Foto: CaribeFocus

Una marcha dirigida como vehículo para un golpe de Estado, un grupo de manifestantes que apoyaban al gobierno criminalizados por los medios de comunicación, distintas versiones y varios libros han salido luego de los sucesos que mancharon las páginas de la historia contemporánea del país.

Uno de ellos es Mi testimonio ante la historia, donde Pedro Carmona criminaliza a los que salieron a defender el palacio de Miraflores, y cuenta que mientras estaba en El Silencio (centro de Caracas) el día 11 de abril miró hacia el norte de la ciudad: “Vi bajar gente extraña y agresiva”.

Relata unas supuestas agresiones de “los círculos de la muerte”; manera como denomina a los bolivarianos, y remata diciendo que “la Policía Metropolitana trató de neutralizarlos”.

A la una de la tarde del 11 de abril, Pedro José Linares salió de su casa sin saber que cinco horas más tarde estaría tirado debajo del Puente Llaguno por apoyar a Chávez. Efectivamente, la PM neutralizó sus consignas.

Sin embargo, Carmona insiste: “El mundo pudo ver como desde el Puente Llaguno, los grupos chavistas disparaban sin misericordia hacia la marcha, provocando casi veinte bajas y más de un centenar de heridos”.

Hasta el reportero de Venevisión que grabó las imágenes del Puente reconoció “no tener ángulo” para ver de quien se protegían los manifestantes bolivarianos ni hacia donde apuntaban sus armas. Posteriormente varias imágenes revelaron que se defendían de los PM que descargaban sus armas largas y cortas contra los concentración que respaldaba al presidente Chávez en Llaguno, y que la marcha opositora no se encontraba cercana a ellos.

Sin embargo, Carmona mientras escribía Mi testimonio ante la historia no reparó en esos detalles, ni tampoco lo hicieron Sandra La Fuente y Alfredo Meza, quienes siguiendo un guión similar, en su libro El acertijo de Abril, publicado en 2004, llaman a los bolivarianos con términos como bandas parapoliciales o pistoleros del Llaguno.

“Las imágenes que se transmitían, que sólo podían ser observadas a través de los servicios de cable, eran perturbadoras. Un grupo de pistoleros adeptos al oficialismo apostados en Puente Llaguno, a dos cuadras del palacio de Miraflores, disparaba hacia el lado derecho del encuadre”, describen los periodistas La Fuente y Meza.

¿Disparaban contra quién” Es lo primero que queda en el aire y en las más de 200 páginas que tiene el libro no da pista sobre ello, nunca se refieren a los militares alzados como golpistas, y descartan las declaraciones del corresponsal de CNN, Otto Neustaldt, que afirmó que los militares sublevados hablaban de muertos antes de que hubiera alguno.

En 2005, en el libro Del viernes negro al Referendum Revocatorio, la doctora en Ciencias Sociales Margarita López Maya, con palabras claras y pruebas en la mano destaca que en el video La revolución no será transmitida (Bartly y O”Brian, 2003) puede verse que los hombres que disparan en puente Llaguno lo hacían contra policías metropolitanos que los estaban tiroteando y no contra civiles.

«Estos chavistas armados estaban defendiendo a los civiles chavistas que estaban desarmados en el puente», explicó y puso como prueba otro video Puente Llaguno. Las claves de una masacre, del documentalista Angel Palacios.

El primer video que cita López Maya es del 2003, antes de que se publicara la primera edición de El acertijo de Abril, y el testimonio de Carmona, sin embargo, en ambos se omiten los datos.

Los medios en los libros sobre abril 2002

El Nacional es el diario mas citado en el libro de La Fuente y Meza para recrear su acertijo: “Yo diseñé al personaje Hugo Chávez y luego lo encontré en la calle”; “Frente Militar: Chávez elude el descontento de la Fuerza Armada”, “El liderazgo de Carmona restituyó la cohesión empresarial”, son algunos de los artículos de éste periódico al que recurren los autores.

