Hace apenas dos semanas Hugo Chávez no hubiera ni imaginado lo que estaría sucediendo este 16 de marzo en la frontera entre Venezuela y Colombia. Pedro Lastra valora el concierto de ayer.

Foto: César Obando - La Opinión (Cúcuta)

Esta es su columna:

Hace apenas dos semanas Hugo Chávez no hubiera ni imaginado lo que estaría sucediendo este 16 de marzo en la frontera entre Venezuela y Colombia: ni soldados venezolanos mal apertrechados ni tanques destartalados mostrando sus cañones a una desértica frontera colombiana. Tampoco atabales y cornetas tronando himnos bélicos.

En lugar de un montón de pobres soldados movilizados a la rastra que no tenían la más mínima idea de las funciones que deberían cumplir por encargo de un atarantado comandante en jefe ante la indiferencia ciudadana, hoy se reunieron cientos de miles de pacíficos venezolanos y colombianos de ambos lados de la imaginaria línea de puntos y rayas que separa un pueblo hermano. Y ni Erika, la marcha triunfal de las tropas prusianas, ni la Internacional comunista de Lenin y Stalin tronando por altavoces acarreados por Juan Barreto y Rodríguez Chacín, sino guitarras eléctricas, teclados y timbales.

La pacífica y multitudinaria ciudadanía fronteriza y las melodiosas composiciones de Juan Luis Guerra, Ricardo Montaner, Alejandro Sanz y una media docena de amigos de la paz de España, Santo Domingo, Argentina, Colombia y otros confines latinoamericanos le han dado una paliza descomunal a la guerra. Ni una gota de sangre derramada: canciones, lágrimas y sonrisas. Esas fueron las únicas armas que tronaron sobre el puente que une Venezuela a Colombia, convertido en paso de flores y baladas, abrazos y lirismo.

No recordaba un concierto tan descomunal y masivo desde los tiempos en que Soledad Bravo le cantara a Juan XXIII, el Papa Peregrino, símbolo vivo de la paz en el mundo, un domingo de hace más de una década en la Plaza de la Academia Militar de Los Próceres. Cuando cerca de medio millón de jóvenes venezolanos venidos de todos nuestros confines acamparan toda una noche esperando por Su Santidad. Se iba al atardecer en su Papamóvil mientras se escuchaban las bellas estrofas de La canción del elegido.

Renace la paz. Renace la esperanza. Renace la juventud decidida a cambiar los destinos de América Latina con sus manos blancas y sus canciones. ¡Cuánta amargura no latirá en el pecho de quien no contó hoy con la audiencia que quisiera tener enfrente para convertirla en carne de cañón de guerras fratricidas.

Entre tu pueblo y mi pueblo hay un punto y una raya. La raya dice no hay paso. El punto vía cerrada”, cantaba una canción de Juan Carlos Núñez y Aníbal Nazoa. Un poco más allá otra canción, ésta de un colombiano llamado Kemel George reclamaba: “hermano voy a la guerra, me llevan muy obligado…”. Los tiempos cambian. Para bien. Las fronteras son fluidas y nadie nos puede obligar a empuñar un arma para matar a un hermano. Así no falten los caudillos trasnochados que quisieran empujarnos al abismo.

Hoy, la guerra fue derrotada. Una victoria esplendorosa de la paz y la fraternidad.

Y LA PAZ REINÓ EN LA FRONTERA
Pedro Lastra
Especial para Noticias24.com

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