Orlando Viera-Blanco, en su columna de hoy expone el papel político de la oposición venezolana y se pregunta ¿Por qué este afán de dedicarle un esfuerzo intelectual a la torpeza opositora?

Esta es su columna completa:

De las formas de hacer política y sobre los modos de generar credibilidad de la polis, hay mucha literatura. Muchas veces hemos citado los postulados de Platón y su spoude, que no es otra cosa que seriedad y voluntad de sacrificio en los actos que preceden la búsqueda del poder. El clásico areté de la antigua Grecia que supone gallardía, señorío y esbeltez en el accionar político, quiero decir, expresión de rectitud y honestidad cuyo valor antepone lo colectivo (la familia diría Aristóteles) a lo personal. Más recientemente Savater nos aporta el concepto de idiota, derivado del griego idiotes, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.

Una de las expresiones de más cercana a la clásica definición Griega de ideotes (aun queriendo meterse en política), es la representada por el liderazgo de oposición venezolana. Y no quiero personalizar este mensaje porque no se trata de un patrón que monopoliza un hombre. Son pocos la excepción de la regla que hoy patetizan una generación de bates quebrados.

¿Por qué este afán de dedicarle un esfuerzo intelectual a la torpeza opositora? Esencialmente por fatiga y por resaca; por maniquea y banal. Sin embargo la respuesta no dejar de arrastrar un dilema: enumerar las fallas de la oposición venezolana es un reto más complejo y redundante, que enumerarlas aisladamente, esto es, un desafío que supone apelar a sus mismas mezquindades para describir sus carencias.

“La oposición venezolana con trepidante recurrencia, viene reincidiendo no una, sino muchas veces y por mucho tiempo, en un error imperdonable: favorecer la polarización”.

Uno de los antivalores de la política es la incapacidad de reconocer los errores cometidos. La oposición venezolana con trepidante recurrencia, viene reincidiendo no una, sino muchas veces y por mucho tiempo, en un error imperdonable: favorecer la polarización.

Y no les basta con jugar a polarizar. Sino que desde sus propias filas, parten más los vidrios. Cómo comprender lo de Chacao. Como aplaudir lo de Bolívar. Cómo aceptar la ruta electoral, sin venir precedida de una ruta de denuncias y movilizaciones (aun aisladas o solitarias), de quiénes están llamados a asumir riesgo y dar el ejemplo, más allá de lo declarativo.

No ha sido capaz la oposición de construir un discurso político que pueda aterrizar los desengaños de un Chavismo dispuesto a migrar.

La arrogancia, el desplante, la ironía, la burla, el descaro, la altivez, el personalismo y un indeclinable narcisismo matizado de desdén, de desprecio, son algunas de las brechas que el pueblo identifica en muchos de ellos, que impiden saltar la talanquera revolucionaria.

Un grueso de la población empobrecida y abandonada por Chávez; los ni-nis e incluso chavistas radicales que hoy cuestionan la ética socialista del comandante (en los cuáles meto a militares o dirigentes del PSUV, salvo los bien acomodados que no son mayoría), no encuentra en las palabras, ni en los gestos, ni en el rostro de actores simbólicos de oposición, la confianza ni la aceptación necesaria, para volcar su frustración, y pasarse de bando.

Prefieren abstenerse o seguir los caminos empedrados del proyecto revolucionario, que desviar su afecto hacia quiénes intuyen, no les importa, no les quieren y menos les privilegia en su “proyecto político” (¡Que no existe!!).

“No encuentra en las palabras, ni en los gestos, ni en el rostro de actores simbólicos de oposición, la confianza ni la aceptación necesaria, para volcar su frustración, y pasarse de bando”

En la política es necesario comprender que ante situaciones atípicas, irregulares o anormales, deben asumir iniciativas que van más allá del esfuerzo igualmente típico o normal, para llegar al poder.

Si viviéramos en una verdadero régimen democrático con plena separación de poderes, un CNE confiable, un TSJ imparcial y un adversario político respetuoso de las formas y de la ley, la conducta a seguir por los actores disidentes quizás sería lo más parecida a la que muchos de ellos asumen: promocionar sus candidaturas, presentar un programa de gobierno, aparecer en TV o hablar bien y bonito en radio, y en fin, enaltecer lo que llaman la “ruta electoral”.

