Cuba 18 / feb / 2007 2:18 pm 7 comentarios

La historia del padre de Fidel

Angel María Castro, un joven y humilde gallego que emigró a Cuba a fines del siglo XIX, ha pasado a la posteridad por ser el padre de Fidel Castro. El suplemento “Revista” del diario español “La Vanguardia” publica un interesante relato de la vida del padre del actual Presidente de Cuba y sus andanzas en la Galicia natal.

Como buen emigrante transatlántico, Ángel María Castro Argiz tuvo varias vidas. Padre de doce hijos de dos matrimonios, fue campesino en Lugo, panadero en Madrid, soldado en Cuba, afamado tahúr en Galicia, emigrante de nuevo en la isla, contratista de la multinacional estadounidense United Fruit Company y rico terrateniente, cacique de una extensión de 11.000 hectáreas. Sin embargo, su más espectacular identidad se está construyendo cincuenta años después de su muerte, la de patriarca de una dinastía comunista, la de Fidel y Raúl Castro, los hermanos que se traspasan el poder en Cuba con la naturalidad propia de una monarquía.

El padre, un gallego de orígenes muy modestos, es hoy un personaje de leyenda. La propaganda oficial cubana lo presenta como un benefactor, un pacífico plantador de cedros. En cambio, su nieta renegada, la polémica Alina Fernández, lo ha descrito como un asesino sin escrúpulos. Las versiones más equilibradas lo muestran como un hombre surgido de la nada, con la determinación y fiereza necesarias para construir su particular imperio en una salvaje comarca del oriente cubano, una zona que a principios del siglo XX se asemejaba al Oeste norteamericano, tal y como afirma el analista de la CIA Brian Latell, autor del libro Después de Fidel.

La versión de Alina

El más terrible retrato de Ángel Castro lo escribió Alina Fernández, en su obra Alina. Memorias de la hija rebelde de Fidel Castro,que desencadenó una demanda judicial de Juanita Castro, hermana de Fidel y Raúl. Como Alina, Juanita vive en Miami, donde regenta una farmacia. El pasado verano se convirtió en el eje de las iras del extremista exilio cubano cuando criticó que se celebrase por anticipado la muerte de Fidel. En 1997, cuando Alina publicó su polémica obra, Juanita, una disidente cabal, recurrió a los tribunales en defensa del honor de su padre, Ángel Castro. No era para menos porque en el libro la nieta afirma que su abuelo “contrataba a sus lejanos conocidos del pueblo galiciano por cuatro años. Les prometía cuidarles los ahorros, haciéndoles comprar con vales en la bodega propia. Después, cuando ya habían cumplido su temporada, los mataba“.

Nada apunta a que el resentido relato de Alina sea cierto, porque aunque la lejana historia de Ángel Castro se pierde en el tiempo, semejante pasado seguiría vivo hoy en la memoria del pequeño pueblo de San Pedro de Láncara, de sólo 222 habitantes, según el Instituto Nacional de Estadística, y allí no se escuchan historias que lo relacionen con asesinatos sistemáticos de paisanos. Será verdad que una vez alcanzó el éxito en Cuba, llamó a la isla a parientes y vecinos para explotarlos como personal mal remunerado de su máxima confianza, como por otra parte hacían los emigrantes gallegos a lo ancho y largo de todo el continente americano. “Lo que yo siempre oí es que jugaba mucho a las cartas y algunos decían que emigró porque lo perdió todo pero son historias de hace mucho tiempo”, explica la mujer que atiende el estanco-bar de este pueblo, a 31 kilómetros de Lugo, en un hermoso valle del río Neira.

La casa donde nació

En un extremo de Láncara está la humilde vivienda en la que nació en diciembre de 1875 Ángel Castro. Fidel la describió en la entrevista biográfica que le hizo el también gallego Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique:”Es una casita pequeñita, de unos diez metros de largo por unos seis de ancho. Una casa de lajas de piedra, que es un material abundante en aquel lugar, usado por los campesinos gallegos para construir sus viviendas. En esa casita rústica vivía toda la familia y supongo también los animales. En la única pieza estaba el dormitorio y la cocina. No tenía tierras, ni siquiera un metro cuadrado“.

La vivienda permanece cerrada aunque existe un proyecto para convertirla en un museo. Fuera hay una placa de piedra en la que se puede leer que “en este casa en 1875 nació Ángel Castro Argiz, gallego que emigró a Cuba donde plantó árboles que aún florecen“. Ahí está el mensaje oficial cubano sobre el padre de Fidel y Raúl: era gallego, se marchó a Cuba y le gustaban los árboles. Esa es la misma versión que se transmite en el libro Todo el tiempo de los cedros, paisaje familiar de Fidel Castro Ruz,publicado en Cuba, 2003, por Katiuska Blanco Castiñeira, acaramelada biografía del clan de los Castro y útil guía.

Ángel fue el segundo de los seis hijos que tuvieron los campesinos Manuel Castro Núñez y Antonia Argiz Fernández, quien murió cuando Ángel era todavía un niño. Su padre, que se volvió a casar, los envió a él y a sus hermanos a la casa de un tío, en la aldea cercana de San Pedro de Armea, donde en 1992 cuatro mil personas acudieron a la romería campestre organizada con motivo de la primera y única visita de Fidel Castro a Galicia. Alrededor de 1890, Ángel emprendió el camino viajero de los gallegos de entonces. Marchó a Madrid, donde vivía su tía Justina. “Durante los años en la capital se despertaba mucho antes del amanecer para ir a una panadería o a cualquier oficio probable que le asegurara dinero hasta su reclutamiento por el ejército”, cuenta Blanco.

