En una columna que hoy publica el diario “El Mundo” de Madrid, Luis María Anson valora el rescate de Ingrid. También la prensa española dedica sus editoriales al caso.

Esta es la columna de Luis María Ansón:

Publicado en El Mundo

El diario valora también la operación de rescate en su editorial:

Para el diario ABC es el mayor éxito de Uribe en sus años de Gobierno:

La liberación de Ingrid Betancourt ha llenado de alegría a todo el mundo. Su rostro casi vacío de vida en aquellas ignominiosas imágenes de la selva había hecho temer lo peor, lo que extendió el clamor universal por su libertad. Hoy -de nuevo junto a su familia, después de más de seis años de injusto cautiverio- la opinión pública se siente aliviada y reconfortada. Ella ha sido la primera en reconocer, a través de un testimonio conmovedor, su admiración por la tarea del Ejército colombiano, que ha realizado una brillantísima operación de rescate que refleja por si misma la profesionalidad de sus integrantes. El presidente colombiano Álvaro Uribe ha logrado el mayor éxito de todos sus años en el poder. Además de la alegría derivada de la liberación de la ex candidata presidencial, un grupo de militares colombianos y otro de ciudadanos norteamericanos, no es menos importante la certeza de que la narco-guerrilla de las FARC está atravesando unas dificultades que presagian su inminente colapso: descabezada tras la muerte de Tirofijo, penetrada por los servicios de seguridad colombianos, diezmada por las deserciones y con lo que queda de su cúpula temiendo que cualquiera de sus hombres les traicione, ahora que se vislumbra el final del trayecto de los terroristas.

Álvaro Uribe ha sabido mantener la posición correcta en la guerra que le han obligado a mantener los narco-terroristas: intransigencia absoluta en cuanto a los fines políticos que estos pretenden, pero dejando siempre caminos para que puedan optar por salidas personales, como ya se ha visto anteriormente. Las exhortaciones a la paz y a la liberación de los cientos de rehenes que los guerrilleros todavía tienen en su poder son la mejor baza política para un estadista. Uribe no es perfecto, ni puede pretender que esta operación sirva para borrar todas las dudas sobre su pasado, ni las sospechas sobre sus intenciones, pero este es el mejor argumento que puede presentar frente a sus adversarios políticos en Bogotá. Uribe ha demostrado que la firmeza frente al terrorismo es siempre la única respuesta razonable para una democracia. Como les ha dicho a los guerrilleros que aún siguen en la selva al recibir a Ingrid Betancourt liberada, la «seguridad democrática» es «el único camino hacia la paz».

Qué diferencia con las liberaciones apalabradas por Hugo Chávez y la senadora colombiana Piedad Córdoba, que hace las veces de representante civil de los guerrilleros. Estos llegaron a retransmitir en directo la entrega de las prisioneras que las FARC decidieron liberar en diciembre pasado e intentaron por todos los caminos que ese gesto debilitase a Uribe. Después de sus maniobras para tratar de catalogar solemnemente a la guerrilla como «fuerza beligerante», el papel de Chávez se vislumbra ahora en toda su dimensión: ninguna de sus múltiples gesticulaciones en nombre de la paz o de la negociación ha servido para nada. El papel de Piedad Córdoba ante los familiares de los rehenes, a los que ha utilizado miserablemente para sus fines políticos, ha quedado totalmente desenmascarado. Igualmente se ha retratado el Gobierno ecuatoriano de Rafael Correa, «lamentando» que la liberación hubiera sido fruto de la acción del Ejército colombiano, en lugar de lograrla por las negociaciones que ellos decían apadrinar, se supone que con la misma diligencia con la que supervisaban la presencia de los campamentos guerrilleros en su territorio nacional.

La actividad de la guerrilla durará por algún tiempo, pero está claro que no alcanzará ninguno de sus objetivos. La presión de la opinión pública internacional convirtió a Ingrid Betancour -a su pesar- en la prisionera más preciada para sus sucios fines. Es de suponer que ahora que está libre y que es una de las personalidades más conocidas en el mundo, Ingrid podrá convencer a todos los que siguen justificando la existencia de las FARC.

