En su intervención de ayer en el Foro de Perspectivas Macroeconómicas 2009, Miguel Henrique Otero señaló que “estamos viviendo el debilitamiento sistemático y progresivo del aparato productivo privado” al tiempo que criticó el “crecimiento de la ineficiencia en el sector público”.

Ésta es la intervención completa de Miguel Henrique Otero:

Perspectivas Macroeconómicas 2009
Lunes 17 de noviembre de 2008.

Hace apenas tres meses, la importancia y el carácter de este encuentro hubiese sido de naturaleza muy distinta. De algún modo, necesariamente se habría parecido a los tradicionales foros de perspectivas macroeconómicas que, desde hace ya muchos años, vienen produciéndose en Venezuela en el último trimestre.

Lo cierto, lo terriblemente cierto, es que aquí estamos reunidos, en medio de una estructural crisis económica que afecta a todo el planeta, y uno de cuyos resultados, no el único por supuesto, es la disminución alarmante del consumo de petróleo y, por ende, una baja en sus precios promedios, hecho que ha levantado las alarmas en todos aquellos que tienen un apego responsable, una preocupación razonable por el futuro inmediato del país.

Aún cuando no soy economista profesional, una reflexión parece imponerse, no sólo a los economistas y a quienes corresponde tomar decisiones en este difícil momento, sino también al conjunto de la sociedad venezolana: nada más preciado, aquí y ahora, que un pensamiento y una actuación en el terreno de la economía que se proponga avanzar con el mayor sentido de responsabilidad que sea posible.

Miguel Henrique Otero, acompañado del resto de los miembros del movimiento 2-D en una visita a los Magallanes de Catia, el 13 de septiembre

Y ese sentido de responsabilidad debería, tal como sostienen algunos expertos, pasar por una flexibilización o revisión de los propios modelos de análisis. A menudo, y especialmente en situaciones de crisis, ocurren comportamientos que los distintos modelos, incluyendo los matemáticos, no prevén. Los desaciertos tienden a sobrepasar a las teorías. Y pasa a menudo que las metodologías desechan factores que todos estamos en capacidad de observar, como los cambios inesperados en lo social o en lo político, que finalmente se convierten en los factores determinantes de un proceso o una tendencia económica.

Estamos viviendo el debilitamiento sistemático y progresivo del aparato productivo privado, asociado a un crecimiento de la ineficiencia en el sector público, en áreas claves para el funcionamiento de la sociedad como la energía, las telecomunicaciones, la salud, la educación y la seguridad, entre muchas otras.

Por supuesto, ocurre con esta sugerencia que acabo de formular, que pertenece a la categoría de aquellas cosas que son fáciles de decir, pero muy difíciles de aplicar, más todavía, en un país que se ha convertido en el cuerpo de un irresponsable y terrible ejercicio de populismo, cuyas consecuencias son tan vastas y profundas, que muy lejos estamos siquiera de poder imaginar o predecir hasta dónde llega el alcance de las mismas.

¿Y cómo se expresa esa política populista? ¿Cuál es la realidad que ella ha venido y continúa generando en este momento de Venezuela? En primer lugar, un desmoronamiento de las instituciones, que han perdido su sentido, que se han separado de los objetivos para los que fueron creadas, para convertirse en piezas de un engranaje político cuyo único propósito es el dominio total de la sociedad venezolana.

Estamos viviendo el debilitamiento sistemático y progresivo del aparato productivo privado, asociado a un crecimiento de la ineficiencia en el sector público, en áreas claves para el funcionamiento de la sociedad como la energía, las telecomunicaciones, la salud, la educación y la seguridad, entre muchas otras. Es ese debilitamiento de las instituciones el que ha permitido que Petróleos de Venezuela se convierta en una inmensa caja negra, en una empresa que no sólo aparece, cada vez más, asociada a prácticas y escándalos de corrupción, sino que sus programas de mantenimiento e inversiones están llenos de fallas y omisiones, que debilitan su capacidad real para proveer de recursos a la nación venezolana.

Es necesario prepararnos para un mundo que está buscando el modo de disminuir su dependencia del recurso petrolero, tras una energía que sea menos costosa, menos lesiva para el ambiente, y a la que tengan acceso directo la mayor cantidad de personas, comunidades y naciones en el mundo

Pero todo este sombrío panorama, así lo entiendo, no debería ser ni responsabilidad exclusiva de los profesionales de la economía ni tampoco materia única de las ciencias económicas. Y es aquí donde debería quedar claro que hay responsabilidades de otra índole, políticas, laborales, sindicales, empresariales, académicas, legislativas y sociales, que no pueden quedarse afuera del diseño de una política económica que se proponga evitar el deslizamiento del país hacia una crisis todavía más profunda, para crear e impulsar una economía que tenga sostén en la diversidad de la producción de bienes y servicios.

