América Latina 10 / feb / 2007 2:37 am 30 comentarios

Cristina Kirchner y unas declaraciones polémicas

Cristina Kirchner, durante un viaje a Francia que ha efectuado esta semana, comparó a la Dictadura argentina con el Holocausto. Esto no ha sentado bien en diversos sectores y hoy el diario “La Nacióncritica, en su editorial, esta equiparación.

El editorial dice así:

El Holocausto ha sido seguramente la página más cruel y dramática de la historia de la humanidad. El genocidio llevado adelante por el régimen nazi sobre el pueblo judío y otras minorías étnicas debe ser un permanente llamado a la conciencia humana para que no vuelva jamás a repetirse. Cualquier utilización y rememoración indebida de este terrible acontecimiento con fines de ayudar a una argumentación política sobre hechos ajenos a él y de otro carácter implica, necesariamente, una falta de respeto con la historia y con la memoria de las víctimas.

En su discurso con motivo de la firma de la Convención Internacional de Protección de Todas las Personas contra la Desaparición Forzada, la senadora Cristina Fernández de Kirchner expresó: “El nazismo llevó a millones de personas al exterminio y la desaparición. Mi país… fue un segundo laboratorio de ensayo de este tipo de prácticas, el terrorismo de Estado, que tuvo por objeto sembrar el terror, el miedo, el pánico, el horror en una sociedad, para implantar también un determinado modelo económico y social de exclusión”.

Sin duda, la senadora tenía el derecho y, tal vez, el deber de referirse a la represión ilegal de la década del setenta en un acto relacionado con un tratado sobre la desaparición forzada de personas. En ese contexto, la alusión a lo ocurrido en aquellos años era pertinente. Sin embargo, la equiparación de los sucesos de nuestro país con el Holocausto es absolutamente equivocada, groseramente imprudente y ya ha recibido reflexiones críticas por parte de las comunidades que merecen el respeto de su propia memoria del Holocausto. Con más razón este hecho no se puede dejar de hacer notar cuando ha sido expuesto en un ámbito internacional.

La utilización del término “genocidio” para los hechos de nuestra historia reciente implica ya un desvío conceptual. No se trata de exculpar los hechos terribles de la represión ilegal de los setenta, pero la realidad histórica es que el objetivo no fue el exterminio ni la persecución de miembros de una raza o religión, sino terminar con la acción de organizaciones armadas que habían elegido el camino de la violencia y desafiaban al Estado y a la sociedad. La represión ilegal prácticamente terminó cuando estas organizaciones fueron diezmadas, sin que el llamado terrorismo de Estado persistiera en persecución de comunidades, ya sea por su raza, religión o posición política. No es pertinente, por lo tanto, que esos hechos sean conceptuados como genocidio y sean llevados con insistencia de esa manera a foros internacionales por nuestras autoridades. Probablemente se oigan a sí mismas, pero difícilmente encontrarán coincidencia sincera en sus interlocutores, salvo la condescendencia explicada por afinidades ideológicas o por el respeto diplomático.

La decantación de la historia requiere siempre la maduración del tiempo. Todavía la justicia argentina está investigando la violencia de los años setenta. Se analizan hoy la responsabilidad de ciertos funcionarios y de una organización parapolicial ilegal que actuó durante los gobiernos constitucionales de Juan Perón y de Estela Martínez de Perón. Asimismo, la Justicia avanza en indagar el papel de aquel gobierno en la introducción de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el terrorismo, con sus métodos y excesos.

Aún parece haber un largo camino por recorrer en las conclusiones objetivas de los hechos de aquellos años. Las responsabilidades de las organizaciones terroristas también deberán ser abarcadas por la justicia argentina en la medida en que se llegue a aceptar la imprescriptibilidad de esas acciones por encuadrarse en la calificación de crímenes de lesa humanidad, como hoy internacionalmente se lo hace. Además, frente a esta realidad histórica es extremadamente difícil aceptar que la represión obedeció al propósito de implantar “un determinado modelo económico de exclusión”. Este tipo de afirmación es más apta para consumo político interno que para ser lanzada en un foro internacional.

La gira de la senadora Fernández de Kirchner, con la representatividad innegable que ella porta, debiera llevar la imagen de un país que madura y se consolida institucionalmente. Las comparaciones imprudentes, las efusividades ideológicas o las apelaciones emotivas deberían evitarse o, en todo caso, reservarse para las campañas domésticas.

Una equiparación errónea
Editorial – La Nación

Estas son las declaraciones polémicas de Cristina Kirchner:

La senadora Cristina Fernández de Kirchner comparó hoy los crímenes, desapariciones y violaciones a los derechos humanos cometidos durante la última dictadura militar argentina con el holocausto llevado adelante por el régimen nazi de Adolf Hitler y destacó la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

“La desaparición forzada tuvo antecedente del horror en el siglo XX que fue el Holocausto, mi país, Argentina fue también en el siglo XX un segundo laboratorio de ensayo de este tipo de prácticas: el terrorismo de Estado para implantar un modelo económico y social de exclusión”, sentenció.

La primera dama habló en Paris durante la firma de la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra la Desaparición Forzada, que declara esa figura como delito imprescriptible, de lesa humanidad, y recordó en su discurso la desaparición desde el 18 de septiembre pasado de Julio López, testigo clave contra el represor Miguel Angel Etchecolatz.

Presidida por el presidente Jacques Chirac, la ceremonia contó con la participación de unos cuarenta representantes de los distintos países que adhieren a la convención de la ONU.

Dijo que “la desaparición de Julio Jorge López ha provocado esta desazón en la sociedad argentina, pero también la convicción más absoluta por parte del Gobierno de que se deben llevar adelante los juicios contra quienes cometieron estas violaciones, porque es la única garantía de que estas cosas no vuelvan a suceder”.

Durante la ceremonia, celebrada en la sede de la Cancillería francesa, la senadora declaró que “hoy es un gran día para la condición humana, y me enorgullece que mi país, la República Argentina, junto a la hermana República de Francia, hayan sido grandes impulsoras en la firma de este convenio” que declara un delito imprescriptible la desaparición forzada de personas.

Luego, reivindicó la figura de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo porque “son la memoria viviente” y destacó la presencia en la ceremonia de Marta Vázquez (Madre-Línea Fundadora), Hebe de Bonafini (Asociación Madres de Plaza de Mayo) y Estela de Carlotto (Abuelas).

La primera dama remarcó que su esposo, el presidente Néstor Kirchner, “ha hecho de los derechos humanos uno de los pilares básicos de su política” y recordó la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que beneficiaron hacia fines de la década del ’80 a decenas de civiles y militares que cometieron crímenes en la última dictadura.

“La impunidad hiere la condición humana pero fundamentalmente crea las condiciones para que las mismas cosas vuelvan a suceder”, advirtió la senadora, quien recordó que desde hace cinco meses se desconoce el paradero de López.

Finalmente, la primera dama sostuvo que asistía a la firma del Convenio con “compromiso institucional, compromiso moral, político y también generacional” y recordó que su generación “fue la víctima propicia del terrorismo de Estado” que inició la dictadura militar argentina en 1976, y remarcó que lo hacía “en nombre de quienes no tuvieron derecho a defenderse en un juicio justo ante jueces de la Constitución”.

“Reivindico la figura de las Madres y Abuelas que luego de décadas de no ser escuchadas y de injusticias siguieron reclamando sin ninguna actitud de venganza, sino simplemente de aplicación de la ley y de reconocimiento de la condición humana”, concluyó.

Fuente: Diario de Cuyo, Argentina

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