El alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales, en entrevista con El Universal, conversa sobre el proceso judicial en su contra y su confianza en que la falta de elementos evitarán las amenazas de un posible encarcelamiento. Igualmente describe los retos de la oposición frente a la enmienda.

Esta es parte de la entrevista de Roberto Giusti que hoy publica “El Universal”:

-¿No cree usted que el mejor seguro, capaz de evitar su encarcelamiento, es el referendo consultivo?

-Mi seguro es la falsedad de las denuncias en mi contra, todas forjadas, manipuladas y hechas de muy mala fe.

-Usted está seguro de eso, ¿pero lo está de la rectitud de la justicia en Venezuela?

-La lucha política en Venezuela es muy complicada. Aquí se quiere criminalizar a quienes no creemos en esa mal llamada revolución. Y así como se manipula la justicia, se manipula todo lo demás. Sin embargo, no es justo decir que todo el poder judicial, todo el Ministerio Público o todo el CNE están absolutamente contaminados. Una buena parte de los poderes funciona apegada a la ley.

-En otras palabras, usted tiene confianza en la Fiscalía y en los tribunales.

-Una cosa es la confianza y otra es la convicción de la carencia de elementos que puedan conducir a tomar medidas en mi contra. Pero creo que no podemos generalizar sobre los poderes y las instituciones.

-¿Tiene sentido someterse al riesgo de que lo encarcelen y quedar así desactivado políticamente?

-Esa sería una provocación al pueblo venezolano, una muy mala señal por parte del Gobierno. Estamos dispuestos a asumir todos los riesgos. Pelearemos hoy y mañana porque nos favorece nuestra conducta y nuestra obra como hombre público y dirigente político.

-En la estrategia de la oposición parecieran persistir dos discursos. Uno radical, tan flamígero y agresivo como el de Chávez, capaz de ahuyentar a votantes chavistas críticos y ni nis, y otro más conciliador e incluyente, que privó durante la campaña para el 2D. ¿Cuál debe ser el predominante a la hora de fijar una sola estrategia?

-El discurso violento, de la exclusión y el odio se está quedando atrás. La gente sueña con recuperar una sociedad diversa, abierta, donde convivan todas las posiciones. La Campaña de Angostura implica la participación de todos por igual. No se trata de crear un comando de partidos, sino de la confluencia de todos los sectores en distintas formas de organización que canalicen la lucha hacia el objetivo democrático e impidan la pretensión de convertirnos en una réplica del modelo castro-comunista. Y en eso no puede haber diferencias porque no estamos escogiendo candidatos presidenciales, sino defendiendo valores de una democracia con profundo aliento social. Venezuela es un país rico convertido en depósito de pobres. Ese mal no surgió en los últimos años, lo vivimos desde hace mucho tiempo y en época de vacas gordas se puso aun más en evidencia por el contraste creciente entre opulencia y miseria que ha signado esta década de Chávez en el poder.

-¿No cree que ante el reto que tiene la oposición de convertirse en alternativa de poder se impone la necesidad de estructurar un movimiento como el creado en Chile, donde partidos con diferentes concepciones ideológicas se pusieron de acuerdo sobre un proyecto que funciona desde la salida de Pinochet?

-No se puede pensar en salidas mágicas o en liderazgos que terminan siendo, como remedios, peores que la enfermedad. El objetivo es la consolidación de una sociedad que garantice la democracia (libertad y respeto a los derechos humanos) y la lucha contra la erradicación de la pobreza. Todo eso en un marco de equidad y justicia social soportados sobre un modelo económico de desarrollo y progreso. Se trata de construir a partir del debate de ideas y propuestas que se vienen haciendo. En realidad la propuestas ideológicas de partidos y organizaciones se unifican en torno a esas dos ideas de democracia y justicia social. En Un Nuevo Tiempo estamos dando esa discusión porque no se trata de quitar a Hugo Chávez para poner a Pedro Pérez. La gente quiere otra cosa y nosotros lo sabemos.

-El modelo no parece el obstáculo para ponerse de acuerdo. Pero, ¿no cree que el problema de la unidad está en las ambiciones personales?

-Creo que sí, pero ya las vencimos una vez. Yo fui candidato presidencial con el apoyo de casi todos los partidos y sectores de la oposición. Creo que en ese sentido hemos avanzado muchísimo. Algunos que no creían en el voto hoy son protagonistas gracias a las elecciones. Nosotros vamos a construir esa alternativa y escogeremos un buen hombre o una buena mujer para que lo lidere.

-¿No cree que la crisis económica, ya inminente, exige un acuerdo nacional propiciado desde el Gobierno?

-El Presidente debería invitar a todos los factores del país a un gran acuerdo nacional, no para repartir privilegios, sino para afrontar la crisis, como se está haciendo en otros países. Ahora bien, de no ser eso posible, la propia sociedad se va a encargar de construir una alternativa porque aunque somos un país petrolero y eso nos permite vislumbrar salidas que otros no tienen, vamos a sufrir el coletazo de la crisis económica mundial y debemos prepararnos para eso. El Gobierno es prepotente, pero la realidad le va a bajar los humos y deberá buscar acuerdos, aunque sean mínimos, para mantenernos a flote en la hora de las dificultades.

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