Una fotografía aerea tomada el miércoles 13 de enero de 2010 proporcionada por la Cruz Roja Americana muestra sobrevivientes reunidos alrededor de cadáveres en la capital de Haití, Puerto Príncipe, durante un vuelo conjunto entre la Cruz Roja-Media Luna Roja y la Organización Humanitaria de la Comunidad Europea después del devastador terremoto. (AP Foto/ECHO, American Red Cross) CREDITO OBLIGATORIO

Centenares de paracaidistas estadounidenses llegaron a Puerto Príncipe, mientras la ONU y otros grupos asistenciales tenían dificultades el viernes para obtener y llevar ayuda a millones de damnificados por el terremo en Haíti.

El temor a riesgos de inestabilidad social se propagaba entre los haitianos en el cuarto de una situación deseperante luego del destructivo terremo del martes.

Entretanto, empleados del gobierno enterraban miles de cadáveres en fosas comunes. La Cruz Roja estima que murieron entre 45.000 y 50.000 personas en el terremoto del martes que tuvo una magnitud de 7.

Los esfuerzos se concentraban cada vez más en la enorme tarea de llevar alimentos y agua a millones de sobrevivientes. Efectivos de paz de la ONU que patrullaban la capital dijeron que la gente está cada vez más furiosa porque la ayuda no ha sido entregada más rápidamente, y las fuerzas brasileñas advirtieron a las caravanas de ayuda que añadan personal de seguridad para prevenir saqueos.

“Desafortunadamente, crece la furia y la impaciencia de la gente”, dijo David Wimhurst, portavoz de la misión de paz de la ONU, comandada por Brasil. “Todos nos damos cuenta que la situación se está volviendo más tensa, pues las personas más necesitadas siguen esperando suministros. Pienso que los ánimos se están caldeando”.

Los socorristas solicitaron más medidas de seguridad en sus operaciones de distribución de alimentos, agua y otros suministros en Puerto Príncipe ante la creciente desesperación e impaciencia de las víctimas.

Un hombre busca el cuerpo de un ser querido entre centenares de victimas del terremoto en una morgue improvisada en Puerto Príncipe, el jueves 14 de enero de 2010. (Foto AP/Ariana Cubillos)

Los haitianos percibían la posibilidad de una explosión de anarquía. “Nos preocupa que gente se ponga nerviosa”, dijo Jean Reinald, de 37 años, mientras despachaba combustibles en una estación, e indicó que podría cerrar su negocio si estalla la violencia.

Durante la noche arribaron cientos de efectivos estadounidenses para respaldar las tareas de ayuda.

“Desafortunadamente, crece la furia y la impaciencia de la gente”, dijo David Wimhurst, portavoz de la misión de paz de la ONU, comandada por Brasil. “Todos nos damos cuenta que la situación se está volviendo más tensa, pues las personas más necesitadas siguen esperando suministros. Pienso que los ánimos se están caldeando”.


En Ginebra, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) dijo el viernes que sus almacenes en la capital haitiana fueron saqueados
, aunque más tarde rectificó y anunció que había recuperado la mayor parte de la ayuda alimentaria tomada.

La vocera del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Emilia Casella, dijo que las autoridades de la capital haitiana han recuperado la mayor parte de las reservas de los alimentos de la organización que fueron tomados por saqueadores de cuatro almacenes en Puerto Príncipe.

En breve, agregó, la organización suministrará las 6.000 toneladas de asistencia alimentaria que fueron halladas en un almacén deteriorado cerca del barrio marginal de Cite Soleil en la capital.

El brazo de una víctima se asoma entre los escombros de la escuela St. Gerard en Puerto Príncipe, Haití, el jueves 14 de enero de 2010. (Foto AP/Gerald Herbert):

Más de 300 efectivos de la 82da división aerotransportada estadounidense llegaron a Puerto Príncipe durante la noche y otros llegaron en el portaaviones Carl Vinson, dijo el teniente general Ken Keen al noticiero de la ABC.

Está previsto que unos 5.500 soldados y e infantes de marina lleguen a Haití para el lunes. Su presencia servirá para dar seguridad, dijo el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs.

Cientos de cadáveres estaban apilados fuera de la morgue de la ciudad mientras había miembros de cuerpos que sobresalían de los restos de las escuelas y casas derrumbadas.

Unos cuantos socorristas pudieron rescatar a algunas personas que quedaron atrapadas varios días entre los escombros, incluyendo a Sarla Chand, una mujer de Nueva Jersey, que fue liberada el jueves por los bomberos franceses de entre los restos del hotel Montana. Otro personal tenía en cambio la penosa tarea de retirar los cadáveres por montones con maquinaria pesada.

El presidente de Haití, Rene Preval, dijo al diario The Miami Herald que en un lapso de 20 horas las cuadrillas gubernamentales habían recuperado 7.000 cuerpos de las calles y morgues para enterrarlos en fosas comunes.

Para la población de Haití, el país más pobre de América, la conmoción comenzaba a convertirse en desesperación.

