Foto: EFE/Iván González

En su columna publicada hoy en Tal Cual, el jurista Juan Carlos Apitz hace un detallado análisis acerca del Poder Electoral venezolano y todas las condiciones para que en nuestro país existan elecciones democráticas.

Esta es su columna completa:

En Venezuela no hay democracia. No sólo porque no existe Estado de Derecho ni Sistema de Justicia, independiente e imparcial, que la sustenten, sino porque no se realizan elecciones democráticas.

Para que unas elecciones sean democráticas éstas deben ser “justas” y “libres”.

Para que un proceso eleccionario sea libre los ciudadanos deben ser poseedores plenos del derecho y de la oportunidad de elegir. Deberá existir libertad de expresión, de reunión, de asociación y de movimiento para los candidatos, partidos políticos, electores, medios de comunicación, observadores nacionales e internacionales, etc. Deberán realizarse en un clima político libre de intimidación. Tales libertades son requisito anterior e indispensable de unas elecciones legítimas.

Para que las elecciones sean justas, deberá disponerse de papeletas, talones o cupones electorales y permitir un recuento honrado de éstos; así como ser dirigidas sin fraude o manipulación por autoridades electorales imparciales.

Los distintos partidos, agrupaciones o movimientos políticos o de electores deben disfrutar de oportunidades razonables para presentar e inscribir sus candidaturas, y debe haber una pronta y justa solución a las disputas o diferencias relacionadas con la elección, antes y después del día de la votación.

La equidad también supone “igualdad de condiciones”; en particular, no puede haber peculado y/o malversación de recursos públicos para campañas; y todos los partidos, grupos de electores y candidatos deben disponer de suficientes oportunidades para comunicarse con sus votantes y obtener su apoyo y, además, deben tener acceso razonablemente equitativo a los distintos medios de comunicación.

Los venezolanos acudimos a unas elecciones menguadas, coartadas por una inmensa cantidad de obstáculos al voto.

El Consejo Nacional Electoral no es un árbitro imparcial, ya que no guarda suficiente independencia respecto al Presidente de la República; existe una grotesca violación a la igualdad en la campaña de los candidatos demostrada en el gigantesco desbalance a favor de los candidatos del oficialismo, pues la publicidad electoral de éstos en los medios de comunicación triplica a los candidatos de la oposición y, también, se utiliza a capricho del gobierno nacional los recursos del Estado para beneficiar a sus promovidos; existe una amenaza a la disidencia como política de Estado, incluyendo la coerción de funcionarios públicos para que sus subalternos y los contratistas estatales voten a favor de sus candidatos.

Asimismo, se profieren amenazas, humillaciones y descalificaciones de la peor calaña a aquellos candidatos y electores que adversan al oficialismo, y se inhabilita políticamente a candidatos con meras excusas administrativas, sin que medie una sentencia penal definitivamente firme en contra de éstos. En conclusión, hay una abrumadora mayoría de demócratas y electores; sin embargo, no hay democracia ni elecciones libres y justas.

Juan Carlos Apitz
Tal Cual
¿Elecciones libres y justas?

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