Un opositor firmaó el 24 de febrero de 2010, en casa de Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, en La Habana, el libro de condolencias por la muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo, cuyos restos serán velado en la provincia oriental de Holguín. La muerte de Zapata Tamayo, en un hospital de la capital cubana tras 85 días en huelga de hambre, traerá graves repercusiones políticas para el gobierno cubano, aseguraron fuentes diplomáticas y de la oposición interna. EFE/Alejandro Ernesto

La polémica en torno a la muerte del preso cubano Orlando Zapata Tamayo no cesa y ha llegado incluso al Parlamento Europeo. Pero pasadas más de dos semanas de su fallecimiento tras 83 días en huelga de hambre, existe todavía un abismo entre las diferentes versiones sobre lo ocurrido.

Para los detractores del gobierno de Raúl Castro, el albañil de 42 años era un “preso político” torturado entre rejas y cuya muerte, el 23 de febrero, podría haber sido evitada por los médicos. Funcionarios cubanos hablan de un “delincuente común” al que se le dio esmerada atención médica, y niegan que en la isla haya torturas.

A los “opositores” o “disidentes”, el gobierno de Castro los considera “mercenarios” y “agentes” de Estados Unidos. Cuba rechaza por ello la etiqueta de “presos políticos” para esos encarcelados fuentes opositoras hablan de unos 200 y asegura que han sido juzgados por leyes vigentes, por colaborar con una potencia enemiga, además de otros delitos como terrorismo, desacato, desorden público, insubordinación o difamación de las instituciones.

Zapata inició su ayuno el 3 de diciembre, según la disidencia, para protestar contra los “maltratos carcelarios” y ser reconocido como “preso de conciencia”, título que le confirió Amnistía Internacional (AI) en 2004. Por el contrario, medios cubanos dicen que exigía cocina, teléfono y televisión en su celda. Los opositores no lo niegan, pero aseguran que no era la base de su reivindicación.

Encarcelado desde 2003, Zapata fue condenado inicialmente a tres años de prisión por “desórdenes públicos”, pero la pena creció de forma considerable por su conducta entre rejas, según las versiones oficial y opositora. Su madre habla de 57 años y seis meses de prisión y asegura que Zapata sufrió golpizas de sus carceleros, por las que fue operado hace un año de un coágulo en el cerebro.

Su madre asegura que Zapata sufrió golpizas de sus carceleros, por las que fue operado hace un año de un coágulo en el cerebro.

“Fue procesado una y mil veces por su postura contestataria ante el régimen. Por todas las prisiones que pasó, fue un récord para ellos de satisfacción torturarlo, golpearlo, esposado como un perro, como un negro, como era”, dijo Reyna Luisa Tamayo en una entrevista.

Pero hasta hoy resulta imposible una versión independiente de los hechos. Según la Iglesia Católica, sacerdotes insistieron en visitar a Zapata, pero las autoridades no lo permitieron.

Para demostrar que se le prestó asistencia, la televisión cubana emitió el 1 de marzo declaraciones de médicos, así como imágenes de cámara oculta y escuchas telefónicas en las que la madre se mostraba agradecida por lo que se estaba haciendo “por salvarlo”.

No obstante, en una carta al presidente Castro difundida por la oposición, Reyna Tamayo escribe que durante el ayuno se le suspendió el agua por 18 días y que los médicos sólo se preocuparon por él “en las últimas horas”, “cuando ya no había nada que hacer”. También acusó al gobierno de “desacreditar moralmente a quien fue un opositor al régimen comunista”.

El diario oficial “Granma” publicó que Zapata era “un preso común” procesado por violación de domicilio (1993), lesiones menos graves (2000), estafa (2000), lesiones y tenencia de arma blanca (2000), alteración del orden y desórdenes públicos (2002), “entre otras causas en nada vinculadas a la política”.

El rotativo estimó además que “de haber existido una intencionalidad política previa, no hubiese sido liberado 11 días antes” de su entrada definitiva en prisión, el 20 de marzo de 2003.

El rotativo estimó además que “de haber existido una intencionalidad política previa, no hubiese sido liberado 11 días antes”

También el ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, dijo ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que era “un recluso reincidente y sancionado en debido proceso por delito común, y luego reclutado en prisión para presentarlo como un luchador por los derechos humanos”.

Además denunció una campaña contra Cuba en la que se muestra “a mercenarios como patriotas, a agentes pagados por los Estados Unidos en territorio cubano como disidentes”.

En sus informes, AI mencionó por primera vez a Zapata después de ser detenido junto con otros 16 disidentes el 6 de diciembre de 2002. Según la organización, cuando la policía les impidió entrar a una casa para reunirse, se sentaron en la calle y gritaron “vivan los derechos humanos” y “libertad para los presos políticos”. Al parecer, los “desórdenes públicos” de los que habla “Granma”.

Salió en libertad condicional el 9 de marzo de 2003 y volvió a ser apresado el 20, ya definitivamente, al participar en un ayuno para exigir la excarcelación de varios presos.

El libro “Los Disidentes” (2003), de la Editora Política de La Habana, muestra fotos de aquella protesta, en las que aparece, entre otros, junto a Martha Beatriz Roque y Nelson Aguiar, ambos bajo libertad condicional por motivos de salud. Las imágenes se pueden bajar hasta hoy también del sitio web de una revista cubana.

Con todo, el portavoz de la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, acusó al gobierno de querer “denigrar la imagen de un hombre muerto”.

Sánchez dijo desconocer si tuvo un pasado criminal antes de involucrarse en la oposición, pero estimó que “aun cuando en su juventud haya cometido algún delito, ya pagó lo que le correspondía”. Internet: www.lajiribilla.cu/pdf/disidentes/pliego1.pdf (fotografías de la huelga de hambre de 2003 en páginas 9 y 10).

Por Vicente Poveda
Vía dpa

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