En aquel escenario, la negociación, vale, porque el pragmatismo es ganancial.

Pero ante lo anormal, ante el ventajismo, el abuso y la desviación de poder, el pragmatismo y lo electoralista, no es más que un acto cobarde y sumiso.

Y lo que demanda el colectivo ataviado de ignominias y excesos, es una reacción igualmente atípica y contundente. Es aquí donde se requiere un gesto de gallardía y de spoude, es decir, de sacrificio y carácter. Es allí donde hay que adecuar los actos y el discurso político, demostrando que hay talante. Es allí donde lo táctico es baladí, y el repliegue es cobarde.

“Hay que responderle a Chávez con decisión y sin miedo”

Hay que madrugar con los excluidos, hay que amanecer frente a VTV, frente al CNE, frente a las FFAA, frente al TSJ, frente a la contraloría General; reclamando y exigiendo los derechos, todos los días, con la gente, con el pueblo, con la única arma que dispone la dignidad, la decencia y el respeto, esto es, la Constitución y la ley. Y hay que responderle a Chávez con decisión y sin miedo.

Ante las amenazas de Chávez de sacar tanquetas, de mandar a la mazmorra a sus enemigos, de despojar del situado a quiénes le adversen o pulverizar a todo aquello que se le oponga, la actitud de un liderazgo valiente y contundente, debe ser asumir la denuncia impenitente de estos hechos. Pero no por radio y TV, no por la prensa, sino ante todas las instancias locales e internacionales posibles, so pena de cualquier porrazo.

No he visto una actitud lineal, coherente, concertada y cohesionada que suponga acciones perseverantes y continuas ante el TSJ, ante el Ministerio público, ante el CNE, ante el tribunal de la Haya, la Comisión de DDHH, ante la OEA, o ante las Naciones Unidas. Lo que veo son editoriales, Alos Ciudadanos a montón, tele política y radio talks.

No he visto determinación, anticipación, preparación y solidaridad ante los abusos y descalificaciones del Sr. Presidente de la República, no sólo en contra de Rosales, Martínez, Salas o Lapi, sino en contra del pueblo venezolano. Unos se defienden por allá, otros decalaran por acá, pero con un hedor de recelo o precálculo, de no exceder pasiones ni sudoración, si “el defendido” no es mi partidario.

Y no hablo de venir a defender a la sociedad civil, actores políticos determinados o a los más encumbrados del este de Caracas.

No he visto determinación, anticipación, preparación y solidaridad ante los abusos y descalificaciones del Sr. Presidente de la República

Hablo de salir en defensa de los sin camisa y los sin techo que día a día salen a solas sin directriz política, ni orientación cívica; sin el hombro ni el pecho abierto de los líderes de oposición, a protestar por estas calles, frente a la Fiscalía o la defensoría del pueblo, frente a un centro penitenciario; frente PDVSA o PDVAL; frente a un Hospital, una escuela o la misma morgue-sic- en contra de las miserias del proceso.

Jamás he visto a un líder conpiscuo de la oposición, organizando una ONG por la niñez abandonada, los familiares de los presos, por los perdidos en la droga y el alcohol; por los indigentes; por los damnificados; por los presos políticos; por quiénes no reciben asistencia médica; por quiénes sufren de enfermedades crónicas; construyendo alternativas reales frente a la delincuencia, la discriminación, la corrupción o la injusticia, jamás he visto esfuerzos que no vayan más allá de retóricas y altisonantes denuncias.

Jamás les he visto asumiendo retos contributivos o demostraciones reales de desprendimiento, frente a ese colectivo hambriento y miserable, que no renuncia a Chávez, porque nada denodadamente humanitario o abnegado, ven del otro lado del muro. Lo que ven es ansiedad de poder, ansiedad figurativa o blindajes/pactos soterrados bajo la mesa (aderezados de traiciones), que creen ellos ocultan, su débil vocación por el lumpen.

La guinda de la torta es la carrera electoralista del 23-N.

