Casi 15 años después de alejarse de la presidencia de Venezuela en medio de un escándalo de corrupción, Carlos Andrés Pérez, figura dominante de la política latinoamericana de los años 70, lleva una vida tranquila en el sur de la Florida y sueña con regresar a su país… el día que no esté Hugo Chávez en el poder.

Foto: AP – J. Pat Carter

“En varias ocasiones con sus amigos, (Pérez) ha expresado su anhelo de vivir los últimos años de su vida en Venezuela, pero eso sí, siempre y cuando impere un régimen democrático y de plena libertad, no un gobierno opresivo como el del coronel Chávez”, afirmó la esposa del ex mandatario, Cecilia Matos.

“Siempre me ha dicho: ‘si me llego a morir fuera de mi país, que mis restos los repatríen, siempre y cuando haya libertad en Venezuela‘ ”, agregó la mujer en una entrevista con la AP.

A diferencia de sus días agitados como presidente, Pérez, de 85 años, sólo tiene ahora unas pocas obligaciones y una de ellas es inevitable: al menos dos horas diarias de ejercicios de fisioterapia para recuperar la movilidad de su mano derecha, afectada por un ataque cerebro cardiovascular sufrido en el 2003 que le paralizó la mano, el brazo y la pierna derechas.

La mayor parte de su vida actual transcurre en un elegante y silencioso apartamento de 200 metros cuadrados con una imponente vista al océano Atlántico, en una torre de vidrios azulados de 21 pisos ubicada en un exclusivo distrito al noreste de Miami.

El ex mandatario fue uno de los políticos más carismáticos e influyentes de América Latina. Pero su carrera presidencial terminó prematuramente durante su segundo mandato (1989-1993), cuando se convirtió en el primer jefe de estado que debió abandonar el poder por hechos de corrupción.

Luego de ser destituido, Pérez fue sentenciado por malversación de fondos públicos y cumplió 28 meses de detención bajo arresto domiciliario. Tras recuperar la libertad, fue arrestado brevemente por otros cargos de corrupción.

En julio de 1999 Pérez sufrió su última derrota electoral al perder los comicios para integrar la Asamblea Constituyente. Al año siguiente abandonó el país y se estableció en los Estados Unidos.

Pasó también algún tiempo en la República Dominicana, que en el 2002 rechazó un pedido de extradición del gobierno de Hugo Chávez. El gobierno dijo luego que pediría su extradición a Estados Unidos, pero no está claro si hizo la solicitud formal o no.

Como norma, el Departamento de Estado estadounidense no comenta sobre esos pedidos.

Pérez, que no aceptó ser entrevistado por la AP, fue el primero en llegar dos veces a la presidencia de Venezuela por el voto popular. Sobrevivió a dos intentos de golpe de estado, uno de ellos encabezado por Chávez.

Durante su primera presidencia de 1974 a 1979, Pérez fue un líder nacionalista que estatizó la industria petrolera e incurrió en enormes gastos, gracias a los elevados precios internacionales del petróleo.

En su segundo mandato –que comenzó en 1989 y terminó anticipadamente cuando la Corte Suprema lo obligó a salir del poder en 1993– dio marcha atrás con la política de nacionalización y acordó con el Fondo Monetario Internacional una política de recorte de subsidios, privatización de empresas y creación de nuevos impuestos.

Pérez extraña “mucho, muchísimo” vivir en Venezuela, dijo su esposa en una entrevista reciente con la AP en su apartamento de pisos de mármol cubiertos por alfombras de tipo persa, al que se accede por un vestíbulo privado. El apartamento tiene tres cuartos y una sala decorada con decenas de cuadros y esculturas originales de pintores latinoamericanos, europeos y asiáticos. Hay además una vitrina con varias bandas presidenciales de Pérez, y regalos que recibió durante sus dos mandatos.

En Venezuela Pérez enfrenta varias causas judiciales que podrían llevarlo a la cárcel ni bien pise el suelo de su país, entre ellas un caso por enriquecimiento ilícito y otro por malversación de fondos.

“No podríamos regresar con este gobierno. El déspota que está ocupando la presidencia [de Venezuela] ha orquestado una campaña de persecución, de hostigamiento contra Carlos Andrés y contra nosotros, así que, pese a todos los contratiempos, Carlos Andrés prefiere permanecer en Miami”, aseguró Matos.

En Miami, Pérez se levanta entre las ocho y las nueve de la mañana, desayuna con arepas rellenas de ricota y lee el diario local en español. Por lo general almuerza en su apartamento, duerme la siesta, recibe visitas, cena, escucha a su esposa leyéndole libros de historia latinoamericana contemporánea, y se duerme cerca de la medianoche, después de haber visto varios programas políticos de televisión, según explicó Matos.

Realiza entre dos y cuatro horas de fisioterapia por día. Su fisioterapeuta lo busca en el apartamento y juntos bajan al gimnasio del edificio para realizar los ejercicios, con varias pausas, dijo Matos.

A veces van a la piscina climatizada, o llegan caminando a la playa, a la que sólo pueden acceder las personas que viven en el área, donde hay un exclusivo centro comercial.

Pérez no recuerda algunas cosas.

Hay partes de la memoria nueva que no recuerda todavía”, manifestó Matos, y explicó que al ver una foto sabía que una de las personas que aparecía era de Yugoslavia, pero no se acordó que era el artista plástico Momo hasta que días atrás recibió un llamado de un amigo de ese país europeo. “Hay algunas cosas que ha ido recordando con el tiempo, pero al comienzo estaba completamente en blanco su memoria con algunos nombres, algunas fechas”, dijo Matos, que estaba sola en su apartamento durante la entrevista.

Su esposo camina distancias cortas con la ayuda de un bastón y, si bien ha recuperado parte de su movilidad, “aún no agarra con la mano derecha’‘, dijo Matos.

Antes caminaba cuadras y cuadras… ahora en un pasillo largo se cansa, da pasos y va descansando”, manifestó la mujer, que siempre lleva por detrás una silla de ruedas “como último recurso para ayudarlo”.

También se cansa leyendo, por eso Matos es la que suele leerle por las noches libros como La Odisea de Panamá, de William Jorden, que “le encanta porque él está mencionado en el libro muchas veces”.

Entre las numerosas visitas que Pérez ha recibido recientemente, está la del ex vicealmirante Mario Iván Carratú Molina, que se desempeñó como jefe de la Casa Militar en su segundo gobierno.

Carratú Molina expresó que tras verlo en su apartamento el pasado 12 de junio, le pareció que ‘‘está mucho mejor de la información que se maneja aquí en Venezuela”.

“La expectativa mía de acuerdo a los comentarios era que estaba muy mal, disminuido físicamente y sin coherencia mental. Pero cuando fui a su casa me di cuenta que no era así exactamente”, manifestó el militar, que acompañó y resguardó a Pérez durante los dos fallidos golpes de estado de 1992. “Lo vi alerta, siguiendo la conversación, escuchando con interés lo que yo decía”.

En una charla telefónica con la AP desde Caracas, Carratú Molina aclaró, sin embargo, que ‘‘tampoco es que esté normal” por las secuelas del accidente cerebro cardiovascular, aunque está ‘‘más fuerte, alerta, más presente” que hace cuatro años, la última vez que lo había visitado en Miami. Dijo, no obstante, que le encontró “alguna limitación para hablar”.

Carlos A. Pérez sueña con regresar a su patria
Gisela Salomon
AP – El Nuevo Herald

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