Una crónica de Jaime López, desde Caracas, destaca, en la edición de hoy de El Mundo de Madrid, la “incertidumbre entre trabajadores y clientes” del Banco de Venezuela.

Esta es su crónica:

Son las ocho de la mañana. Una sucursal del Banco de Venezuela (Santander) ubicada en la céntrica avenida Francisco Miranda amanece con relativa normalidad. En la calle, no hay hileras de clientes esperando para entrar a la oficina, aunque dentro un bullicio de rumores y comentarios deja por sentado que no es un día normal en la filial venezolana.

«La verdad es que sí hay más gente que de costumbre, aunque este viernes es principio de mes y todo el mundo viene corriendo para cobrar su nómina y gastársela», comenta con picardía Kevin González, un guardia de seguridad privado.

La sorpresa y la incertidumbre por el anuncio de Hugo Chávez de estatizar la entidad predominaron entre los empleados y clientes del banco. Pablo Pérez, cajero de la sucursal, se mostró incrédulo cuando un amigo le llamó el jueves por la tarde para comentarle la información, pero reconoció que, desde hace días, el rumor de la posible venta era persistente. «Ahora, lo que toca es estarse tranquilo y esperar», dice Pérez, quien no tiene intención de abandonar su trabajo aunque el Gobierno compre el banco. El cajero enumera los jugosos bonos navideños que paga la Administración desde que Chávez está en el poder y algunos beneficios laborales que da a los trabajadores públicos.

Naya Delgado, una guapa caraqueña de 25 años, espera en una de las filas a que le toque su turno. Por delante hay más de 10 personas y, de cuando en cuando, mira su reloj con cara de premura. «Soy cliente del Santander desde hace más de tres años. No voy a cerrar mi cuenta, aunque sí quiero retirar unos ahorritos para guardarlos en mi casa. ¡Nunca se sabe!», destaca Delgado, que trabaja en un pequeño restaurante de comida.

Después de anunciar la compra de la filial del Santander, Hugo Chávez señaló que «Venezuela tendrá de nuevo el control de un banco para el pueblo» y que pedirá asesoramiento al banco estatal Caixa Económica Federal de Brasil -el segundo más grande del país- para crear un verdadero «banco socialista».

Julio Morón, otros de los clientes del banco, no entiende mucho el «socialismo del siglo XXI», pero sí sobre teléfonos móviles de última generación y ropa de marca. Crítico visceral del Gobierno, Morón no quiere guardar su dinero en un ente estatal ni aunque le paguen. «En cuanto supe la noticia, me quedé de piedra. Me levanté a las siete de la mañana para venir corriendo a cerrar mi cuenta», dice con rostro trasnochado mientras contesta un mensaje con su Blackberry.

El criterio de Tony Sousa, otro de los clientes, es muy distinto. Aunque sólo conoce la noticia por los periódicos, no tomará ninguna decisión hasta consultar con unos amigos que trabajan en el Gobierno: «Lo mejor es asesorarse y preguntar bien. Nunca se sabe cómo te puedes beneficiar».

El Banco Central de Venezuela emitió un comunicado para tranquilizar a los inversores y destacar que el sistema financiero operaba ayer de «manera satisfactoria y con solidez». También recordó que la nación posee reservas por más de 30.000 millones de dólares, un «flujo de circulante satisfactorio para atender los requerimientos de pago indispensables para las actividades de producción, distribución y consumo».

Por otro lado, una análisis del mismo diario destaca que “la banca venezolana está en alerta por el nuevo competidor estatal”. Esto es parte de lo que dice el mismo Jaime López:

El nacimiento de un megabanco socialista, manejado por el Gobierno venezolano, mantiene en alerta a todos los banqueros del país. Tienen razones para ello. La filial venezolana del Grupo Santander es una de las cuatro grandes entidades, con una base de tres millones de clientes y 283 oficinas que, sumada al resto de bancos estatales (el Banco Industrial, Banfoandes, Banco del Tesoro y Banco Agrícola), daría origen al grupo financiero más relevante de Venezuela.

Una vez se concrete su nacionalización, el Estado manejará el 16,44% del total de créditos de la banca y el 24,38% de los depósitos. Banesco, la institución que le seguiría en tamaño, controla el 15,26% de créditos, y el 14,14% de los depósitos.

La creación del gran banco también absorbería todos los fondos que el Gobierno tiene depositados en el sector privado, lo que supondría, según algunas fuentes, la retirada del 30% de los pasivos totales de la banca, unos 7.000 millones de dólares; así como el pago de nóminas de ministerios, gobernaciones y alcaldías.

«El principal problema de competir contra un banco público es que el Estado -y más uno petrolero- tiene la capacidad de subsidiar, reducir sus márgenes de rentabilidad y concentrar todos sus activos en una sola entidad», explicó Jose Manuel Puente, catedrático de Economía del IESA y experto en temas financieros.

Maza Zabala agregó que la principal incógnita que planea sobre el sistema financiero es si la compra de la filial del Santander es un «hecho aislado» o «el inicio de una política financiera que tenga como fin tomar posesión de otras entidades para extender el poder del Estado a todo el sistema bancario».

El banco español Banco Bilbao Vizcaya (BBVA), cuarto en el ranking bancario por detrás de los venezolanos Banesco y Mercantil, sería uno de los grandes perjudicados. El Estado venezolano concentra cerca del 45% del PIB, cuando la proporción histórica en Venezuela siempre ha sido de un 70% del sector privado, frente al 30% del público. También emplea al 45% de la fuerza laboral del país.

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