El primer bebé nacido en la Casa Blanca fue un nieto del presidente Thomas Jefferson. El segundo fue propiedad suya: un bebito negro, hijo de dos esclavos que le pertenecían.

Los esclavos ayudaron a construir la Casa Blanca y también trabajaron allí desde un comienzo como mayordomos, cocineros y mucamas.

Doscientos años más tarde, la elección de Barack Obama como el primer presidente negro de los Estados Unidos le da una nueva dimensión a la compleja historia entre ese sector de la población y la Casa Blanca.

Durante la era de la esclavitud y después de ella, la Casa Blanca funcionó gracias a los trabajadores negros. La ceremonia de asunción de Obama, el 20 de enero, marcará un hito que difícilmente esa gente pudo haber imaginado.

El Dr. Martin Luther King, Jr.

“Me siento muy orgulloso de que vayamos a tener un presidente afro-americano y creo que el personal va a sentirse complacido de trabajar para un presidente afro-americano”, comentó William Bowen Jr., de 89 años, un mayordomo que trabajó en la Casa Blanca con todos los presidentes desde Dwight Eisenhower hasta George H.W. Bush padre. El padre de Bowen también fue mayordomo de la Casa Blanca.

Cuando Bowen comenzó a trabajar en la residencia oficial del presidente, el movimiento en defensa de los derechos civiles de los negros estaba dando sus primeros pasos, la segregación era todavía legal y los negros apenas asomaban en los puestos más altos al servicio del gobierno.

La gente como Bowen era considerada “ayuda”.

Bowen, quien está jubilado, dice que le gustaría volver a trabajar en la Casa Blanca para el primer presidente negro.

“Nunca pensé que llegaría a vivir este momento”, expresó.

Su padre, William Bowen, dejó su puesto en el astillero de la Armada en Washington luego de la Primera Guerra Mundial para trabajar como mayordomo en la Casa Blanca.
Al poco tiempo le consiguió un trabajo a su hijo, como cartero y ayudante de mayordomo. El padre le enseñó al hijo el código de silencio de la Casa Blanca que respetan todos los empleados.

“Presta atención a lo que haces y no hables con la gente mientras estás trabajando”, le decía el padre al hijo. “No hables con los invitados a menos que ellos te hablen a ti”.

Malcom X en un rally por los Derechos Civiles en Harlem

Eran tiempos duros, en los que celebridades como Duke Ellington y Pearl Bailey asistían con frecuencia a fiestas y cenas en la Casa Blanca. Bowen dice que todavía recuerda sus conversaciones con presidentes y primeras damas, y que jamás se las comentó a nadie.

“Uno no habla de las cosas que suceden cuando está trabajando”, dijo Bowen.

Cien años antes que los Bowen, los esclavos trabajaban dentro y fuera de la Casa Blanca. El constructor Pierre L’Enfant le alquiló esclavos a los hacendados para preparar los cimientos de la Casa Blanca. El arquitecto James Hoben empleó algunos de sus propios esclavos carpinteros para construirla.

George Washington obligó a esclavos de Mount Vernon a que trabajasen dentro de su residencia en Filadelfia. Comenzó así una práctica en la que los esclavos trabajaron en la residencia del presidente, que se mantuvo hasta la década de 1850.

No solo trabajaban. Muchos vivían también en la Casa Blanca. Según la Asociación Histórica de la Casa Blanca, había habitaciones para esclavos en el sótano. Se sabe de al menos un bebé de esclavos nacido allí, el hijo de Fanny y Eddy, dos esclavos de Jefferson, nacido en 1806. El niño, quien era considerado también un esclavo, falleció a los dos años.

La historia valora a estos esclavos por algo más que su trabajo.

Paul Jennings, esclavo personal del presidente James Madison, hizo el primer relato escrito de lo que era la vida en la Casa Blanca y acabó con la leyenda de que la primera dama Dolley Madison evitó que los invasores británicos se llevasen un retrato de Washington.

“Eso es totalmente falso”, afirmó Jennings. “No tuvo tiempo de hacerlo. Hubiera necesitado una escalera para bajarlo de la pared. Lo único que se llevó fue la platería”.

Agregó que el retrato fue retirado por un francés, John Suse, y el jardinero Magraw, quienes se lo llevaron en un carruaje. Años después, Jennings aportó parte del dinero que ganó como hombre libre para ayudar a Dolley Madison, que había quedado en la indigencia tras la muerte de su esposo.

Barack Obama y 9.000 de sus seguidores desafiaron la gélida lluvia en un mitin de campaña en Chester, Pensilvania, en las pasadas elecciones de Estados Unidos

El papel de los negros en la Casa Blanca fue cambiando con el paso de los años y pasaron de ser esclavos a invitados de honor. El presidente Abraham Lincoln recibió a los abolicionistas Frederick Douglass y Sojourner Truth. El presidente Andrew Johnson nombró a William Slade como el primer jefe de personal de la Casa Blanca.

En determinado momento los negros comenzaron a trabajar para la Casa Blanca no como sirvientes sino como funcionarios de gobierno. E. Frederick Morrow fue el primer negro contratado como funcionario en 1955, por Eisenhower. Cinco años después John F. Kennedy designó a Andrew Hatcher subsecretario de prensa.

Los progresos no fueron fáciles y los negros experimentaron el racismo incluso dentro de la Casa Blanca.

Alonzo Fields, un ex maitre d’ que trabajó en la Casa Blanca 31 años, dijo que durante cierto tiempo había comedores separados para los negros.

“Yo podía ocuparme de la comida del presidente y hacer de todo, pero no podía comer con los otros empleados”, dijo Fields, quien falleció en 1994.

El presidente estadounidense Lyndon B. Johnson (der) habla con Martin Luther King (centro, con bigote) y otros líderes de la lucha por los derechos civiles en la Casa Blanca, en 1964. (AP Photo/File)
“El cambio ha llegado” dijo Barack Obama en Chicago el 4 de noviembre, al ser elegido Presidente de Estados Unidos

John Pye tuvo un desagradable episodio cuando Richard M. Nixon, por entonces vicepresidente, le preguntó qué haría con la comida que había quedado.

Según Gail Lowe, historiadora del Smithsonian Anacostia Community Museum, Nixon le dijo: “Muchacho, ¿qué vas a hacer con el resto de la comida? Al señor Pye no le gustaba que le dijesen ‘muchacho’ y tampoco le cayó bien que le preguntasen qué haría con las sobras”.

Pye respondió que lo que quedaba sería entregado a obras de caridad, pero resultó que lo único que quería Nixon era comer algo.

“Pye se aseguró de que los restos fuesen a obras de caridad”, indicó Lowe.

Por JESSE J. HOLLAND
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