando la compra de sistemas de defensa antiaérea Tor-M2E de fabricación rusa.

Por otra parte, el gobierno brasileño anunció la producción de tres mil carros blindados de combate para el ejército de ese país. Los vehículos serán construidos en Minas Gerais, Brasil.

El Informe Otálvora
Edgar C. Otálvora

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