“Yo creo que es impensable, pero no imposible (un conflicto militar entre Venezuela y Colombia). Ahora que Chávez ordenó movilizar tropas a la frontera me parece que se creó un escenario muy peligroso porque cualquier incidente puede pasar”. Hoy lo dice la colombiana Socorro Ramírez, una de las mejores expertas, en las relaciones entre ambos países.

Esta es la entrevista que hoy le hace Margarita Vidal en El País de Cali:

Socorro Ramírez fue candidata presidencial en los 70 en Colombia, cuando, de haber ganado –cosa improbable entonces para un candidato de izquierda- no habría podido posesionarse porque le faltaban 5 años para la edad reglamentaria –30– exigida por la Constitución. Pero fue un gesto a la par que un precedente de varias puntas simbólicas.

Retirada de la militancia política y doctorada en Ciencias Políticas y Estudios avanzados en Relaciones Internacionales de la Sorbona, amén de otras maestrías en temas económicos y de Desarrollo, Socorro Ramírez lleva once años estudiando el tema de nuestras relaciones con Venezuela y no es hiperbólico afirmar que es la máxima autoridad en la materia.

Profesora de la Universidad Nacional y miembro del Grupo Académico Binacional promovido por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la misma, sin duda el centro de estudios políticos de mayor peso en el país, nadie mejor que ella para dar un vistazo al conflicto con Venezuela y Ecuador, manejado por los colombianos a golpes mediáticos y lo que es peor, de explosivos talantes presidenciales en los tres países.

¿Cómo analiza nuestro actual “bi-conflicto” internacional?

El gobierno ha tenido un triunfo militar y una derrota diplomática.

¿Cómo se explica eso?

El involucramiento de Estados Unidos le generó un salto cualitativo y cuantitativo a las conexiones del conflicto con lo internacional. Pero el gobierno no ha entendido lo que está pasando en la región y ha pretendido que los vecinos actúen en la perspectiva que él mismo tiene frente al conflicto. En Sudamérica hay una búsqueda de autonomía, de nuevas formas de insertarse en el mundo global porque las que se aplicaron, muy ligadas a Washington, no sólo no lograron que la región se insertara positivamente, sino que dejaron un saldo de pobreza y de marginamiento tremendos. Colombia, atada a un conflicto arcaico, va en contravía con un discurso que, a su vez, no sólo no es comprendido en la región sino que provoca una reacción contraria.

¿Por qué la contradicción?

Porque lo equiparan a la lucha antiterrorista y al concepto de defensa preventiva que acuñó Bush .

¿Cuál debería ser, entonces, el llamado?

Para que Colombia concite la solidaridad regional tiene que entender y aceptar los cambios en la región. No estamos en la época de la guerra fría. Estamos en otra época, en la que la mayoría de América Latina y buena parte del Caribe está buscando alternativas y no entiende el conflicto colombiano. La región no calibra bien la dimensión del repudio nacional que concitan hoy las Farc. Más bien uno encuentra la consideración de que las Farc es la que legítimamente rechaza una presencia militar de Estados Unidos en Colombia.

Hablemos primero de Ecuador. ¿Por qué nos volvimos personas no gratas allí?

Ese es un país en agitación permanente donde los gobiernos se suceden rápidamente uno detrás de otro, con una fuerte migración y que viene de crisis políticas y financieras. Es un momento muy crítico, poco después de haber terminado su guerra con Perú que, durante todo el siglo XX, le había dado una base de unidad nacional y, de pronto, cuando comienza la década del 2000, Ecuador encuentra en esa frontera a Estados Unidos, porque el Plan Colombia se aplica en primer lugar en esa frontera.

¿Por qué razón?

Desde mediados de los 90, las Farc se asentaron en el Putumayo detrás de los cultivos de coca. Entonces esa frontera se fue volviendo la de mayor número de combates, primero entre guerrillas y ‘paras’ por el control del río y de áreas centrales para el abastecimiento de precursores o de salida para la droga, luego de combates con el Ejército. ¿Qué pasa? que Ecuador sale de su situación crítica y se encuentra con EE. UU. en su frontera cuando, además, ha tenido la percepción de que Bush tomó partido por Perú.

¿O sea que les molesta más Bush que la guerrilla?

