Seis temblores y el ascenso de Piñera movieron a Chile hacia la derecha
El millonario de derecha Sebastián Piñera asumió hoy la presidencia de Chile, país que sufrió seis fuertes temblores durante la ceremonia, la que remeció el futuro del país y los equilibrios políticos sudamericanos.
Miles, quizás millones, de personas salieron de sus casas y algunas autoridades, como el principe Felipe de España, abandonaron raudos la ceremonia de cambio de mando, una vez concluida, negándose a hacer comentarios.
Luego la policía ordenó el desalojo de todos del Congreso Nacional, sede del acto en la ciudad portuaria de Valparaíso, en medio de una alerta de tsunami que el propio Piñera trataba de matizar, aunque el mar se agitaba en varias zonas.
“Es sólo una advertencia”, dijo camino a un almuerzo con los mandatarios extranjeros en el palacio de Cerro Castillo. Pero para entonces sólo el presidente del Perú, Alan García, hacía gala de humor, diciendo que los temblores “sirven para bailar”.
Pero más allá de la anécdota casi cruel de la ocurrencia de los sismos en una tierra azotada recién por un terremoto y un tsunami, la investidura de Piñera marcó un antes y un después en la política interna y regional, además de los discursos y prioridades.
Es tan evidente ello, que incluso algunos mandatarios latinoamericanos, como el venezolano Hugo Chávez, y el nicaragüense Daniel Ortega, optaron por no ir al cambio de mando, tal vez conscientes de que no tendrán qué hablar con Chile ahora.
Las preocupaciones multilaterales de la ahora ex presidenta Michelle Bachelet cedieron paso a una diplomacia de los negocios sin matices aún definidos, que poca relación tiene con proyectos socialistas como los de Chávez, Ortega o Raúl Castro.
“Las relaciones exteriores son para beneficiar a las personas”, dijo de hecho el nuevo canciller chileno, Alfredo Moreno, un ex gerente del grupo Fallabella, conglomerado chileno con inversiones en el comercio (retail) en Perú, Colombia y Argentina.
De hecho, en política exterior, el principal interés de Piñera es defender y movilizar la presencia de las empresas chilenas en el mundo, en especial en América Latina y Asia, como ya dijo.
“(La integración comercial y financiera) es una política de Estado que va a ser fortalecida”, señaló apenas electo.
El tema no es menor en Chile, país donde las inversiones históricas de las empresas en el exterior representan un tercio del producto interno bruto y suman unos 50.000 millones de dólares, más que el PIB de países como Uruguay, Bolivia o Costa Rica.
Pero ese énfasis en una diplomacia de los negocios tal vez aleje a Piñera del papel de liderazgo que la derecha iberoamericana parece querer otorgarle, como anunciara el líder conservador español José María Aznar.
De hecho, el ex presidente del gobierno español dijo que el ascenso de Piñera tendrá consecuencias “muy positivas e importantes” para Chile y Latinoamérica, en alusión a que debilita la influencia de Chávez en la región, formando Chile un núcleo libremercadista con Colombia y Perú.
El propio presidente colombiano, Álvaro Uribe, dio luces sobre ello, al afirmar que su propósito “es trabajar hermanadamente con Chile”.
Pero una diplomacia de los negocios, lo sabe Piñera, requiere de no pisar callos políticos. De hecho, él mismo, después de decir que Venezuela “no es una democracia”, optó por el silencio, ante una réplica de Chávez.
Sólo el tiempo dirá cuánto hubo este jueves de tragedia, humor y simple proyección desbordada. Piñera ahora debe concentrarse en la reconstrucción de su país y la prometida colaboración de la oposición de centro izquierda y Bachelet parecen alivinarle la vida.
Pero nada se sabe en una tierra de terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas donde la geografía a veces cambia para siempre en un par de minutos. De eso sabe Piñera, que soñaba con elevar su producto por habitante a los 24.000 dólares al fin de su mandato y que ahora sólo debe preocuparse de reconstruirla.
Vía”DPA”
