De campesino panadero, leñador y carnicero a fundador de las FARC

Hoy hace un año, y “de muerte natural”, falleció Pedro Antonio Marín o “Manuel Marulanda Vélez”, más conocido “por su buena puntería” como “Tirofijo”, un campesino colombiano que fue panadero, ebanista, carnicero y leñador, y que fundó a las FARC, la guerrilla más antigua y numerosa de América.
Marín nació en la población rural y cafetera de Génova, en el departamento del Quindío, una pequeña localidad enclavada en la cordillera Central Andina colombiana el 13 de mayo de 1930.
Tras el asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán (el 9 de abril de 1948), aprendió a “cargar un arma y vivir huyendo de la policía tras ver cómo perseguían a su familia” según una ficha de su biografía.
Su “bautismo de fuego” como insurgente tuvo lugar en septiembre de 1949, cuando en compañía de varios de sus hermanos y primos asaltó su pueblo natal en un acción que frustró la Policía.
El asesinato de Gaitán marcó el nacimiento de una época de sangre y enfrentamientos políticos en Colombia, llamada genéricamente “La Violencia” y que se prolongó por varias décadas.
Gracias a su excelente puntería, de la que allegados suyos decían que “donde ponía el ojo ponía la bala”, fue llamado desde entonces “Tirofijo”, al que sumó otro alias: “Manuel Marulanda Vélez” en 1953.
Ese nombre lo tomó de un sindicalista que murió por entonces en un confuso episodio y que, según las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), falleció como consecuencia de las torturas que sufrió a manos de organismos de seguridad del Estado.
Algunos de sus compañeros de armas describieron a “Tirofijo” en varias ocasiones como un “hombre desconfiado”, con pocos años de escuela y que apenas sabía leer y escribir, y con una apariencia de “campesino bonachón”.
Antes de la creación de las FARC, el entonces presidente conservador Guillermo León Valencia lanzó la “Operación Marquetalia”, una gigantesca empresa militar que intentó arrancar de las montañas limítrofes entre los departamentos de Tolima y Caldas, centro oeste, a grupos de autodefensa.
“Marulanda Vélez” había organizado, con un puñado de campesinos, el movimiento de defensa en esa región, que en algún momento las crónicas periodísticas consideraron como la “república independiente de Marquetalia”.
Esa acción forzó a los alzados en armas a resistir la embestida, eludir un impresionante cerco militar y huir hacia la zona de El Pato y Guayabero, en los departamentos vecinos del Meta y Caquetá, la “cuna” de las FARC.
El 27 de mayo de 1964 es considerado “el día del nacimiento” de las FARC, que desde entonces se extendió a buena parte del país. Con ella surgió también el “mito” de su fundador.
Tras varios años de esporádicos ataques a patrullas militares, de ocupaciones de pueblos rurales, alejados de los grandes centros urbanos, y de asaltos a bancos oficiales en dichas localidades, las FARC empezaron a inquietar a la Fuerza Pública y a los Gobiernos de turno de la década de los años setenta y de los ochenta.
Fue Belisario Betancur, al jurar el cargo como Presidente, el 7 de agosto de 1982, quien se comprometió a intentar que no se derramara más sangre durante su Administración, y ofreció la rama del olivo a los grupos guerrilleros.
El rostro de “Tirofijo” y de su inseparable camarada Luis Alberto Morantes o “Jacobo Arenas” se hicieron más familiares.
Por aquellos años, entre 1982 y 1985, las repetidas visitas de personalidades del país a sus campamentos centrales en las montañas relativamente cercanas de Bogotá, pero al pie de los Llanos Orientales, hicieron famosa a “Casa Verde”.
El lugar fue considerado un “santuario” de los comandantes rebeldes.
Durante los Gobiernos del conservador Betancur y de sus sucesores, los liberales Virgilio Barco, César Gaviria y Ernesto Samper, entre 1986 y 1998, hubo acercamientos con las FARC.
Sin embargo, esos intentos de reconciliación se frustraron con la aparición del paramilitarismo y el aniquilamiento de la Unión Patriótica (UP), un partido político que nació al amparo de algunos acuerdos alcanzados con Betancur en 1984 y que perdió, asesinados, a unos 3.000 de sus militantes.
En la misma década de los años ochenta las FARC empezaron a ejecutar secuestros masivos de soldados y policías tras ataques a guarniciones y pueblos, así como de políticos y fueron vinculadas al narcotráfico.
“Manuel Marulanda” sugirió entonces el “canje” de esos secuestrados o “prisioneros de guerra” por sus guerrilleros presos.
Nuevamente el rostro de “Tirofijo” saltó a la palestra cuando el presidente electo Andrés Pastrana se reunió en junio de 1998 con el jefe guerrillero en las selvas del sur del país, con lo que se alimentaba nuevamente una esperanza de paz.

Aún está fresca la imagen de la silla vacía en enero de 1999 cuando “Tirofijo” plantó a Pastrana, ante centenares de invitados internacionales a la ceremonia inaugural de las conversaciones de paz.
Periódicamente “Tirofijo” concedió entrevistas y se dejó ver, con su uniforme de fatiga, pistola al cinto y una infaltable toalla verde militar, para secar el sudor.
Los diálogos con el Gobierno Pastrana fracasaron en 2002, y otra vez “el guerrillero más viejo del mundo” se fue a la clandestinidad.
Las Fuerzas Militares colombianas lanzaron entonces, y hasta ahora, inmensas operaciones en selvas, llanos y montañas tras los jefes guerrilleros y sus huestes.
El jefe insurgente falleció el 26 de marzo de 2008, de una crisis cardíaca, según lo informado a los dos meses siguientes por el Secretariado (mando central) del grupo guerrillero.
EFE

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