LOGROÑO (LA RIOJA), 26/11/08.- Fotografía tomada ayer de los tres hermanos bolivianos, José Ismael (c), de 56 años, Ramber (i), de 46 años, y Zenón (d), de 41, que han sido encontrados muertos hoy, una inhalación de monóxido de Carbono, en una caseta en la que habían celebrado una fiesta de despedida al mayor en la ciudad de Logroño. EFE/Raquel Manzanares (fotografia cedida por la familia)

El destino le dio un mazazo esta semana a la familia boliviana Flores Camacho en Logroño, en el norte de España, con la muerte accidental de tres hermanos que se despedían, pues uno de ellos había decidido volver a su Santa Cruz natal después de tres años sin poder trabajar.

En Logroño quedan Willy y Rosmery. Él, que escapó de la muerte, apenas puede hablar; en una conversación telefónica con Efe aseguró que está sumido en la tristeza: “No tengo palabras para expresar lo que siento, no puedo pensar en nada”.

Su hermana Rosmery habla entre sollozos. “Estamos desechos”, explica, y dice que no puede hacerse a la idea de que ya no verá más a sus tres hermanos.

José Ismael, Ramber y Zenón; 56, 46 y 41 años, respectivamente, murieron al amanecer del pasado miércoles. Ellos y Willy se habían reunido a las afueras de Logroño para departir con el hermano mayor, que regresaba a Santa Cruz después de mucho tiempo “de sufrir” sin trabajo ni documentos.

Los cuatro estaban en un lugar llamado La Varea, en un cobertizo donde “Jose” guardaba sus herramientas. Y para protegerse del frío encendieron un generador a gasolina. Pero el monóxido de carbono que despedía el motor en el lugar encerrado les fue durmiendo poco a poco.

Cuenta Rosmery que Willie pudo salir en algún momento, pero cuando quiso alertar a sus hermanos del peligro ya era tarde.

Willy Flores Camacho fue el primero de los hermanos que llegó a España, en 2000. Después vinieron los otros.

En Bolivia quedan otra hermana y un hermano; sus padres murieron hace tiempo.

Con pocas palabras y en medio de su tristeza, Willy dice que él y sus hermanos viajaron a España “con la ilusión de trabajar y situarse bien económicamente, por nuestra familia y por los hijos”.

“En Bolivia estábamos en una situación mala y pensábamos que aquí (en España) nos iba a ir mejor”, dice el hermano menor de los Flores.

Rosmery, viuda y con cuatro hijos, cuenta que José Ismael, el hermano mayor, que había preparado su regreso para el pasado jueves, se cansó de vivir como inmigrante irregular y que en vista de que la crisis económica apretaba no soportó más la situación y decidió acogerse al programa gubernamental de retorno voluntario.

Nunca trabajó durante el tiempo que estuvo en España. Siempre le fue mal -dice la mujer-, no tenía documentos y los hermanos no le podían llevar a las obras para evitar tantos controles de la policía, o las multas“.

En abril iban a cumplirse tres años de la llegada de José Ismael a España. Hacía tiempo que había decidido regresar a Bolivia, en vista de que en la construcción no había trabajo. “Estuvo aguantando por nosotros, que no queríamos que se fuera, pero él, el que más sufrió, insistía: ‘Regresemos a Bolivia, por qué sufrir; allá viviremos como sea’”.

Rosmery Flores Camacho vive en Logroño junto con otros siete miembros de la familia. Ella también dice que viajó a España “en busca de trabajo y más que todo por el dinero; porque se gana mejor”.

“Aquí vivimos como todo inmigrante”, explica, y añade que poco a poco fue pagando una deuda que tenía de 20.000 euros (25.800 dólares). Sus hijos que llegaron después que ella le han ayudado.

En medio de su amargura, Rosmery tiene palabras de afecto para la familia con la que trabaja. “Gracias a Dios desde que vine la gente se ha portado bien conmigo. He trabajado desde el primer día con una familia muy buena que me hace sentir como si fueran mis padres”.

La mujer trabaja cinco horas y media cada día con una pareja de personas mayores y cobra 600 euros (unos 770 dólares) al mes, una suma que en Bolivia -dice- “uno no lo gana ni en tres meses”.

La familia recibe por estos días la solidaridad de amigos y asociaciones de inmigrantes, a la espera de la confirmación de la fecha en que serán repatriados los cadáveres, prevista para el miércoles o jueves próximos, según Willy.

Sólo cinco días después de la tragedia, Rosmery no tiene consuelo por la muerte de sus hermanos: “Es muy duro perderlos de la noche a la mañana”, dice, y recuerda especialmente a “Jose”, que “siempre estaba pendiente de mí y de mis hijos; venía cada mañana, y ahora, no verlo…”.

Vía Efe

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