El mismo libro de La Fuente y Meza revela la alianza de este periódico con los militares golpistas, al reflejar que en un foro en el Hotel Hilton organizado por El Nacional, el 7 de febrero de 2002, llamado Voces por la Democracia, participó uno de los militares aliados al golpe, el coronel de la Aviación Pedro Soto quien se pronunció contra Chávez en ese momento.

«El presidente Chávez no tiene autoridad para destruir 44 años de democracia. Estoy aquí interpretando el sentimiento y la voz de la mayoría de los oficiales, suboficiales y la tropa de Venezuela», dijo el Coronel.

En su libro Auge y crisis del cuarto poder. La prensa en democracia (2007), Alejandro Boitía, afirma que los organizadores del foro si no conocían de antemano estas palabras, al menos las esperaron, y relata que el oficial había pasado la noche anterior en el hotel.

“Los mentores de Pedro Soto aprovecharon la cobertura periodística del foro, no sólo para alcanzar el clímax de la noticia más importante en todos los medios impresos, sino para enviar un mensaje cifrado a los oficiales institucionales: hay que derrocar a Chávez.

“La batalla final será en Miraflores”, así titula El Nacional su primera página del 11 de abril, en una edición extra que delataba lo que ocurriría en unas horas; al día siguiente El Universal saca un título inmenso: “¡SE ACABÓ!”; mientras que Tal Cual estampó en su primera página “CHAO HUGO”, estos son algunas de las páginas que muestra el Libro los Documentos del Golpe, de la Defensoría del Pueblo.

El análisis de Tal Cual

El autor de Auge y crisis del cuarto poder, para la fecha coordinador de política de Tal Cual, hace un análisis de los medios durante los días del golpe de Estado, destaca la gran parcialización de los medios privados hacia la oposición y el silencio mediático en los días 12 y 13 de abril.

“A diferencia del dinamismo informativo y la valentía profesional evidenciados el 11 de abril durante la marcha de la oposición a Miraflores, el enfrentamiento entre simpatizantes y detractores del Presidente en el centro de la ciudad, el tiroteo en Puente Llaguno o los pronunciamientos militares de esa noche, el sábado 13 se produjo un silencio mediático que retumbó con más fuerza que el estruendo informativo vivido por el país en los días precedentes”, expone el periodista.

Además, Gotía manifiesta que la prensa, al igual que la radio y televisión, tomó partido en la cobertura por un sector de la sociedad: la oposición, y recordó que El Nacional llegó a calificar al presidente Chávez como un “mentiroso contumaz” y “truhán”.

“El viernes 12 fijó una posición editorial más hostil: Ya sabíamos de sus problemas mentales, también sabíamos que no era un hombre precisamente valiente y que tendía a acobardarse en los momentos de combate…”, reseña el periodista aunque no menciona el título de la editorial de El Nacional: “Los muertos de Hugo”.

Ernesto Villegas y Eva Golinger

El periodista Ernesto Villegas, en el libro Abril Golpe Adentro, desnuda en aún más las intenciones de El Nacional, describe la primera página de este periódico: Título: “Renunció Chávez”; Cintillo: “Círculos bolivarianos causaron 10 muertos casi 100 heridos”, además, apoyándose en una foto manipulan la leyenda y acusan a Richard Peñalver de haber disparado hacia la marcha opositora.

Explica Villegas que la prensa actuó como abogados de la oposición y personas señaladas por los medios de comunicación estuvieron tras las rejas. Además, el periodista aclara que luego la Fiscalía no halló evidencia que individualizara su responsabilidad en muertes o lesiones.

En El código Chávez, aunque hace énfasis en el apoyo de Estados Unidos al golpe de Estado de abril, Eva Golinger también denuncia la censura en los medios de comunicación cuando era un hecho el regreso del presidente Hugo Chávez.

“Los periódicos venezolanos se habían vuelto silenciosos, aunque incluían titulares atrasados en los que se elogiaba el golpe, como uno de El Universal titulado “Un paso en la dirección correcta” (…) los días 13 y 14 de abril los medios de comunicación se mantenían callados e imponían un bloqueo informativo y noticioso sobre los acontecimientos que se sucedía”, expresa Golinger.

