En un comunicado remitido por el ex-Presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, titulado “Celebrar la muerte es signo del chavismo”, quien desempeñara la Jefatura de la República el día del intento de golpe, contesta a la celebración efectuada ayer por Hugo Chávez. Este es el comunicado íntegro.

CELEBRAR LA MUERTE ES EL SIGNO DEL CHAVISMO
Carlos Andrés Pérez

Hugo Chávez es incapaz de dar un discurso sin hablar de muertes de violencia y de amenazar tanto a venezolanos como a extranjeros.

Los cientos de venezolanos que murieron en el intento de golpe del 1992 son los precursores de una ola de asesinatos de venezolanos por venezolanos que han signado estos infames años de su gestión.

Chávez, que tiene las manos ensangrentadas por la muerte de tantos inocentes ocurrida ese día-como también por las víctimas del 11 de abril- tiene el descaro y la desvergüenza de celebrar las muertes de inocentes venezolanos calificando el 4 de febrero como el Día de la Dignidad cuando precisamente ese fue el día de la traición de la emboscada y de la cobardía.

El cuatro de febrero de 1992 el hoy presidente de Venezuela en unión de otros militares que deshonraron su juramento, empuñaron las armas que le habían confiado sus compatriotas, para irrumpir contra un gobierno que había sido electo en elecciones limpias.

Ese fue el día que Chávez y sus cómplices intentaron asesinarme en Miraflores y de asesinar a mi familia en La Casona – atacada por morteros y ametralladoras.

Es el día de la cobardía, liderizado por el teniente coronel Chávez, que refugiado en el Museo Militar se entregó llorosamente pensando que lo iban a matar, como el pretendía hacer conmigo y muchos de mis colaboradores y de mi propia familia.

Que la marcha que hacen hoy, los cómplices de tantas muertes, la inicien precisamente desde el Museo Militar hace aun más patética y desvergonzada semejante celebración.

Encerrado y escondido en el Museo Militar, Chávez pudo presenciar a la distancia como efectivos militares, bajo sus ordenes, morían innecesariamente mientras que él, que nunca participó en el combate, temblaba al contemplar como las Fuerzas Armadas lo hicieron rendir sin ninguna resistencia de su parte.

Pero lo que en cualquier comunidad civilizada sería motivo de bochorno, en el régimen del señor Chávez se califica como fecha patria. Tal es la inversión de valores, la tergiversación de los principios elementales de civilidad, que hoy azota a mi querida Venezuela. Pero más allá de la apología, de la felonía, de la exaltación de la barbarie, patentizada en un hecho que ocurrió hace quince años y que me tocó en lo personal, porque entonces era el titular de la jefatura de Estado, lo que más preocupa son las perspectivas. Ahora Chávez habla de “socialismo o muerte”. Tal es su manera de hacer política. Ayer pretendió alzarse contra las instituciones democráticas, con el saldo de civiles y gente inocente acribillada, y hoy, no concibe la concreción de su pretendido político a través del diálogo, la persuasión y el reconocimiento del adversario, sino a través del dilema primitivo de morir o asesinar.

Por eso quiere remover el principio de alternabilidad, básico en toda democracia. Por eso ha subrogado al parlamento en la función de sancionar leyes, a través de una habilitación legislativa espuria ad initio porque es fruto de una Asamblea Nacional Constituyente en cuya conformación se irrespetaron la más elemental hermenéutica electoral, el principio de representación proporcional, principalmente. Por eso, el Tribunal Supremo de Justicia ha hecho dejación de su más elementa autonomía, al extremo que su presidente ha emplazado a los jueces de la República a salir a defender la Revolución y figurar uno de sus magistrados más prominentes como secretaria ejecutivo del propio señor Chávez.

Como venezolano, y como Jefe de Estado, no puedo menos que sumarme a la repulsa nacional a esta infausta celebración de la muerte de compatriotas llevados a tal final por un grupito de conspiradores que traicionaron a su institución y que violaron la constitución. Ese día Chávez quedó consagrado como el único golpista en más de cuarenta años de la fenecida democracia venezolana.

Que se celebre tan triste fecha con la participación de efectivos de las fuerzas armadas nacionales, no es solo motivo de vergüenza, sino de consternación. Como pueden los guardianes de la institucionalidad sumarse a celebrar la violación y el atropello de la institucionalidad es la pregunta que deben estarse haciendo todos aquellos integrantes de la fuerzas armadas que no están dispuestos a rendir su dignidad ni a violar sus compromisos con la patria. La procalama del General Euclides Campos en la marcha de hoy de “Socialismo, patria o muerte, venceremos” deben llamarnos a la reflexión a todos al ver en manos de quienes está la protección de los derechos ciudadanos en nuestro país .

El 4 de febrero no fue más ni menos que el anticipo de lo que hoy sufre el país y sus instituciones, secuestradas por un líder fascistoide que se comporta como un jefe de pandilla de barrio –envalentonado cuando tiene todo el poder- y acobardado y llorón cuando es enfrentado. Ya los venezolanos le hemos visto llorar e implorar ante situaciones adversas, solo nos faltaba ver como es capaz de celebrar la muerte de los pobres venezolanos muertos por su cobarde actuación del 4 de febrero. No importa cuanto obligue a compatriotas a desfilar. Ese día de muertes es el signo imborrable de lo que Chávez y su acción representan.

El 4 de febrero conmemora realmente que nuestro país desgraciadamente está asociado y comprometido con las peores causas de la humanidad. Donde quiera que se atropellen los derechos humanos o se amenace la paz y la seguridad internacional, allí está Chávez, con el dinero del pueblo venezolano.

Todo, mientras la depauperación campea fueros en Venezuela. Mientras validos del régimen exhiben de la manera más impúdica el producto de su latrocinio, sin que haya autoridad que le ponga coto a sus depredaciones.

En este momento parecen vanos los esfuerzos por remover al gobierno forajido. Pero los pueblos siempre terminan por sobreponerse a sus dramas. Ojalá que en tal propósito los venezolanos podamos contar con el respaldo moral de la comunidad internacional, en particular la latinoamericana, y que, de esta manera, se le retribuya a mi país el entusiasta apoyo que alguna vez, ofreció a los principios democráticos.

Carlos Andrés Pérez
4 de febrero de 2007

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