A Gerardo, el nombre de este intrépido nadador que dijo ser español, no pareció importarle ni el mal tiempo ni el aspecto turbio de las aguas del foso del Palacio Imperial de Japón

Tal y como vino al mundo y con más valor que complejos el hombre decidió darse un chapuzón en tales aguas ante la atónita mirada de policías, curiosos y turistas.

Con los pies en tierra firme y las manos en un megáfono prestdo por los policías, otro hombre que le gritaba: “Gerardo, no te van a arrestar, por favor, estate quieto”; pero la petición no hizo efecto inmediato y Gerardo siguió chapoteando un rato más hasta que decidió salir del agua escalando, a mano desnuda, ocho metros de muro. Arriba, le esperaba la policía.

Vía Atlas

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