El diario boliviano “El Mundo” publica hoy un artículo escandaloso sobre la vida sentimental de Evo Morales, con una hija de por medio. Igualmente, ayer una presunta ex novia del mandatario lo describió como “un hombre tierno, apasionado y muy respetuoso”, en una entrevista que ofreció al diario mexicano “Reforma”.

CRONICA DE LA NOTICIA DE REFORMA

El presidente de Bolivia, Evo Morales, mantuvo hasta el año pasado una larga relación amorosa con una activista de los derechos de la mujer del Estado mexicano de Querétaro, aseguró ayer el diario Reforma.

“Deja Evo un amor en Querétaro”, titula el corresponsal del periódico en ese Estado en una noticia que aparece en primera plana de la publicación.

La información viene acompañada de una foto del mandatario boliviano, visiblemente más joven, sentado en una mesa junto a la joven, de nombre María Luisa Reséndiz, en actitud cariñosa.

Según el rotativo, el romance comenzó en 1993 en Guatemala, donde ambos coincidieron “en una ceremonia con hoja de coca y donde fumaron la pipa de la paz”.

“Ya en el aeropuerto (al partir) me pidió mi dirección”, confesó al diario Reséndiz, que sostiene que el amor surgido entre ambos hizo que Evo visitara Querétaro en 1998.

La pareja aprovechó aquel viaje para ir a Puerto Escondido, una paradisíaca localidad de la costa del Pacífico situada en el Estado mexicano de Oaxaca.

Reséndiz es originaria de la comunidad de La Loma, en el municipio de El Marqués, de ese Estado mexicano.

La joven aseguró al periódico que Morales le propuso en algún momento irse con él a Bolivia pero ella prefirió quedarse en México.

“Ahorita está muy ocupado, pero la última vez que hablamos me dijo: ‘Te estoy esperando, estoy soltero’, pero no”, manifestó María Luisa entre risas, según Reforma.

El supuesto amor de Morales dijo que conserva cartas del gobernante, al que recuerda como un hombre tierno, apasionado y muy respetuoso.

“Verlo como presidente de Bolivia -declaró- es una gran satisfacción”.

“Él logró lo que quería y yo siempre lo animaba a que siguiera, a que luchara. Él decía: ‘No eres como las mujeres de acá (en referencia a Bolivia), porque las de acá siempre me desalientan y tú no, tú me animas, me levantas la moral. Era un apoyo”, relató al diario mexicano.

Evo Morales Ayma nació hace 47 años en una pequeña villa del altiplano andino denominada Orinoca, es soltero y tiene dos hijos de mujeres distintas.

Semanas antes de convertirse en el primer presidente indio de la nación sudamericana, el 22 de enero pasado, la prensa boliviana conjeturó con la posibilidad de que Evo contrajera matrimonio para darle al país una primera dama.

Sin embargo, Morales afirmó que su único amor es Bolivia y que sus obligaciones como jefe de Estado le absorben tanto que no tiene tiempo para emparejarse.

Infobae, Argentina

ARTICULO PUBLICADO HOY EN EL MUNDO DE BOLIVIA

El periodista argentino Martín Sivak, en un reportaje titulado Un viaje con Evo Morales, publicado en julio en la revista Play Boy, reveló que en 1995 Morales le contó que estaba enamorado y que se iba a casar. Después de tantos años, ahora que es Presidente, Sivak le preguntó qué pasó.

Evo le respondió: “Fue la única vez que estuve cerca de casarme. Pero el compañero David (Choquehuanca) –que es Canciller de la República- me convenció de que no me casara. No me casé y ya no creo que me case. Además yo estoy casado con Bolivia. Yo alguna vez me dije: tanta gente me quiere, pero no me quiere una mujer (se ríe). Y eso pasaba en la década del 90. Yo proponía matrimonio y me decían: No, a vos te van a matar. Te van a meter en la cárcel”.

Sivak le preguntó quién le dijo eso. Evo le respondió: “Algunas compañeras de la clase media, de la clase profesional. Y nuestras compañeras también me decían: Yo me quiero casar pero para estar todo el tiempo contigo. Y es difícil. Imaginate salir a las cinco de la mañana y la dejas ahí botada en la cama”.

