Estas fotografías muestran como Israel está utilizando en el ataque a Gaza bombas de racimo, especialmente letales para la población civil y sobre las cuales más de 100 países firmaron un Tratado para su prohibición.

Fotos: AFP Photo y AP Foto – Fotos de los ataques de este domingo en la mañana.

Una bomba de racimo o bomba «clúster» es una bomba de caída libre, o dirigida, lanzada desde el aire o desde la superficie, que al alcanzar una altura concreta, medida por un altímetro, se abre dejando caer cientos de sub-municiones o bombetas de diversos tipos, de alto poder explosivo, antipista, antipersona, perforantes, incendiarias, etc.

Este tipo de bombas, debido a su amplitud y al gran número de sub-municiones, hasta 300, son usadas para atacar a objetivos militares dispersos, como concentraciones de tropas, columnas de blindados, o para negar el uso de una zona o instalaciones como el caso de aeródromos. Pero también debido a estas características, a menudo hiere y mata a civiles, especialmente cuando es usada en zonas urbanas.

Las bombas de racimo (BASM) pueden contener varios cientos de “bombitas” que se dispersan en un vasto perímetro pero no estallan al mismo tiempo, convirtiéndose así en minas antipersona, prohibidas por la Convención de Ottawa de 1997.

Según Handicap International, unas 100.000 personas, el 98% de las cuales eran civiles, murieron o quedaron mutiladas por la explosión de esas bombas en todo el mundo desde 1965. Más de un cuarto son niños, que las confunden con juguetes o latas de conserva.

La Wikipedia destaca que “las submuniciones esparcidas tienen un rango de fallo de entre el 5% y 30%, por lo que pueden quedar bombas enterradas sin explotar siendo peligrosas tiempo después de terminada la guerra, especialmente a los niños por sus formas llamativas, como pelotitas de tenis o latas de refrescos”.

Israel ya utilizó este tipo de bombas en el Líbano y Amnistía Internacional (AI) ha pedido, en diversas ocasiones, al Gobierno israelí que entregue los mapas detallados con las coordenadas precisas de las zonas del sur de Líbano en que sus fuerzas arrojaron las bombas de racimo en los meses de julio y agosto de 2006, provocando graves estragos en la población civil de ese país.

A fines de 2008, un centenar de países empezaron en Oslo a firmar un tratado que prohíbe las bombas de racimo, en una ceremonia opacada por la ausencia de los mayores fabricantes de esas armas como Estados Unidos, China, Rusia, Israel, India y Paquistán.

Con información de Wikipedia y AFP

actualidad » en esta sección

buscador