Para El Periódico de Barcelona, Colombia está más cerca de la paz:

La liberación de Ingrid Betancourt, símbolo de la tragedia colombiana, y de sus 14 compañeros de cautiverio constituye un duro golpe para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), guerrilla comunista cuya decadencia ideológica y estratégica, agravada por la muerte de su fundador, el legendario Tirofijo, en abril de este año, se venía manifestando desde hace varios meses con la rendición o captura de algunos de sus más conspicuos dirigentes. El éxito del Ejército colombiano, respaldado por el dinero y la información suministrados por Estados Unidos, confirma que el presidente Álvaro Uribe, escarmentado por los reiterados fracasos de la negociación con la guerrilla en los últimos 20 años, supo forjar una alternativa en torno a la democracia en armas y el creciente respaldo de amplios sectores de la población que rechazaron en las urnas y en la calle el flagelo de la extorsión.

La sacudida revolucionaria en los Andes sufre un significativo repliegue porque la guerrilla ya no cuenta ni siquiera con la retaguardia y la retórica del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien, en un viraje espectacular, instó a los rebeldes a terminar con la industria siniestra del chantaje y vaticinó su incapacidad para conquistar el poder por medio de las armas, considerando que la guerrilla es un anacronismo en América Latina. Como bien sabe el marxista universitario Alfonso Cano, sucesor teórico de Tirofijo, la relación de fuerzas es muy desfavorable para la insurgencia, de manera que la sublevación campesina de los años 60, émula de la gesta de Sierra Maestra, debe abandonar las armas, a favor del combate pacífico y democrático, o resignarse a su lenta pero inexorable extinción.

Reacio a parlamentar con unos rebeldes que pretendían imponer condiciones humillantes para el Estado colombiano (una vasta zona desmilitarizada para el intercambio de prisioneros), el presidente colombiano, Álvaro Uribe, resistió las presiones e incluso las intromisiones de algunos gobiernos extranjeros que, alentados por el activismo trepidante del presidente francés, Nicolas Sarkozy, lo acusaron de ser insensible al calvario de los rehenes y sus familiares. Sería prematuro anunciar el principio del fin de una guerrilla fundada en 1964, pero cabe esperar que el triunfo de la firmeza y la democracia como alternativa acabe por permitir que Colombia supere definitivamente la triste época de la violencia como arma política.

Por su parte el diario catalán La Vanguardia destaca el triunfo de Alvaro Uribe:

Mientras, El País afirma que las FARC van caída libre y que el golpe ha sido devastador:

Con su precisa e incruenta artimaña de comandos, propia de una desbocada ficción cinematográfica, que ha conducido a la liberación de Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes, el Ejército colombiano acaba de asestar a las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia un golpe devastador. La “ofensiva general” que para 2008 pronosticara hace poco más de medio año el jefe supremo de los insurgentes, Manuel Marulanda, ha consistido en realidad en una sucesión de mazazos para la vieja narcoguerrilla, semidescabezada ahora tras la muerte de su número dos, Raúl Reyes, en marzo, en una operación relámpago en territorio ecuatoriano, el fallecimiento del propio Marulanda y los ajustes de cuentas en la cúspide de la organización. Las deserciones continuadas han acabado de colocar en caída libre a una fuerza terrorista que hace sólo ocho años contaba con el doble de efectivos y era capaz de atacar ciudades y de mantener a raya a Gobiernos. Y para la que el rescate de Betancourt puede resultar una humillación insuperable.

Por encima de la estrategia electoral inmediata del presidente Álvaro Uribe -que consigue con la liberación de Betancourt un abultado aval para sus pretensiones de prolongar su mandato o hacerse reelegir por los colombianos-, el regreso a la vida de la ex candidata presidencial plantea la cuestión fundamental de si representará el comienzo de un proceso de paz definitivo que acabe con lo que ha sido una auténtica guerra civil en la Colombia rural durante más de medio siglo. Betancourt, en mucha mejor condición física de lo que todo el mundo suponía, ha demostrado una singular entereza, hasta el punto de que presumiblemente vaya a ser una pieza relevante en la evolución política de su país. No sólo no ha descartado proseguir con la carrera política truncada por su secuestro hace seis años, en plena campaña electoral, sino que está en posesión, además, de un activo tan impagable como el íntimo conocimiento, adquirido en seis años de cautividad, sobre el modus operandi de las FARC, sus puntos débiles y sus resortes decisorios. Su percepción puede resultar decisiva en el rumbo de la confrontación.