Una sobreviviente del terremoto luego de recibir atención médica en Puerto Príncipe, Haití, el jueves 14 de enero de 2010. (Foto AP/Ricardo Arduengo)

“Necesitamos comida, la gente sufre mucho. Mis vecinos y mis amigos sufren”, dijo Sylvain Angerlotte, de 22 años. “No tenemos dinero, no tenemos nada que comer. Necesitamos agua potable”.

Desde Europa, Asia y el resto de América, más de 20 países, la ONU y grupos de asistencia privada enviaban aviones llenos de galletas nutritivas, otro tipo de alimentos, toneladas de agua, carpas, ropa de cama y equipo para purificar agua.

También habían llegado equipo pesado para remover escombros, así como helicópteros y vehículos. Cientos de socorristas especializados en búsqueda de personas, médicos y otros expertos iban en camino a la isla caribeña.

La agencia de la ONU dijo que estaba trabajando para recaudar suficientes comidas rápidas para alimentar a dos millones de haitianos durante un mes.

Médicos y perros de búsqueda, tropas y equipos de rescate llegaron el jueves en decenas de vuelos a esta devastada tierra plagada de muertos y moribundos, encontrando congestionamientos por todas partes, incluido el aeropuerto principal, sin torre de control y con poco espacio de descarga y combustible para los aviones.

La Cruz Roja Internacional estimó que entre 45.000 y 50.000 personas murieron por el terremoto del martes en Haití, con base en la información de la Cruz Roja haitiana y funcionarios gubernamentales. Funcionarios de la ONU calcularon el viernes que el 10% de las viviendas en Puerto Príncipe estaban destruidas y unas 300.000 personas habían quedado sin techo.

Entretanto, aumentaba la preocupación por la cantidad de alimentos y agua para los sobrevivientes.

Redjeson Hausteen Claude, de 2 años, es cargado por un socorrista español el jueves 14 de enero del 2010 luego de rescatarlo de una casa derribada en Puerto Prínciipe por el sismo del martes 12 en Haití. (Foto AP/Gerald Herbert)

“La gente casi pelea por agua”, dijo el socorrista Fevil Dubien mientras distribuía el líquido desde una camioneta en un barrio en el norte de Puerto Príncipe.

Frente al Hospital General de la capital, se creó un depósito improvisado de cadáveres en el parque de estacionamiento, con cientos de cuerpos donde sobrevivientes angustiados buscaban a sus seres queridos. Efectivos brasileños de las fuerzas de paz de Naciones Unidas, cruciales para la seguridad de la ciudad, trataban de organizar entierros en fosas comunes.

La ayuda procedente de todo el mundo, y requerida con urgencia extrema, fluía lentamente por la nación caribeña, pero había cuellos de botella, problemas de logística y un vacío de conducción que dejó a los rescatistas librados a sus propios medios para salvar a los sobrevivientes atrapados y heridos, así como para entregar los suministros en la capital.

Los haitianos realizaban esfuerzos frenéticos para salvar a los heridos y buscar sobrevivientes tras el devastador terremoto, convirtiendo camionetas en ambulancias y puertas en camillas, mientras la ayuda de todo el mundo comenzaba a llegar a raudales, aunque enfrentando problemas de logística.

Los camiones que transportaban policías y trabajadores de las Naciones Unidas se quedaban atascados en las calles llenas de camionetas, automóviles y peatones.

En Washington, el presidente Barack Obama anunció “uno de los mayores esfuerzos de ayuda en nuestra historia reciente”, comenzando con 100 millones de dólares.

La Cruz Roja estima que hasta tres millones de personas, un tercio de la población nacional, habrían sido afectadas por el terremoto y que llevaría uno o dos días tener una idea clara de los daños sufridos, según el vocero Paul Conneally.

Es esta foto divulgada por las Naciones Unidas, edificios afectados por el terremoto quedaron en ruinas en el centro de Puerto Príncipe, Haití, el miércoles 13 de enero de 2010. Un terremoto de 7 grados golpeó el martes Haití. (AP Foto/United Nations, Logan Abassi)

Los saqueos comenzaron inmediatamente después del sismo y se vio a gente extraer alimentos de comercios derrumbados, pero los trabajadores de organizaciones de asistencia dijeron que había pocos disturbios. Elisabeth Byrs, vocera del esfuerzo humanitario de la ONU en Ginebra, dijo que se informó que un número indeterminado de presos se escaparon de la principal prisión de Puerto Príncipe.

En Ginebra, la vocera de la ONU en asuntos humanitarios Elisabeth Byrs dijo que las fuerzas de paz mantenían la seguridad a pesar de las dificultades.

“Es una situación tensa, pero pueden manejarla”, dijo Byrs. “Imaginen ustedes a la gente que no come ni bebe desde hace casi 50 horas y son muy pobres, si ven un camión con algo… o si ven un supermercado derrumbado, corren a conseguir algo para comer”.

En el aeropuerto capitalino, parcialmente destruido, centenares de haitianos esperaban la posibilidad de abordar cualquier avión que saliera.

“Queremos salir a cualquier precio. Sólo díganlo”, dijo el empleado banquero haitiano Jean Mirmont, acompañado de sus dos hijos en medio de un insoportable hedor a heces humanas en la terminal aérea.

Vía”AP”

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