Miami (EE.UU.), 7 jul (EFE).- La madre del fallecido disidente cubano Orlando Zapata Tamayo viajará la próxima semana a Washington para reunirse con congresistas de Estados Unidos y exponer el caso de su hijo que murió tras una prolongada huelga de hambre en Cuba.

Reina Luisa Tamayo, quien vive en Miami como refugiada política, mantendrá un encuentro con legisladores de la Cámara de Representantes y del Senado el próximo 12 de julio, informó hoy la congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen.

“Me gustaría que mis colegas escuchen de primera mano la verdadera brutalidad del régimen castrista y cómo los hermanos Castro hicieron todo lo que estaba en su poder para que una madre que sufría pudiera honrar a su hijo muerto”, dijo a Efe la legisladora en un mensaje por correo electrónico.

El opositor, un albañil de profesión, murió en 2010 tras un ayuno para exigir que el Gobierno cubano lo tratara como un prisionero de conciencia y mejorara las condiciones de los presos.

Amnistía Internacional lo declaró prisionero de conciencia después de ser detenido durante la llamada “Primavera Negra” de 2003 en la que el régimen castrista detuvo a un total de 75 disidentes, los acusó de conspirar con Estados Unidos, entre otros delitos, y los condenó a penas de cárcel.

Fidel y Raúl Castro, afirmó Ros-Lehtinen, conocían que las “crueles acciones de los carceleros” del opositor ocasionaron su muerte.

Para la presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes la historia de la madre del disidente, quien viajó a Estados Unidos con las cenizas de su hijo, es “emocional e impactante”.

“También pone al descubierto la noción de que Cuba es algún tipo de paraíso tropical. No lo es. Al contrario, es un gulag tropical donde los hermanos Castro ejercen como guardianes de prisiones, policías y verdugos”, expresó la congresista.

Reina Luisa Tamayo viajará por invitación de Ros-Lehtinen junto con su esposo.

La madre del opositor y doce de sus familiares llegaron a Miami el pasado 9 de junio después que el Gobierno cubano, y tras la mediación de la Iglesia católica, les ofreció la posibilidad de salir de la isla.

Después, el Gobierno estadounidense les otorgó visas como refugiados políticos.

La llegada de los familiares del disidente a Miami, principal enclave de la numerosa comunidad de exiliados cubanos en Estados Unidos, fue considerada por activistas como un “símbolo” de la lucha que mantienen desde hace más de cincuenta años contra el régimen castrista.

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