De nuevo las autoridades del Zulia mandaron a otro recluso a la muerte, como sucedió en el famoso caso “Pocaterra”. Conocedores de la “ley que aplican” los presos a los violadores, no tomaron ninguna medida de protección y aislamiento y así un recluso ingresado en prisión por la presunta violación de sus dos hijastras, fue salvajemente violado, torturado y asesinado por los reclusos menos de 24 horas después de su ingreso.

La decisión de colocar al detenido, sin protección alguna, entre el resto de presos equivale a una ejecución extrajudicial, sin juicio, sin derecho a la defensa y lo que es peor, aplicando salvajes métodos de tortura.

Este es el tercer caso de ejecución, dentro de las cárcel de Maracaibo, en condiciones similares: Pocaterra, Mácias (caso que llevó a prisión a “Mazuco”) y éste.

Publicado en Panorama (Venezuela)
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El diario La Verdad lo relata así:

Sentado en una silla, con un trapo en la boca, semidesnudo, con el cuerpo bañado en sangre y lleno de moretones, apareció el cadáver de Javier Enrique González Vázquez, de 37 años, en el patio central del retén El Marite, a menos de 48 horas de ser detenido por abusar de sus hijastras de ocho, 11 y 13 años.

El hallazgo lo hicieron los custodios del centro asistencial a las 6.00 de la mañana de ayer. Se presume que el asesinato fue planificado por los compañeros de pabellón antes de su traslado. Aparentemente lo obligaron a salir de su celda, lo violaron en reiteradas ocasiones con objetos punzopenetrantes, lo golpearon con cuerdas, cables y correas hasta matarlo.

Para que nadie se percatara de lo sucedido le introdujeron algunos trapos en la boca hasta cortarle la respiración, lo sentaron en una silla para darle latigazos y posteriormente ultrajarlo. El crimen no puede adjudicársele a ningún interno. En la reyerta participaron todos.

La investigación para la Policía se complica por el código de silencio que existe entre los internos. Ver, oír y callar es la norma que implementaron los líderes y a la que ninguno puede faltar.

Sin escrúpulos

La detención del occiso ocurrió en horas del mediodía del pasado lunes. Los vecinos llamaron a la Policía luego de verlo desnudo manoseando a su hijastra de 12 años, mientras que las dos pequeñas debían vigilar la puerta y avisarle cuando su madre, Digna Salcedo, estuviese cerca del rancho azul en el barrio San Benito.

La niña de 11 años vino angustiada a avisarme. Corrimos a verlo, le dije a los vecinos, pero ninguno se atrevió a sacarlo de la casa para evitar problemas con la mujer. Me dijeron que buscara a la Policía y ellos cuidarían que no se escapara”, recordó una vecina que prefirió no identificarse.

Al llegar, los funcionarios encontraron la vivienda rodeada de hombres y mujeres furiosos, la madre de las víctimas pedía a la Policía que se retiraran que no había ocurrido nada. Antes de marcharse, salió la niña y denunció a su padrastro. Seguidamente hablaron sus dos hermanas.

”No habíamos dicho nada porque nos amenazaba con incendiar el rancho con todas adentro”, se justificaron las víctimas frente a su madre.

¿Cómplice?

A pesar de que sus hijas fueron maltratadas por su concubino, Digna Salcedo sostenía ante la Policía que no podían llevárselo preso porque esa mañana la llevaría al centro de compras. ”Creemos que sabía qué pasaba, pero no denunciaba porque él las mantenía a las cuatro”.

Otra actitud que cuestionaron los vecinos fue que Salcedo apenas se enteró del asesinato rompió en llanto y en medio de la desesperación se llevó a sus tres hijas a la medicatura forense a reclamar el cadáver.

Algunos describieron a González como un hombre muy amable, educado, bien vestido y muy joven para la señora. Tenía dos años viviendo con Salcedo en ese rancho. Los vecinos comenzaron a sospechar de él hace dos semanas cuando encontraron a las niñas más pequeñas llorando en el patio. Las convencieron de hablar y de buscar apoyo cuando volviera a tocarlas.

El occiso trabajaba como vendedor en Mercamara. Anteriormente cuidaba una granja en el mismo sector pero lo despidieron por atrevido.

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