No es descartable que una guerrilla tan continuada y sustantivamente humillada intente recurrir a un brote extremo de terror y violencia para legitimar de nuevo su fuelle militar. La hipótesis, sin embargo, parece cada vez menos probable en una Colombia donde las Fuerzas Armadas, con el apoyo decisivo de Estados Unidos, vienen empleando los medios y las tácticas adecuados para mantener contra las cuerdas a sus milicianos. Las FARC deberían entender que ha llegado definitivamente la hora del compromiso, huérfanas ya hasta del apoyo de Hugo Chávez, su más importante valedor de los últimos tiempos. El líder venezolano extendía hace unas semanas el acta de defunción de la organización al señalar como un anacronismo su existencia en un país democrático de Latinoamérica.

Mientras La Razón, afirma que es un triunfo de la Ley:

La comunidad internacional ha celebrado con alborozo la liberación de Ingrid Betancourt y otros catorce compañeros de secuestro, fruto de una impecable operación del Ejército de Colombia que se saldó sin un solo disparo. A la alegría por el feliz desenlace de una tortura que duraba ya seis años se suma la satisfacción de haber derrotado a los terroristas de las FARC, por no haber cedido a su chantaje y por dejar en evidencia a sus aliados políticos, algunos tan poderosos como el presidente venezolano Hugo Chávez. Además, la liberación de Betancourt es el triunfo de la democracia y el Estado de Derecho, por los que el presidente Álvaro Uribe ha luchado con coraje en los últimos años.

La lección principal que se extrae de esta historia con final feliz es que frente a los terroristas sólo cabe la firmeza. Negociar con ellos, concederles el estatuto de honorables interlocutores, pactar y ceder, aunque sea a la más simple de sus exigencias, sólo conduce a legitimarlos y a reconocer su poder. Cosa bien distinta es la intermediación humanitaria, como ha hecho el presidente francés, Nicolas Sarkozy, pues no implica el reconocimiento del delincuente, sino un mero canje. Por el contrario, el populista Hugo Chávez se implicó personalmente en unas negociaciones con sus aliados narcoterroristas con el claro propósito de ridiculizar a Uribe y su política de firmeza. El fracaso del venezolano, que contó con el apoyo del boliviano Evo Morales como su monaguillo, es el triunfo de la ley, la democracia y el Estado de Derecho. El camino correcto es el que ha seguido el presidente colombiano, que renunció a los atajos favorables a los terroristas y supo concitar el apoyo internacional, con Estados Unidos y Francia a la cabeza. La lucha contra el terrorismo, como muy bien se sabe en España, necesita no sólo firmeza policial y rigor judicial, sino también la colaboración internacional. Tanto las FARC como ETA, de cuyas relaciones mutuas se han tenido pruebas recientes, se han beneficiado de la ambigüedad, cuando no de una clara simpatía, de cierta izquierda internacional, que han considerado a estas dos bandas como movimientos de liberación popular. Debido a esta complicidad, los narcoterroristas y la mafia etarra han paseado impunemente sus siglas, sobre todo por Iberoamérica, como si fueran organizaciones honorables. A ello han contribuido, además, que gobiernos plenamente democráticos hayan abierto o apoyado procesos de negociación, lo que ha venido a legitimar la razón de ser de estas organizaciones. No en vano Chávez y sus acólitos pidieron para las FARC el estatuto como «parte beligerante», del mismo modo que hubo ONG europeas que pidieron sacar a ETA de la lista internacional de grupos terroristas.

Por fortuna, éxitos como la liberación de Betancourt sirven para mostrar a la opinión pública internacional la sangrienta brutalidad de unos delincuentes que se escudan en el discurso ideológico de la izquierda radical para perpetrar sus crímenes. Ingrid Betancourt se ha convertido en el símbolo de la resistencia contra el terrorismo, la prueba de que los pistoleros serán, tarde o temprano, reducidos y sometidos a los dictados de la ley. No es casual, y es un gran acierto, que importantes instituciones internacionales hayan propuesto a Ingrid Betancourt, antes incluso de su liberación, como candidata al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, con el apoyo explícito de Woody Allen, Mary Robinson, Vaclav Havel, Simone Veil o Jacques Delors, entre otros.

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