La fila de una hora para adquirir productos de la cesta básica es un precio que cada día más venezolanos están dispuestos a pagar para impedir que buena parte de su salario se esfume comprando alimentos, que subieron casi un 50% en los últimos doce meses.

Fotos: Pedro Rey – AFP

“Prefiero hacer cola que ir al supermercado. Antes gastaba 250 bolívares (116 dólares) al mes y ahora me bastan 100 (40 dólares)”, dice Fátima Taveras, una joven ama de casa caraqueña, que hace 50 minutos espera su turno para adquirir víveres básicos a precios subsidiados por el gobierno. Casada con un obrero de la construcción que gana un salario mínimo de 372 dólares mensuales, esta madre de dos niños no falta a ninguno de los mercados a cielo abierto que cada quince días el gobierno organiza en su comunidad, a pocos metros del palacio presidencial de Miraflores.

Pollos, margarina, mortadela, mayonesa y aceite de Brasil, leche argentina, frijoles negros de Nicaragua, arroz, quesos y huevos de producción nacional a precios rebajados hasta la tercera parte del precio fijo regulado por el gobierno son vendidos en estos mercados populares.

Germán Ruiz, empleado en un pequeño taller de artes gráficas, confiesa que “ésta será la primera vez que compre en Mercal”, nombre de la red gubernamental de mercados populares. “Gasto casi el 70% de mi sueldo en comida, por eso decidí probar cuánto puedo ahorrar aquí”, indica Ruiz, quien con 1.395 dólares al mes mantiene a una familia de seis personas.

Aunque en mayo el gobierno ajustó el salario mínimo en 30%, los costos de los alimentos básicos acumulan ya 49,9% de inflación en el último año.

Esto ha provocado que cada vez más habitantes de los barrios acomodados acudan a estos mercados gubernamentales, en especial cuando en los supermercados comunes falta leche, azúcar o huevos.

“Visito entre siete y ocho lugares distintos a la semana y también voy a Mercal”, dice a la AFP Alberto Ponte, un pensionado que ocupa su tiempo recorriendo varios mercados en busca de ofertas y de ciertos productos para su casa y las de sus cuatro hijos situadas en la rica zona este de Caracas.

En el primer semestre del año, Venezuela ha importado más de 4.000 millones de dólares en alimentos, una cifra dos veces mayor que la del mismo período del año anterior, según la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI).

“Mercal es Venezuela porque surte al pobre, al rico y al de clase media” asegura Johnny Galagarraga, conductor de un camión que carga pollos congelados de hasta siete kilos comprados en Brasil.

Las cantidades que se pueden adquirir por familia en los mercados gubernamentales están limitadas. “No es racionamiento, sino una orientación para que alcance para todos”, justifica José Mendoza, miembro del equipo de voluntarios “Solidarios como el Che”, quienes ayudan a organizar la venta de alimentos.

Ello no impide, sin embargo, que algunas personas intenten hacer la fila dos veces o envíen a sus hijos por separado para hacer más de una compra.

En los mostradores de Mercal, las marcas de alimentos que aparecen en la publicidad de la televisión son sustituidas por paquetes con ilustraciones sobre los logros del gobierno del presidente Hugo Chávez.

Estábamos acostumbrados a elegir marcas pero ahora compramos lo que hay. Si no hay carne de vaca compramos pollo, lo que importa es tener algo para comer”, dice Luz Blanco, una manicurista de 34 años.

Del lado de la oferta, los vendedores se quejan de la competencia desleal que lleva a cabo el gobierno con estos mercados populares financiados por los gigantescos ingresos petroleros de Venezuela. “No podemos competir“, lamenta un vendedor de legumbres del mercado de Guaicaipuro de Caracas.

“¡Qué liberen los precios para que aumente la oferta!”, pide el carnicero José Alto, considerando que el socialismo que predica Chávez “se lo va a comer la inflación”. Transeúntes pasan frente a puestos de venta ambulantes de alimentos en Caracas

Venezolanos buscan la forma de comer sin vaciarse los bolsillos
Por Patricia Torres CARACAS (AFP) © 2008 AFP

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