Reporte especial de AFP TV – Foto: AFP PHOTO / MARTIN BERNETTI

Un día después de enterrar a su mujer, Miguel Palma buscaba desconsolado el martes los nombres de sus dos hijos desaparecidos en una lista de muertos por el feroz tsunami que arrasó la ciudad de Constitución, en el sur de Chile.

El sábado por la madrugada, cerca de media hora después de que uno de los más poderosos terremotos de la historia moderna golpeara Chile, olas de 10 metros acabaron con el poblado y sus alrededores, dejando más de 350 muertos en la zona.

Las alarmas por tsunamis nunca sonaron. El gimnasio del pueblo se convirtió en una morgue improvisada, donde el martes arribó un camión con ataudes para que las familias pudieran sepultar a sus muertos.

En medio de llantos de otros familiares, Palma revisaba el listado de 70 muertos pegado en las paredes del gimnasio, buscando los nombres de sus dos hijos de 9 y 7 años.

Foto: AP Photo/Roberto Candia

“Estaban acampando en la isla (ubicada en el estuario de la ciudad), y llegó el mar y desde ahí que no sabemos nada de ellos”, dijo Palma, de 28 años, acompañado por su padre.

La mamá estaba con ellos, la encontramos y la enterramos ayer. La municipalidad nos envió la urna, pero el traslado lo tuvimos que hacer en vehículos particulares”, agregó.

Constitución, una población de 50.000 habitantes junto al Océano Pacífico y a más de 300 kilómetros al sur de Santiago, registró cerca de la mitad de los más de 700 muertos que dejó el sismo de 8,8 de magnitud y los posteriores tsunamis.

Entre la costa central de Llo-Lleo y el puerto sureño de Talcahuano, olas gigantescas devoraron pueblos costeros, caletas y puertos.

Durante las primeras horas tras el terremoto, el Gobierno se negó a hablar de un tsunami, pero terminó reconociéndolo luego y explicando que el sistema de alarma temprana falló por un “error” de la Armada.

En Constitución, los vecinos vieron olas gigantes que avanzaron por la ciudad e hicieron subir el nivel de la desembocadura del río Maule. Las casas precarias de la playa fueron arrastradas 150 metros y devueltas al mar junto a otras viviendas.

Vimos gente colgada de los árboles con sus celulares como luces, pidiendo ayuda a gritos desde la isla“, dijo María Isabel Piña, de 70 años, quien tenía un puesto de venta de pan y empanadas frente a la desembocadura del río.

En el islote, unos 200 metros mar adentro, cerca de dos centenares de personas habían acampado el sábado esperando celebrar una festividad típica de la zona.

“Se salvaron sólo cinco personas en la isla”, dijo Graciela Bravo, una lugareña de unos 50 años.

Foto: AP Photo/Roberto Candia

SIN RUMBO

Los sobrevivientes en Constitución caminan sin rumbo por las calles destruídas y ya comienzan a percibir el hedor de los cadáveres. Muchos hacen fila fuera del gimnasio para recibir agua.

Reporte especial de AFP TV

Otros buscan ayuda o comida entre los escombros y las casas, en su mayoría de adobe, destruídas. En un supermercado de la ciudad, ya no queda nada: la gente se llevó hasta las casas registradoras.

Mientras tanto, la ayuda recien comenzaba a llegar en un helicóptero del Ejército y las personas corrían al lugar con reclamos.

El Gobierno ha dicho que está haciendo todo lo posible para entregar la ayuda en los lugares más afectados, pero para los sobrevivientes las necesidades son muchas.

“No hay nada, perdimos todo. Me quedé con esto que usted ve. Es lo único que pude salvar. Necesitamos ropa, víveres, agua, alimentos”, dijo Jorge Orellana, de 23 años, quien sólo salvó un par de bolsas que llevaba con él.

Miguel Palma, finalmente, no encontró el nombre de sus hijos en la lista de fallecidos.

Foto: AP Photo/Roberto Candia

Vía Reuters

Por Juana Casas

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