Evo confirmó que 1995 fue el año en que decidió casarse con una mujer que era licenciada en pedagogía, pero que fue ella quien al final no quiso porque temía quedar viuda debido a que era evidente que la lucha por la coca le hizo ganar enemigos, que amenazaban con matarlo. “Y se acabó la relación. Somos amigos. No fue una ruptura brusca, fue conversada”, aclara Morales pero manteniendo el nombre de su ex novia en la más severa reserva. “El amor es buscar la libertad de la compañera. Si ella no quizo vivir con el temor de que me maten o me lleven a la cárcel, yo respeto mucho su decisión, su libertad. No hay mal que por bien no venga”, remata con una voz acompañada por movimientos de su cuerpo que muestran una incomodidad evidente por haber estirado demasiado la lengua para revelar los secretos de su corazón.

A pesar de que la vida sentimental del Presidente ahora tiene un blindaje protector, desde antes que asuma el mando de Bolivia se han ventilado diversas historias de color rosa que se suman a las varias declaraciones que dicen que Evo sabe disfrutar de los placeres de la carne y que en secreto le es infiel a Bolivia, a la que él considera su esposa después de haber dicho el 22 de enero de 2006, cuando juró a la presidencia, que se casaba con la nación, no con una mujer de carne y hueso, porque su agitada agenda le impediría cumplir con los deberes maritales.

A pesar de que el entorno del presidente trata de ocultar como un secreto de Estado que Nieves Soto, una cholita de 25 años que vive en Chapare, es la última amiga íntima del Presidente, la prensa boliviana ha volcado sus ojos sobre ella y no se los ha desprendido hasta encontrar algunas evidencias para especular sobre un posible romance.

En uno de sus viajes que hizo Evo a comienzos de 2006 a Chapare para inaugurar la oficina de una entidad financiera (algo impensable hasta el año pasado), el diario La Razón de La Paz publicó que Nieves Soto apareció en la alcaldía de Villa Tunari, donde Morales se encontraba. “Vestía una blusa de encaje blanco y una pollera azul corta que dejaba ver sus delgados muslos. Ella llevaba varios platos de pescado, cubiertos cuidadosamente con bolsas de plástico para evitar que la lluvia tropical los mojara. Poco después, Soto desapareció del edificio, siempre con el fin de no llamar la atención. Más tarde, luego de que el Presidente cumplió su agenda, ella abordó el avión presidencial con destino a la ciudad de La Paz”.

Este informe de prensa también da cuenta que algunos dirigentes cocaleros de Eterazama, donde vive Soto, admitieron que Morales conoce a los padres de ella y que antes de las elecciones nacionales ambos compartían una vivienda cuando el entonces candidato visitaba a la población. Según una fuente de Palacio de Gobierno, algunas mañanas los pasillos del edificio sienten los pasos de la joven de “pícara sonrisa” llevando personalmente el desayuno al despacho del Presidente, lo que pone en evidencia que los cuidados de Soto a Morales son evidentes.

Para evitar que su vida privada salga a la luz pública, el 2001 Evo Morales había intentado callar a la prensa nacional con una respuesta firme: “¿Quién no tiene un amor en esta vida?” Pero el tiro le salió por la culata porque el morbo aumentó más. Ante tanta insistencia, dijo que su enamorada era una compañera cocalera menor que él que lo había conquistado por su apoyo permanente en la lucha sindical, que se veían cada tres días y que él no se consideraba celoso porque tenía mucha confianza en sí mismo.

Un año después (2002), igual en Chapare, aquel lugar vestido de verde ardiente y sopado de una humedad típica de los bosques tropicales, la chismografía que empezó a tejerse sobre una supuesta relación entre Evo y Margarita Terán, una mujer de 20 años que ya había sido elegida dirigente cocalera, es ya una historia clásica de un amor que, según dicen las malas lenguas, trató de ser escondido a toda costa para no poner en riesgo la revolución cocalera que se gestaba en contra de los gobiernos de derecha y de la Casa Blanca de EEUU, puesto que no era prudente que estén hablando por ahí que mientras los miles de campesinos estaban en posición de apronte, el Evo y la Margarita anden ventilando su idilio sin pudor.

