Dos meses después del deslave Defensa Civil hizo un operativo en el estado para cotejar las listas de desaparecidos y muertos. Se dieron cuenta de que más de 3.500 nombres aparecían cruzados en distintas listas

La cantidad verdadera de personas fallecidas en el deslave de 1999 siempre ha sido una gran incógnita y las cifras se han manejado sin argumentos rigurosos.

Todavía hoy, 10 años después, las autoridades gubernamentales hablan de 10.000, 25.000 o 50.000 muertos.

Nadie duda que lo que sucedió ese diciembre fue una de las grandes tragedias ocurridas en Venezuela. Lo que siempre ha creado confusión es el manejo de cifras tan dispares, pues la consecuencia en el colectivo es la repetición de un dato que no necesariamente se ajusta a la realidad.

Por eso vale la pena, al cumplirse una década del suceso, repetirse la pregunta: ¿cuántos muertos causó el deslave? Aunque aún resulta complejo dar respuestas exactas hay aproximaciones basadas en investigaciones concretas y no en cálculos al ojo por ciento.

Un estudio minucioso realizado por el antropólogo e historiador Rogelio Altez demuestra que el número de fallecidos en ese alud torrencial no supera las 700 personas.

Otra investigación de campo efectuada por Defensa Civil sostiene que murieron menos de 7.400 personas.

Al revistar los resultados de ambos estudios se concluye entonces que el número de víctimas fue muchísimo menor del que se manejó al principio.

Contar los muertos. El académico de la Universidad Central de Venezuela, Rogelio Altez, se ha especializado en el impacto de desastres naturales y desde 2004 ha estudiado a fondo el deslave de Vargas.

Su trabajo Muertes bajo sospecha, publicado en 2007 en los Cuadernos de Medicina Forense es el resultado de la sistematización de datos obtenidos en las morgues, los cementerios y en las comunidades afectadas.

Tras cotejar las listas de fallecidos y desaparecidos manejadas por todos los involucrados concluyó lo siguiente: fueron hallados 521 cadáveres (sólo se identificaron 231) y se registraron 331 personas desaparecidas.

Al investigador le llama la atención que la cifra de cuerpos no identificados sea cercana a la de los desaparecidos (290.331), lo cual lo lleva a otra conclusión: muchos de los restos sin identificar deben pertenecer a aquellas víctimas desaparecidas.

Basado en esta probabilidad no estadística (técnica de investigación usada en las ciencias sociales), el antropólogo afirma que el total de muertes en el desastre de 1999 fue menor a 700.

¿Por qué es tan abismal la diferencia entre este dato y las cifras oficiales? Altez explica que la primera reacción ante la tragedia fue asociar la inmensa destrucción material con la pérdida de vidas.

Surgieron listas de muertos y desaparecidos de manera paralela en diversos entes públicos y organizaciones civiles, listas en Internet, y aunque hubo intentos de centralizar la información al final los datos circulaban por distintas vías al mismo tiempo.

Los cálculos eran empíricos y la falta de capacitación técnica para llevar los registros aumentó la confusión. “La gente no supo cómo vincularse con las instituciones que trabajaban el tema de los cadáveres. Ninguna sociedad está preparada para tragedias como la de Vargas“, apuntó el experto.

Este caso puede ilustrar lo sucedido: los afectados acudían a Defensa Civil para solicitar la búsqueda de un desaparecido. Luego hacían la misma solicitud en los bomberos, hospitales y las morgues.

Llamaban al 0800 destinado para la emergencia, y la persona buscada aparecía en cada una de esas instituciones. En algún momento se unificaron las listas.

“Cuando preguntábamos: ¿Cuántas personas fallecieron en su familia o en su zona de residencia?, la mayoría respondía que ninguna. Cuando preguntábamos: ¿Cuántas personas fallecieron en el desastre?, la gente decía que entre 15.000 y 25.000.

Eso confirma el peso de los discursos oficiales del poder y de los medios de comunicación”, refirió Altez.

Así se construyó la idea del elevado número de víctimas de la tragedia de 1999.

Otro experto en estudios de desastres y que fue director nacional de Defensa Civil en esa época, Ángel Rangel, reconoce que en las primeras horas él mismo declaró que fallecieron entre 15.000 a 20.000. “Fue por la magnitud de los daños.

No hubo plan de acción y no se cuidaron los protocolos de identificación de víctimas. Tratamos de coordinar sobre la marcha”, confesó.

Dos meses después del deslave Defensa Civil hizo un operativo en el estado para cotejar las listas de desaparecidos y muertos. Se dieron cuenta de que más de 3.500 nombres aparecían cruzados en distintas listas. La cifra aproximada obtenida después del rastreo, indicó Rangel, fue de 7.400 fallecidos.

La gran lección aprendida por los especialistas fue la necesidad de establecer niveles de coordinación para dar respuesta durante y después de tragedias de tales magnitudes.

“Si la sociedad necesita pensar que hubo miles de muertos para que permanezca una memoria colectiva sobre el hecho, pues que así sea. Si eso sirve para incentivar la ayuda material y las decisiones políticas que mitiguen el impacto de otros desastres, pues que así sea. Lo importante es no olvidar“, reflexiona Altez.

Liza López
Vía “El Nacional”.

actualidad » en esta sección

buscador