Foto: Carlos García / Reuters

En el editorial del Diario Tal Cual de este miércoles, Fernando Rodríguez hace un análisis sobre el regreso del presidente Chávez y su estado de salud, fundamentado en dos panoramas: uno, el que hicieron ver los medios oficiales, que el Primer Mandatario estaría más tiempo en Cuba por sus condiciones de salud.

Y el otro, consecuencia del anterior, que luego de tal premisa, Chávez regresó con semblantes físicos que más que aclarar han confundido a la opinión pública sobre el estado de gravedad real del Mandatario. A partir de allí, Rodríguez indaga en el “no sabemos de qué se trata, en realidad, la enfermedad de Chávez. O, más exactamente, sabemos demasiado y no hallamos criterios adecuados para seleccionar entre tanta información”.

Este es el editorial de hoy, escrito por Fernando Rodríguez:

La enfermedad como política
Nosotros no sabemos de qué se trata, en realidad, la enfermedad de Chávez. O, más exactamente, sabemos demasiado y no hallamos criterios adecuados para seleccionar entre tanta información: desde que jamás estuvo enfermo y todo esto es una pieza de teatro escrita por Fidel Castro con fines electorales hasta que Chávez sí se va y muy pronto, pasando por todas las múltiples versiones que da el amigo médico que a nadie le falta.

Si a esto no lo podemos llamar secretismo digamos que estamos a merced de los runrunes de todo tipo. Y esa es la premisa mayor para cualquier diagnóstico sustentable sobre estos accidentados tiempos bicentenarios.

Nos pareció especialmente notable la manera en que apareció Esteban en mitad de la noche y cantandito, después que todo el día sus portavoces (nunca fue más pertinente la palabra) y las imágenes que venían de La Habana nos hacían pensar en un prolongado reposo en el regazo paternal de Fidel. Casi infantil, se diría, la sorpresa, como jugar a las escondidas.

Y si nos ponemos solemnes habría que darse por ofendidos en nuestra condición de ciudadanos, con el derecho a conocer todo lo que a la vida pública compete, en especial esta enfermedad, la más estruendosamente pública que se recuerde. Pero no lo hagamos, sigamos con las adivinanzas y las interesantes sobremesas.

El Presidente habló ayer desde el balcón del pueblo. Conceptualmente no dijo absolutamente nada, ni sobre su enfermedad ni sobre política. Se trató de una especie de ritual religioso, mágico, egolátrico, telenovelesco y retórico a más no poder en que el mandatario se reencontró apasionadamente con su pueblo y evidenció que la enfermedad va a ser su bandera por quién sabe cuánto tiempo.

Bandera para la lucha, enemigo a vencer, como Carmona o el Imperio: con la salvedad que aquí se necesitará el concurso de la “medicina científica”, las tres divinas personas, el manto de la virgen, José Gregorio, los silbones, Fidel y otros galenos del orbe (sic) y, sobre todo, el amor del pueblo. Y por supuesto que hasta la victoria siempre, que no se le ocurra a la naturaleza oponerse.

Pero también advirtió que apenas se ha ganado una primera etapa de la misión retorno y que debemos trabajar todos en conjunto, siempre su yo se convirtió en multitud, para superar el enemigo que acecha y es el más terrible e inasible. En fin que algo así como el centauro herido podría ser, recuérdese que vivimos en la incertidumbre, el lema de su ruta hacia el 2012. No olvidar el gladiador invencible pero tampoco la dama oscura que lo acecha. Este cáncer es de la nación toda y así lo deberemos vivir y vencer. La enfermedad hecha política, patria y vida.

De todas maneras creemos que algunos movimientos sísmicos de cierta intensidad va a traer en lo inmediato la situación pélvica. Habrá que ver cómo se disciplina el PSUV encabritado. Cómo repercutió el cuadro clínico en las Fuerzas Armadas.

Qué nuevo trató se le dará a una oposición que ha sido muy serena y cortés con el enfermo. Algo iremos sabiendo en estos días, aunque sea en dosis muy restringidas.

“La enfermedad como política”
Por Fernando Rodríguez
Vía Diario Tal Cual

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