Aquel año, cuando ninguno de los chamanes, astrólogos, analistas políticos y saca suertes, que aumentaron como hongos en Bolivia desde que las crisis económicas de EEUU, Brasil y Argentina salpicó al país más pobre de América del Sur, pudo vaticinar que Evo ascendería a Presidente dentro de cuatro años, éste hacía esfuerzos para evitar tener una apariencia de un Don Juan sin remedio, de un sujeto apestado por las tantas cholitas que, al igual que los hombres, estaban entregadas en cuerpo y alma a la guerra sin cuartel que sobrellevaron en Chapare por casi dos década para evitar que los gobiernos erradiquen la hoja de coca. Una tarde ardiente de aquel 2002, uno de los más sangrientos que se registró en Chapare (murieron 15 personas, entre cocaleros y militares, según la Defensoría del Pueblo), Evo Morales estaba sentadito en la sede de los cocaleros en Villa 14, en estado de apronte, pero no desesperado, pendiente de que los policías y militares enviados por el ex dictador y presidente de Bolivia Hugo Banzer Suárez, no rompan el cerco humano de campesinos que estaban dispuesto a dar su vida en aquella guerra. Junto a Evo estaba el fotógrafo David Sapiencia, que con su natural vocecita amigable procedió a entablar una conversación atípica, (nada de muertos, ni heridos), sino, de mujeres. Sapiencia se dio cuenta de que los ojos bailarines de Evo se habían detenido en una cholita bonita que posaba, quizá sin darse cuenta, para el ahora primer mandatario de Estado. ¿Es muy linda no?, le disparó Sapiencia a Evo, en espera de que éste, en un arrebato de sinceridad le confiese que de ella, de la Margarita Terán, la cholita más regia de Chapare, está enamorado como un becerro y que, después de sus luchas sindicales, era su segundo motivo para vivir. Pero Evo le respondió con otra pregunta: ¿Te gusta?, y remató con una propuesta que aquella tarde le sonó a Sapiencia algo indecente: ¿No quieres agarrártela? Pero el fotógrafo llegó a pensar que era una estrategia pendeja que utilizaba Evo para que a través de él corra la voz, primero en Chapare y después por todo el país, que con Margarita Terán no tiene nada que ver, que las habladurías eran sólo eso, meros inventos por gente sin oficio.

A decir verdad, el fotógrafo nunca los vio en una situación comprometedora, su lente de su cámara jamás pudo registrarlos haciéndose cariñitos. Fue Oscar Guaigua, un reportero de periódico que el 2002 había llegado desde Oruro a Chapare para cubrir los enfrentamientos, que una noche sin luna, como a las once o doce, los vio agarraditos de la mano, acaramelados, ocultos por la penumbra que inundaba la triste plazuela de Villa 14, esa que los días de sol se pone insoportable debido a su falta de árboles. Lo que Evo nunca pudo ocultar fue aquella lejana relación con una ex dirigente del movimiento político Eje Pachakuti, la orureña Francisca Alvarado, una chola de polleras y de trenzas largas, tan morena como Morales y de una voz calmada, como dando a conocer que estuviera en paz consigo mismo, que después de varios años de haberse disuelto la pasión, ella le desató sus feroces truenos. Se conocieron en 1992 en uno de los tantos curso de formación política que organizaba por todo el país el Eje Pachakuti con miras a derrotar a las oligarquía boliviana. Se siguieron viendo en congresos y ampliados sindicales. Un año después, (1993) Francisca Alvarado, que había cumplido los 19 años, se fugó de su casa de Purgajta, un pueblito remoto del altiplano, porque no aceptaba la orden de sus padres de estudiar solamente hasta tercero intermedio.

En algún momento, dice, su familia la llegó a desconocer porque su hambre por salir bachiller (lo consiguió en Oruro el año 1999) no eran compatibles con la cultura de que las hijas jovencitas, mientras no se casen, tenían que estar pendientes del papá y de la mamá. Es así que se trasladó a Oruro, empezó a trabajar como reportera en una radioemisora y a viajar por todo el país, lo que le permitió ver con mayor frecuencia a su enamorado, al Evo, que la esperaba emocionado, como capitán de barco ansioso por pisar tierra firme después de un naufragio, unas veces en Chapare y otras en la ciudad de La Paz. En 1994 quedó embarazada y Evo Morales recibió la noticia con asombro, al mes de lo ocurrido. A pesar de ello, Francisca dice que nunca llegaron a vivir juntos y que él le destrozó el corazón haciéndose el que yo no fui, el del otro viernes, el chancho rengo, al negar la paternidad.

“Él es bien frío, no es sentimental. No es un hombre de familia, eso nos ha distanciado”, dijo con una voz glacial que le lastimaba su garganta como si fueran puntas afiladas de hielo.

A su hija, Francisca le puso el hombre de su padre, pero en versión mujer: Eva, y le agregó otro, también corto: Liz. “Con zeta al final”, aclara. Cuando la niña tenía cinco años, su madre denunció que Morales se negaba a reconocerla y a pasarle un monto de dinero para su manutención.

Después de siete años de juicio, el 2 de octubre del 2002, la niña fue reconocida y Evo Morales se comprometió a destinar para Eva Liz 150 dólares mensuales, una suma que para ella no es suficiente.