El Plan Ávila y sus dos versiones

Aquel 11 de abril, una vez en Chuao, punto en el que debía culminar la marcha de los opositores, los organizadores subieron a las tarimas exaltados con micrófono para incitar a los marchistas a llegar al Palacio de Miraflores, entre ellos Carmona Estanga: “Nos vamos a Miraflores a pedirle que se vaya”.

En el libro Chávez nuestro, de los periodistas cubanos Rosa Elizalde y Luis Báez, Diosdado Cabello, vicepresidente de la República en abril de 2002, en un testimonio revela que recomendó al Presidente ubicar a la Guardia Nacional en la mitad de la avenida Bolívar para cerrarles el paso a Miraflores.

Igualmente el vicealmirante Bernabé Carrero Cuberos, jefe del Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada Nacional (FAN), en el libro Abril golpe adentro, confiesa que sugirió parar la marcha mucho antes de que llegara a Miraflores e impedir que pasara de la avenida Bolívar.

Por su parte, en el Acertijo de Abril cuenta que el General de División, Manuel Rosendo, jefe del Comando Unificado de la FAN, aliado a los golpistas, había apagado su teléfono móvil, y justifica su acción.

“Era una decisión inesperada porque a Rosendo se le tenía como un oficial sumiso a la voluntad de Chávez. Pero esa tarde comenzó a revelarse como un hombre reacio y apegado a los dictados de su conciencia”, expresan La Fuente y Meza.

Mientras Carrero Cubero le preocupaba que la marcha no llegara a Miraflores porque “había un gentío de círculos bolivarianos y pueblo que respalda al Presidente”, Rosendo opta por cruzar los brazos ante el choque de ambos grupos políticos:

“Mi posición siempre fue la misma: nuestras tropas eran nuevas, carecen de equipos antimotines y disponen de armas de guerra. No debemos utilizarlas. Además, no están dadas las condiciones para la aplicación del Plan Avila”, dijo Rosendo.

Ernesto Villegas explica que el Plan de Operaciones Rector Soberanía conocido como Plan Avila fue diseñado en 1997 y aprobado en enero de 1998, durante el último año del segundo gobierno de Rafael Caldera.

“Allí se fijó los parámetros para el uso de unidades militares en situaciones excepcionales de grave alteración del orden público (…) Este habría de esperar cuatro años para ser sometido a prueba”, dice el autor de Abril golpe adentro.

El libro de Eleazar Díaz Rangel

En el libro Todo Chávez, una extensa entrevista que concedió el presidente Chávez a Eleazar Díaz Rangel, le confiesa que pidió reforzar la Guardia que era insuficiente para proteger tanto a las personas que estaban en Palacio apoyando al Gobierno como los que venían marchando.

“Esa marcha así ya era un motín, no era un demostración de fuerza cívica, dejó de serlo, para convertirse junto a los otros elementos señalados, en parte del golpe que se dio después. Es en esas condiciones cuando asumí el comando del Plan Ávila”, dice Chávez.

La orden de activar el Plan Ávila que impartió Chávez al general García Carneiro, fue manipulada tanto por los medios de comunicación en los días posteriores al golpe de Estado como por textos que aún colocan esta acción como el motivo del alzamiento por parte del Alto Mando Militar de 2002.

“Fue una imagen perturbadora. Los malos presagios se anidaron en la mente de algunos efectivos que no guardaban buenos recuerdos de las faenas para controlar el orden público. Era una labor para la que no se sentían preparados, porque en las artes de la guerra aprendieron a acabar con los enemigos. Siempre que el Ejército debía salir a sofocar disturbios civiles se producían muchas bajas”, concluyeron los periodistas que elaboraron El acertijo de Abril desde su posición política.

