Esta es la columna de Pablo Aure en el diario El Carabobeño.

País al garate

Es archiconocido que ningún otro gobernante venezolano había manejado tantos recursos económicos, como los que hasta el presente ha manejado Hugo Chávez en los siniestros diez años de su mandato. Recordemos: no sé si fue por fortuna o por desgracia, que apenas llegó el teniente coronel al poder, el barril de petróleo se disparó de diez a setenta dólares, y hoy ronda los cien. Son aproximadamente setecientos mil millones de dólares estadounidenses los que ha derrochado y todavía los venezolanos padecemos de males propios de países muy pobres.

Lo del derroche no es exageración. Para muestra un botón: este año hemos tenido severos apagones eléctricos porque la revolución, de acuerdo a las declaraciones dadas en cadena nacional por el propio jefe de Estado, “no ha ido a la velocidad requerida”. Chávez confesó su ineptitud para gobernar este país, pues fue incapaz de imaginar que era necesario darle mantenimiento a las fuentes generadoras de energía eléctrica existentes, o ampliarle su potencial, amén de que en las empresas del sector se había adiestrado un personal de técnicos e ingenieros de los que no se podía prescindir caprichosamente sólo porque no profesaran la militancia rojita.

Pero lejos de cuidar y mantener eso, lo que se ha logrado es la destrucción. Ejemplos sobran, Planta Centro, una obra maestra de la ingeniería venezolana (muchos ingenieros electricistas y mecánicos profesores de la Universidad de Carabobo, por cierto, contribuyeron en esa monumental obra) hoy día está convertida en chatarra. No se les ha ocurrido a los chavistas proteger ninguna de dichas obras hechas por los gobiernos anteriores, porque, como ya sabemos, son incapaces (puro militares en cargos de infraestructura) y lamentablemente en sus mentes lo que prima es el resentimiento, los complejos y la retaliación, que conducen al sectarismo y a la ineficiencia.

Discursos con una carga de profunda demagogia es lo que escuchamos. Aparentan preocuparse por los pobres, pero a la vez, cuando el inexorable tiempo mande a sus cobradores con las facturas por la ineptitud y la corrupción, serán los mismos pobres los que tendrán que pagar lo que consumió este desastre revolucionario. Quizá ahorita -y no todos- estén recibiendo algunas dádivas gubernamentales, mas, como dice el adagio criollo, “eso es pan pa’ hoy y hambre pa’ mañana”. Chávez enamora a los pobres con su verbo aderezado con las limosnas porque el barril de petróleo está por las nubes y se lo ha permitido; y aunque le falte poco, todavía el país, gracias al sector privado, no ha colapsado del todo.

Haciendo aguas

Venezuela se mantiene a pesar de Chávez que busca hundirla, pero flota. No sé hasta cuándo soportará tanto lastre, pero no es necesario ser un prestidigitador para asegurar que de un momento a otro la nave comenzará a hacer aguas. Se siente cómo traquean las bases institucionales. Existe una extraña, pero imaginable, sensación de explosividad en el ambiente. A lo lejos se percibe. O quizá no tan lejos, pero se escuchan los susurros. Ese pobre, a quien Chávez dice defender, ya se está dando cuenta de que el cuento de la revolución es pura paja.

Por muy ignorantes que Chávez crea que son, ellos, los pobres (sobre todo los venezolanos) no son tontos y ven con malos ojos la regaladera de plata a otros países que sin control alguno hace Chávez, cuando los hospitales nacionales no sirven para nada. Los pobres, que a Dios gracias, tampoco son olvidadizos, no se explican cómo puede ser posible que el año pasado a Nicaragua, luego de la toma de posesión de Daniel Ortega, Hugo Chávez le haya regalado 32 plantas eléctricas para mejorar el servicio eléctrico de ese país, y así evitar los continuos y desestabilizadores apagones que allá ocurrían.

Tampoco encuentran explicación para que a Bolivia nuestro presidente le haya donado 179 patrullas para la policía, y en nuestra nación donde los atracos y homicidios son pan de cada día en las calles; las policías venezolanas no tienen vehículos apropiados para el patrullaje. El pueblo sí entiende y asimila. Pero la táctica de este gobierno es empalagar artificiosamente a las clases pobres incitándoles y permitiéndoles destruir e invadir lo ajeno.

Eso lo aplaude la revolución, porque no le cuesta nada y los hace ver como benefactores del pueblo, en desmedro, desde luego, de la producción nacional y de la inversión privada nacional e internacional, que a la larga es la que verdaderamente genera empleos estables y riqueza. Ya los capitales extranjeros han huido despavoridos. Ni de casualidad se atreverían a invertir en un país donde no hay seguridad de ningún tipo y por tal motivo es una de las naciones latinoamericanas con el más alto índice de riesgo país.

Discriminación

Averigüen cuánto es el sueldo de un juez, o de un fiscal, y compárenlo con lo que gana un médico del sector público o un profesor universitario. Ni hablar de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia o de los rectores del Consejo Nacional Electoral, cuyos sueldos y bonos agregados son multimillonarios. Tampoco les diré, porque ustedes lo tienen claro, cómo se llega a esos cargos y cuál es la misión de subordinación que los condiciona. No es el currículo, por cierto. No son sus estudios ni la preparación intelectual lo que cuenta, lamentablemente. Ya lo sabemos, a ellos lo que se le evalúa es la capacidad de sumisión a las órdenes del comandante Hugo Chávez.

Según nuestra Constitución, en ningún ámbito de la sociedad puede haber discriminación. El ascenso a los cargos y su remuneración debe ser acorde con la preparación del aspirante y el grado de responsabilidad. Esto, bajo la conducción del régimen chavista ni remotamente es así.

Pregunten ustedes si existe algún pasivo laboral del Estado con los militares o con los jueces y fiscales en este país. Me canso de toparme con empleados públicos, como maestros, médicos, enfermeras y enfermeros, profesores universitarios, que llevan cinco y más años sin recibir sus prestaciones sociales por haber servido al país -y en algunos casos incluso se les deben aumentos decretados por el mismo Ejecutivo Nacional- aun cuando nada puede justificarlo dado el chorrerón de ingresos petroleros y la generosidad con que Chávez hace donaciones a diestra y siniestra.

Me cuentan que basta que un magistrado, fiscal o militar oficial se retire para que al día siguiente tenga en caja su jugoso cheque de prestaciones sociales. Claro. Este gobierno los necesita en la palma de la mano para blindar sus fechorías. Pero a los demás servidores se les retardan sus pagos de tal manera que cuando los vienen a recibir, ya están devaluados y para muy poco les sirve. Triste realidad.

Vía El Carabobeño.

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