Mucho antes de eso, cuando la niña tenía un año y cuatro meses, Francisca recuerda que llevó a Eva Liz a La Paz, a la casa de Evo, para que él la conozca y para que la niña sienta el calor paternal. Ese había sido el único contacto entre padre e hija, hasta finales de 2005, que fue cuando Alvarado dio esta entrevista.

Eva Liz sólo conocía a su papá por la televisión y, según su madre, la niña se quejaba de que Morales no la llamara nunca para saber si estaba sana o enferma. “Cuando el Evo llega a Oruro los canales de televisión lo entrevistan y mi hija, al verlo, dice: “El Evo está aquí”, no le dice papá, dice, “ese hombre no debe ser mi papá, porque si fuera mi papá, me llamaría”.

Todo ello ha influido para que Francisca Alvarado llegue a pensar que Evo no es un hombre para tener familia, porque cree que está acostumbrado a estar solo y que no le interesa si sus hijos se alimentan o no, con tal de que él esté bien. Le echa en cara que los principios humanos tienen que empezar a ser practicados desde la casa porque si no se empieza a luchar desde el núcleo familiar difícilmente se podrá pelear por otra gente, por los niños desamparados.

La mujer vuelve a la carga: “Evo tiene que ser consecuente con su discurso y no hablar una cosa y después hacer otra”.

El ex asesor del Presidente, el que puso en evidencia que Evo tiene un hombre que le apaga los incendios que encienden sus pasiones, lanzó un dato que dice que podría empezar a cambiar la imagen. Pocos días después de que Evo Morales empezó a gobernar Bolivia, cuando la adrenalina por el triunfo del 18 de diciembre seguía brotando por cada hebra de los cuerpos de los allegados al nuevo Gobierno, ingresó a Palacio una niña menuda, morena y de cabellitos negros, agarrada de la mano de una persona mayor, y subió por las gradas históricas y se metió en los angostos pasillos sin ventilación de la casa de Gobierno hasta encontrar a su padre que por aquellos días ya era noticia mundial.

El ex asesor se ríe de las decenas de periodistas que emborrachados por la noticia política, a la que ellos la llaman de cruda y dura, no se percataron de que Evo Morales y Eva Liz Morales se reconciliaron cuando enero del 2006 agonizaba y en Bolivia las clases populares y los intelectuales y izquierda creían que un mecías llegaba a la Presidencia para calmarles el hambre, generar empleos y terminar con la discriminación y las injusticias.

Hace 12 años, cuando Evo aún no era la vedét de muchos países de Europa, Asia, África y América Latina y de los medios de prensa internacional, Francisca Alvarado, que entonces estaba enamorada de él, dice que escuchaba que la gente se daba cuenta de que Morales no leía ni los periódicos y no era un sujeto preparado para liderar a las masas. Por ello, tomando en cuenta que en las comunidades campesinas se fijaban en todo eso, recuerda que ella le aconsejaba, como maestra que se preocupa por su alumno más querido, que tiene que leer, que si tiene acceso a libros que aproveche.

“Yo en ese tiempo pensaba que un hombre necesitaba apoyo moral, por eso le hablaba de esa manera, en algún momento él me hacía caso y leía, me decía que estaba haciendo tal cosa”. Como prueba de que ella siempre pensó que el estudio libera al ser humano, afirma con un tonito de orgullo, que salió bachiller en 1999 en Oruro y está cursando el cuarto año de Derecho en la Universidad Aquino de Bolivia.

Francisca Alvarado admite que le tiene un “odio personal” al padre de su hija, no tanto por haber negado la paternidad y haberse hecho el opa con la pensión que exige la ley. Sino porque para amedrentarla, (eso ella cree), para que desista del juicio que le estaba siguiendo a Evo y para que de una vez por todas deje de joderlo, puesto que un escándalo de faldas corría el riesgo de quitarle puntos en la campaña electoral, intentaron secuestrar a Eva Liz cuando ambas, madre e hija, estaban haciendo compras en el mercado central de Oruro.

Alvarado se atreve incluso a dar el nombre de la mujer que pretendió arrebatársela a su niña por la fuerza: “Fue Esther, la hermana de Evo la que me la quiso quitar”.

Se calla unos segundos, como disfrutando el haber delatado el escondite de un prófugo, mete aire a sus pulmones y remata su ofensiva contra Evo: “Pensaban que con el intento de secuestro yo me iba a quedar sin hacer el proceso judicial, lo que querían era intimidarme, pero no lo han conseguido.

(Fuente : Línea Capital)

Publicado hoy en El Mundo (Bolivia)

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