En la redacción de este texto los autores subordinan los párrafos a las órdenes del testimonio del general de Brigada Andrés Eloy González Cárdenas, y de Manuel Rosendo, alineados a su vez entre los militares golpistas, y desechan cualquier otra versión del Plan Ávila.

Por su parte, Ernesto Villegas expone tanto la versión de Rosendo como la del general García Carneiro quien justificó la activación del Plan Ávila argumentando que, además de la marcha, los militares alzados tenían un plan de ataque al Palacio de Miraflores.

“Los tanques no fueron dirigidos a enfrentar la marcha que para ese momento estaba dispersa (…) La activación del plan se redujo a la materialización del empleo de elementos de la reserva para disuadir y proteger el Palacio de Miraflores por ser el organismo del Poder Ejecutivo Nacional y por ende el punto crítico con mayor valor en este sector previsto dentro del Plan Ávila.”

Villegas destaca que la Comisión Política de la Asamblea Nacional dio por demostrado el arreglo de un plan conspirador para derrocar al Gobierno Constitucional y estimó que la orden de activar el Plan Ávila tenía la misión de restablecer el orden público de forma disuasiva, debido a que la manifestación se había pasado de pacífica a violenta y había sobrepasado a los organismos de seguridad del Estado.

La ausente renuncia

Carmona habla de “la renuncia de Chávez” en su libro aunque no dice que Chávez la haya firmado, y simplemente se basa en las palabras del general Vásquez Velasco: «El Presidente se prepara para renunciar», pero no pasa de allí.

Carmona dice que el abogado Allan Brewer-Carías avala el anuncio del General Lucas Rincón sobre la renuncia del Presidente, como prueba de un vacío de poder: “produjo consecuencias jurídicas y políticas graves (…) dijo al país y al mundo que en Venezuela no había gobierno”.

El politólogo Juan Calos Rey, en el libro Abril golpe adentro, aclara que en ese momento hubo un vacío incostitucional “resultado deliberado del hecho de que los militares habían removido y puesto preso ilegalmente al Presidente, que el Vicepresidente se había tenido que esconder para no correr la misma suerte…”

En una entrevista, que Ernesto Villegas plasma en su libro, Chávez dice que cuando se dio cuenta de que se había perdido casi toda la fuerza militar en un momento se empezó a discutir la posibilidad de la renuncia, pero si se cumplían cuatro condiciones: Respeto a la vida, a la Constitución, hablar por TV y salir del país.

Una vez que los golpistas aceptan la propuesta le dan luz verde a Lucas Rincón: “Lucas da esa declaración y se va de allí, pero a los pocos minutos nos llega la información de que no, que ya no aceptan ninguna condición (…) Ahora estaban exigiendo que yo me fuera preso y si no lo hacía amenazaban con venir a atacar Palacio”, explica Chávez.

El acertijo de Abril cuenta otra historia: no habla de las cuatro condiciones que propuso Chávez pero sí de la existencia de dos documentos para la renuncia: “el primero contemplaba la remoción del vicepresidente de la República y la segunda la renuncia irrevocable de Chávez”.

Sin embargo, el día 12 de abril en el programa 24 horas de Venevisión, el conductor Napoleón Bravo lee una supuesta renuncia que firmó el Presidente, pero nunca la muestra a las cámaras.

En su versión dice que le dieron los documentos al Presidente y respondió que sólo firmaría cuando le garantizaran su salida del país. No obstante, en una entrevista Chávez explica que (los golpistas) le mandan a decir que no aceptan condiciones y que debe irse para Fuerte Tiuna.

Bueno, está bien, me voy para allá, pero desde que salga de aquí estoy preso. Me considero prisionero, pero no renuncio. Olvídense de la renuncia.”

Unas horas más tarde sería trasladado a Turiamo desde donde, y en eso sí coinciden todos los libros, hizo una carta que entregó al cabo de la Guardia Nacional, Juan Bautista Rodríguez donde plasmaba: «No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio, Para siempre. Hugo Chávez F.».

Del acertijo al golpe adentro: Los libros sobre Abril de 2002
Antonio Barrios / ABN

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