No es sólo la decisión de la guerrilla de instaurarse en esa frontera porque ellos están en otro momento. Es en los 2000 cuando ya se anudan todos los problemas y la frontera norte se vuelve para ellos un articulador de la política nacional. Y ante estas realidades el gobierno colombiano sólo tiene un discurso que es el antiterrorista, con las mismas categorías y doctrinas que ha acuñado Bush, y eso aumenta la resistencia.

Tienen además la percepción de que Colombia los trata con desdén y no poca superioridad…

Ese es un punto crucial. Ellos sienten que Colombia no los toma en serio, que por ser un país pequeño, con fuerte presencia indígena, los menosprecia. Ellos sienten que Colombia les dice mitad verdad, mitad mentiras, que no tiene una política transparente y eso hace que en Ecuador la reacción en este momento sea de un rechazo absoluto a cualquier tipo de acuerdo con el gobierno colombiano.

Agréguele la certeza de la violación de su soberanía con el bombardeo al campamento de Reyes…

Claro. Ya había mucho malestar por lo anterior, por traspasos eventuales del espacio aéreo o por incidentes que llevaban a persecución en caliente, pero este hecho fue la gota que rebasó la copa. Ahora, en Ecuador hay un proceso de cambio, que encabeza Correa y que tiene un amplio apoyo nacional y ello, además del contexto político de la región, explica por qué el gobierno colombiano convirtió ese triunfo militar en una derrota política.

¿Qué habría sido lo ‘derecho’?

Afrontar directamente la situación con Ecuador. Si el presidente Uribe, cuando llama a Correa no le dice mitad verdades, mitad mentiras, sino que despliega toda una acción diplomática para explicarle lo sucedido, la situación sería otra. Pero yo creo que esa entrega a cuenta gotas de la información da la sensación de manipulación, de querer poner a un gobierno como el de Correa contra la pared y me parece que el gobierno colombiano con ese mal manejo diplomático ha logrado efectos contraproducentes.

Hablemos de Venezuela, el PC habla de 300 millones de dólares de Chávez para las Farc. ¿Uribe debe pasar, entonces de agache?

Yo creo que si manejaran bien las informaciones y no la volvieran esta telenovela que la han vuelto, se podría procesar más claramente, por lo menos, la versión de la guerrilla, que no necesariamente es una versión siempre creíble. También sus líderes quieren mostrar gran eficacia y grandes logros.

Usted ha seguido de cerca, desde el 96, la relación entre Colombia y Venezuela, ¿cómo la ha visto transcurrir?

Encuentro que ha habido tres etapas muy diferenciadas y que, de alguna manera, el comportamiento del gobierno venezolano depende de lo que pasa a su interior, de lo que pasa en la relación con Colombia y de lo que pasa en el contexto hemisférico con Estados Unidos. Combinando esos tres elementos yo diría que una primera etapa, cuando Pastrana, Chávez habló de neutralidad, intentó acercarse a las Farc y conocerlas. Desafortunadamente, en Colombia en ese período hubo resistencia a aceptar lo que pasa allá –gústenos o no- es lo que Venezuela quiere vivir y eso en las reglas internacionales es totalmente respetable. La segunda etapa fue de una conciliación mutuamente ventajosa. Sacando el caso Granda, en ese período Uribe y Chávez descubrieron que podrían tener no sólo convivencia a pesar de ser los dos extremos del espectro político, sino que la vecindad podría ser proactiva y empezaron a revivir proyectos que estaban paralizados y que sin duda muestran que la vecindad, además de problemas, es una fuente de oportunidades extraordinariamente viva.

Chávez condenaba a las Farc, al menos de labios para afuera, ¿qué pasó?

En ese período yo creo que la actitud de Chávez frente a la guerrilla fue distinta. La condenó, ilegitimó su acción. Es probable que como ese movimiento es muy diverso, algunos sectores tuvieran relaciones más estrechas, pero ambos gobiernos reconocían la legitimidad del otro, estaban dispuestos a manejar la relación por canales institucionales, se comprometieron en proyectos que podían volver a los dos países socios estratégicos. Después me parece que el presidente Uribe se equivocó doblemente al meter a Chávez en el intercambio, sabiendo que tiene agenda propia, necesidad de protagonismo, que estaba en una búsqueda de consolidar su liderazgo regional y que este tema le daba todas las posibilidades y toda la comunicación con las Farc.

¿Por qué esa metida de pata?

Porque su fuerte no son los temas internacionales y yo creo que Uribe ha inhabilitado a la Cancillería y, además, maneja lo internacional con criterios nacionales y ahí se equivoca.