Ahí tenemos al Sr. Borges, apoyando a sus pupilos, bien en Chacao, Yaracuy o Bolívar, a cuenta no sólo de asegurarle poder a los suyos, sino de aparecer él como el quijote de la unidad. Ahí vemos a López levantando la mano de Graterón. A Radonski (celebrando la inhabilitación de Mendoza) retratado con DoNacimento o con Solórzano en Hatillo. Ahí vemos a unos imberbes corriendo por Libertador o por el cabildo metropolitano sin ninguna experiencia administrativa, léase Stalin Rivas y Freddy Guevara.

“Ahí vemos a Claudio dividiendo en Libertador y opacando las posibilidades de triunfo de Ledezma. El conde favoreciendo el triunfo de Tarek”.

Ahí vemos a Claudio dividiendo en Libertador y opacando las posibilidades de triunfo de Ledezma; a Rojas Suárez y Velásquez a cuchillo limpio en Bolívar; Lapi endosando sus votos al hermano; Rosales y Pablo Pérez a solas defendiéndose de los atropellos de Chávez; El conde favoreciendo el triunfo de Tarek; o la Manuit esquivando a la estrella del folclore venezolano, el Sr. Reinaldo Armas; y la provincia a solas de maquinarias partidista, en términos de mancomunidad de esfuerzo. Aun los testigos de mesa están en veremos, la gente no sabe ni como votar, aíslan a Sumate y tienen el tupé de decir, que todo está listo para cobrar…otra vez.

Historia repetida que nos conduce a la resaca y el letargo que inspira estas líneas…lamentablemente.

“La gente no sabe ni como votar, aíslan a Sumate y tienen el tupé de decir, que todo está listo para cobrar…otra vez”.

Y mientras tanto, más de un centenar de personas pierden la vida un fin de semana; otros tantos son secuestrados; VTV se encadena como le da la gana; Chávez cierra negocios con Rusos, Belio rusos, Bolivianos, Nicaragüenses o Iraníes; insulta y amenaza, también se encadena y se encarama; viaja y regala, manda y dispone; mientras sus adversarios dicen no temerle, pero nadie se alista para contenerle por la calle del medio…digo porque la vaina es el 23-N.!!

No hermano:este pueblo es muy sabio y pícaro, para no comprender vuestros actos u omisiones. Y así como los suyos (banales mensajes que privilegian el interés particular), una cadena de torpezas nublan un mensaje político virtuoso, capaz de levantar interés en ese pueblo noble, querendón pero a su vez, vivaz y utilitario, que no termina de olfatear (porque carecen de ese aroma), esa misma nobleza, afectuosidad o sincero utilitarismo (lo cual es válido), que ellos esperan de una alternativa política refractaria, que se les asemeje…al menos en lo fraternal.

Chávez ha hecho, hace y hará lo que le venga en ganas, si percibe que sus contendores siguen no sólo fracturados y esparcidos frente a una aparente unidad, sino apuñalándose y apostando a su derrota (la del bando opositor), más de lo que él mismo rivaliza desde su discurso pendenciero.

Y esta idiotez y patetismo político raya en lo cerote y pusilánime, cuando decimos que hay que estar tranquilos, que no hay que caer en provocaciones, que no hay que pisar peines o trapos rojos, porque el fin en si mismo es mantener una hipócrita unidad, con el sólo objetivo de llegar al 23-N y VOTAR!! Pareciera que quién no pisa este trapo azul, auri negro, verde, blanco o naranja, es el pueblo.

“Sus adversarios dicen no temerle, pero nadie se alista para contenerle por la calle del medio…digo porque la vaina es el 23-N.!!

Pues así estaremos VOTANDO hasta la eternidad, mientras sus hijos y los nuestros, acrecientan sus miedos y frustraciones de vivir en un país primitivo empero acomodaticio, secuestrado por un hombre con botas de barro, a quien sólo le costó subir el tono de voz, para ver sus opositores metidos (aterrados) bajo un manto dizque de unidad y unas frías sábanas coloreadas de ruta electoral, dónde el único dividendo es: más Chávez.

Pues es el discurso simplón reducido a unidad y elección, allanado de voluntariedad incluyente y sentido de sacrificio, una expresión de basura política, más de la que no recogerán ni Barreto ni Bernal, y mucho menos Ustedes.

La idiotez y el patetismo de la oposición.
Orlando Viera-Blanco

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