Una vez más, como si fuese una prédica a la que estamos obligados a someternos cada vez que los ingresos petroleros se desmoronan, nos enfrentamos a dos consideraciones que los distintos poderes que han gobernado a Venezuela en las últimas décadas, han resistido entender o aceptar: por una parte, que el crecimiento de las naciones depende de la economía real, y nunca de papeles artificialmente creados, y que esta nueva baja de los precios del petróleo nos coloca en la obligación histórica, esa vez con un carácter impostergable, de considerar los efectos que provocará en nuestra realidad la sustitución paulatina del petróleo como recursos energético en todo el mundo.

Miguel Henrique Otero, acompañado del resto de los miembros del movimiento 2-D en una visita a los Magallanes de Catia, el 13 de septiembre

La sostenibilidad de una economía petrolera no se basa únicamente en que se cumpla la hipótesis de un precio justo, que sea propicio para el desarrollo de las economías, tanto de los países productores como de aquellos que son básicamente consumidores.

Se trata, en el caso de Venezuela, de algo más profundo, lento, cultural y decisivo, el proceso por el cual es necesario prepararnos para un mundo que está buscando el modo de disminuir su dependencia del recurso petrolero, tras una energía que sea menos costosa, menos lesiva para el ambiente, y a la que tengan acceso directo la mayor cantidad de personas, comunidades y naciones en el mundo.

Es urgente y estratégico, prioritario y propio del más elemental sentido común, pasar de la sociedad rentista que hemos sido a una sociedad de trabajo, plenamente consciente del esfuerzo que se requiere para echar las bases y generar riqueza de modo permanente

Todo esto suena como una utopía, como el enunciado de un inalcanzable, pero sólo de una extrema desconfianza en las capacidades del ser humano y de la ciencia, alguien puede pensar que está lejos, demasiado lejos el día en que comiencen a producirse, de modo cuantioso, las energías sustitutivas del petróleo.

Venezuela no puede, no debe esperar a que ese momento se presente con sus potenciales consecuencias negativas para la calidad de vida de todas y todos los venezolanos. Es urgente y estratégico, prioritario y propio del más elemental sentido común, pasar de la sociedad rentista que hemos sido a una sociedad de trabajo, plenamente consciente del esfuerzo que se requiere para echar las bases y generar riqueza de modo permanente.

La creación de una agricultura que tenga el sostén y el potencial de un tejido industrializado, que garantice un nivel de solvencia o de autonomía alimentaria; la puesta en marcha de un ancho sistema de transformación de materias primas en productos semitrabajados y finitos, que aseguren la creación de empleo y, a partir de ello, el ciclo productivo de una economía sana; la implantación de una gran industria venezolana del turismo, que bajo la premisa de un clima envidiable a lo largo del año, sea fuente de ingresos permanentes; todos estos son, junto con muchos otros, los caminos que, con la guía de técnicos calificados, Venezuela debe buscar si quiere acceder a un futuro más digno y sostenible en el tiempo.

Miguel Henrique Otero junto al Rey de España y Alberto Federico Ravell

¿Qué necesitamos o, mejor dicho, qué necesitan los economistas para que sus respetables capacidades profesionales sean de verdadera utilidad para la Venezuela del 2009 y de los años siguientes se enrumbe hacia un progreso sólido? Necesitamos de un sentido verdaderamente justo para la con la sociedad a las que nos debemos.

Necesitamos de un sentido verdaderamente justo para la con la sociedad a las que nos debemos

Lo que nos es justo, lo que no queremos, es un poder que no respete los derechos humanos y que haga uso abusivo y sistemático de la justicia para sus fines políticos. No queremos un poder que le pida sacrificios al pueblo venezolano, y que al mismo tiempo se proponga aumentar en 4% el gasto militar. No queremos un poder que facilita la más grande maquinaria de corrupción que haya conocido Venezuela, con el único propósito de prolongar su poder más allá de lo que la Constitución de Venezuela lo permite.

Por todas estas tareas, las propias de los economistas y también las que corresponden a todo ciudadano en el afán de luchar por una sociedad mejor, tengo confianza en que esta jornada será fructífera y contribuirá a poner luz sobre el mejor camino para la Venezuela que todos queremos.

Muchas gracias.

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