
Vladimir Villegas da hoy su opinión, en su columna de El Nacional, sobre las Leyes Habilitantes y la forma en que fueron aprobadas.
Esta es su columna:
La aprobación de las 26 leyes habilitantes por parte del Gobierno y las acciones emprendidas por la oposición para tratar de derogarlas ameritan algunos comentarios, más allá del fondo de cada de uno de estos textos legales que introducen importantes modificaciones en áreas prioritarias. No importa que hayan transcurrido varias semanas de esos anuncios. El asunto tiene mucha vigencia.
El primer comentario tiene que ver con la forma como fueron aprobadas. El artículo 203 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela faculta a la AN para que delegue en el Presidente la responsabilidad de dictar leyes sobre materias previamente determinadas por el Parlamento, y en un período determinado. Desde ese punto de vista es inobjetable que el jefe del Estado, como ha sido costumbre en los últimos 50 años, puede ser habilitado para legislar, en las condiciones ya descritas.
La oposición estima que esas 26 leyes tienen por objeto meter como contrabando legislativo algunas de las materias que fueron rechazadas en las propuestas de reforma sometidas a consideración del electorado en diciembre del año pasado. Allí habría que detenerse en el análisis de cada una de estas leyes, para determinar si desde el punto de vista jurídico alguna de ellas ciertamente va en contracorriente de lo que fue la voluntad popular expresada mediante el voto.
Si el Gobierno escogió el camino de la reforma constitucional y la mayoría del pueblo no lo acompañó lo lógico es que no se apruebe una legislación que de manera encubierta ignore lo que fue una manifestación democrática de la mayoría, compuesta en este caso por buena parte del electorado chavista. Ese es un aspecto.
El otro tiene que ver con el mecanismo habilitante en sí. Para leyes que implican una modificación sustancial del orden socioeconómico, y dentro de lo que pauta la Constitución, me inclino por la vía de la consulta.
Si la idea es promover la transformación socialista de la sociedad no creo que eso se logre por la vía habilitante.
Allí diría que lo importante no es sólo el destino final sino la ruta en sí misma. La ruta democrática y participativa es la que debe ser privilegiada en cualquier proceso de transformación, para que éste sea real y sobre todo duradero. Lo otro es rendirle culto al mesianismo, lo cual va en dirección contraria al modelo de sociedad que uno se imagina, donde el poder resida en el pueblo, más allá de la retórica.
Entonces la forma es tan importante como el fondo, y quizás lo determina.
También amerita un comentario la conducta de una oposición que se resiste a actuar con criterio responsable. Dudo que la mayoría de los líderes o aspirantes a líderes de la oposición se haya molestado en leer el texto de cada una de estas 26 leyes, y me atrevo a pensar que más de uno habrá salido a llamar a protestar contra un paquete que ni siquiera ha pasado por sus manos.
Y qué decir del ciudadano que se limita a creer o repetir lo que dicen los medios, públicos o privados. Esto explica por qué una señora de clase media se indigne y le lance un paquete de arroz a Eduardo Samán, presidente de Indepabis, por el hecho de que éste promueva operativos, en el marco de una de estas leyes, para resguardar derechos de los consumidores y contrarrestar la especulación.
En medio de las consignas a favor o en contra, la mayoría, incluido el liderazgo político opositor o del Gobierno, desconoce a fondo el texto de unas leyes que deben ser leídas antes de ser cuestionadas.
La incondicionalidad nos tiene fritos. Incondicionales a favor del Gobierno que prefieren aplaudir cuando el deber es criticar, e incondicionales en contra, que son capaces de rechazar incluso leyes que vayan a favor de las mayorías, porque al chavismo no hay que darle ni agua. Qué mal andamos.
Las habilitantes, la forma y el fondo
Vladimir Villegas
El Nacional