¿Víctima de su propio invento?

Claro, porque no estaba dispuesto a pagar el costo que las Farc estaban ganando con la visibilidad que Chávez les estaba dando.

¿Hasta cuándo quedó congelado el tema?

Este conflicto tendrá que tener una salida política, no puede ser otra. De hecho, el gobierno puede tener triunfos militares que de pronto creen mejores condiciones para negociar pero, al final, la salida tendrá que ser negociada.

¿ Y, la tercera etapa?

Después de la sacada de Uribe a Chávez, éste resuelve aliarse claramente con las Farc e incidir en el conflicto. Creo que Chávez trata de cobrarle eso a Uribe, a fondo. Su respuesta fue proporcional a la pérdida. Trató de aislar regionalmente a Uribe y lo hizo, como se vio en la cumbre de Río y en la reunión de la OEA. Entonces, es probable que esté dispuesto a ir hasta donde sea para dar ventajas que logren, de alguna manera, que las Farc puedan tener una salida y volverse una base política en la extensión de su proyecto bolivariano.

Suena bastante amenazante, ¿no?

Yo creo que Colombia es para el presidente Chávez un país esencial en ese proyecto. El siempre ha temido que, por la cercanía de Uribe a Estados Unidos, Colombia pueda ser un punto a partir del cual ellos traten de interferir en su revolución.

¿Cómo analiza eso?

Se equivoca porque si hay algo impopular en Colombia son las Farc, pero me parece que en esta última fase todo es posible.

¿Cuánto influye la situación interna en la actitud de Chávez?

Mucho, Chávez tiene una situación difícil desde que perdió el referendo. De diciembre de 2006 a diciembre de 2007 perdió 3 millones de votos. El triunfo del NO, no fue el triunfo de la oposición, fue la pérdida de Chávez, porque fue parte del chavismo que no estaba dispuesta a apoyar esas reformas. Tiene además, una situación económica no gravísima, pero difícil.

El desabastecimiento que exaspera a la población, inseguridad ciudadana.

El doble cambio de moneda genera unos niveles de corrupción tremendos y unos problemas y deformaciones económicas complicadísimas, todo lo cual hace que Chávez tenga que dedicarse a algo que no es su fuerte: gestionar el día a día, normalizar el proceso.

¿Qué pasaría con la base americana mencionada por el embajador Brownfield?

Sería una provocación total. Ecuador la tiene por un acuerdo de otras épocas. Hoy, si el gobierno colombiano genera la idea de compartir con Estados Unidos cualquier tipo de plan frente a Chávez, muy seguramente lo va a hacer reaccionar de manera incontrolada y puede ir a cualquier extremo.

¿Pero hay alguna posibilidad?

Yo no creo porque sería demasiado irracional, pero me parece que el gobierno colombiano debe actuar con sensatez sabiendo que ese es el punto más sensible de Chávez y que no es una sensibilidad falsa porque el de George W. Bush sí es el gobierno más unilateral y sí quisiera intervenir en Venezuela para imponerle a Chávez sus límites. ¿Pero qué es lo que vemos? que en una semana vienen altísimos funcionarios gringos y regañan a Chávez, desde Bogotá.

¿ Cuál sería el conducto regular?

Todos los temas que Estados Unidos tenga que procesar con Venezuela debe tramitarlos en la OEA y en Naciones Unidas o bilateralmente, pero no en Colombia porque me parece que Chávez va hasta donde la situación interna suya le permita, pero también hasta donde el comportamiento y la acción de Colombia le favorezca y le facilite.

¿Si se sigue escalando el conflicto podríamos llegar a la guerra?

Yo creo que es impensable, pero no imposible. Ahora que Chávez ordenó movilizar tropas a la frontera me parece que se creó un escenario muy peligroso porque cualquier incidente puede pasar. Luego la amenaza de Chávez de generar una fuerza militar conjunta, con la idea de mostrar que Colombia era un peligro en el Caribe, hubiera podido generar conflictos de grandes proporciones porque, en medio de una situación como la que vivían Colombia y Venezuela, se metió Nicaragua a tratar de sacar ventaja frente a la demanda que ha impuesto contra Colombia. Esa movilización de tropas al Caribe, en un espacio donde los Estados Unidos consideran vital la zona hacia el Canal sería una provocación para que Estados Unidos intervenga, con consecuencias muy dañinas para ambas partes.

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