El siguiente y decisivo paso de Ángel Castro llegó cuando apenas tenía 17 años, con la última de las guerras de Cuba, la lucha de España contra los independentistas. Lo ha contado en repetidas ocasiones el propio Fidel Castro: “Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar. Cuando le tocaba a un rico, buscaba una cantidad de dinero y se la daba a aquel que no tenía, vivía muy pobre, en un pedacito de tierra o de cualquier trabajo en el campo”.


Fidel ante la vivienda natal de su padre en Lácara (Lugo), durante su única visita a Galicia, en 1992.

El destino de Ángel Castro fue la “trocha de Júcaro a Morón”, una línea fronteriza de alambradas, puestos de observación y pequeñas fortalezas de unos cien kilómetros de longitud, concebida como una barrera que impidiera a los rebeldes del oriente cubano pasar al occidente de la isla, zona en la que se encuentra La Habana. Nada más se sabe sobre la participación del padre de Fidel y Raúl en un conflicto que se resolvió con la entrada de EE. UU. en la guerra y la derrota española. Katiuska Blanco asegura que al poco tiempo de llegar a Cuba, Ángel Castro presintió el desastre que iba a sufrir España. A él lo repatriaron en 1898 con el resto de las últimas tropas coloniales de América.

Pero las certezas sobre la vida de Ángel Castro son más que relativas. Así, el tradicionalmente considerado como más fiable biógrafo de Fidel, el periodista norteamericano Tad Szulc, rechazaba la versión del pasado militar del patriarca. Szulc, quien siguió la revolución cubana para The New York Times,escribió que Ángel Castro emigró a la isla a los trece años, donde se reunió con un tío suyo que “vivía en Santa Clara, en el centro de Cuba, donde tenía un negocio de ladrillería en el cual se puso a trabajar, pero después de unos cinco años es evidente que se cansó de los ladrillos, de su tío y se independizó”. Szulc citaba como fuentes a dos hermanas de Fidel. Sin embargo, el relato oficial parece hoy asentado y en Láncara lo corroboran. “Yo siempre oí eso, que fue soldado”, afirma el alcalde, Eladio Capón, ahora en las filas del PP después de haber iniciado su mandato en 1983 en el PSOE, una muestra más de la capacidad de supervivencia política de los hijos de este pueblo de Lugo.

Del retorno a Galicia de Ángel Castro data una de los más llamativos episodios de su leyenda transatlántica, como explica el alcalde de Láncara: “Cuando volvió de la guerra tuvo una partida de cartas muy famosa con un señor de aquí que tenía buena posición, Ventura, que se jugó su casa y sus tierras, con su mujer dentro. Según me contó una señora que murió hace poco con más de cien años, ganó Ángel Castro, pero le perdonó a Ventura y no quiso las tierras, la casa y la mujer. Después se fue a Cuba. Supongo que sería porque cuando estuvo de soldado vio las posibilidades que había allí y al volver aquí se daría cuenta que tendría más futuro en Cuba”.


Lina Ruz y Ángel Castro, padres de Fidel, en su hacienda en 1925.

El escritor gallego Alfredo Conde le contó a Castro la historia de la partida de cartas en una entrevista de 1988. “No me extraña – contestó Fidel-. Algo puede haber de cierto, porque sé que a mi padre, cuando era muy joven, cuando estuvo aquí de soldado, le gustaba mucho jugar a las cartas, era un excelente jugador“, explicó.

Sobre el fugaz regreso de Ángel Castro a Galicia hay una versión todavía más sugerente. Aparece en el libro Fidel el desleal,del periodista francés Serge Raffy, quien asegura que volvió al reencuentro de una novia que tenía en su pueblo, pero la mujer ya se había casado en su ausencia, por lo que decidió irse a Cuba para siempre. Sólo una prima gallega de los Castro, Victoria López, afirma conocer este episodio, que oyó contar siendo niña.

Lo que sí parece probado, por lo menos para las autoridades cubanas, es que Ángel Castro desembarcó en La Habana, procedente de A Coruña, el 4 de diciembre de 1899, tras viajar en el vapor francés Mavane. Ya no era un soldado, sino un emigrante, dispuesto a salir adelante como fuese. Cuba, que hasta la década de los 20 vivió los tiempos de esplendor del azúcar, era junto a Argentina el principal destino de la descomunal emigración gallega a América.


Los hermanos Ramón, Fidel (de blanco) y Raúl (sentado), con un amigo en La Salle de Santiago de Cuba.

Ganar dinero

Sobre sus primeros pasos hay todo tipo de explicaciones. Algunos biógrafos lo sitúan en el negocio que tenía su tío en Santa Clara. Katiuska Blanco afirma que trabajó en las minas de hierro y manganeso en Daiquiri y Ponupo, en Oriente. Tad Szulc relató que vendió limonada a peones del campo y que la transportaba en barriles a lomos de un asno. “Como siempre han hecho en ultramar los inmigrantes españoles, en especial los gallegos, los más pobres y decididos de todos, Ángel Castro trabajaba sin cesar para ganar dinero y ahorrar. En alguna parte a lo largo de su camino, aprendió a leer y escribir”, escribió el norteamericano Szulc.

El patriarca de los Castro tomó como centro de operaciones las proximidades de la bahía de Nipe, un feudo de la United Fruit Company. En una central azucarera de esta compañía, llamada Preston, abrió en 1907 su primer negocio, una fonda y bodega que bautizó como El Progreso.También trabajaba como contratista de esa multinacional, cortando madera en los bosques, para plantar inmediatamente caña de azúcar. Y después fundó su propia hacienda, Manacas, ubicada en Birán.

“Es cierto que se parece algo a Láncara. Está en un valle, es verde y tiene bosques frondosos”, explica el alcalde de Lugo, el socialista José Clemente López Orozco, primo tercero de Fidel y Raúl Castro. Como todos los gallegos que han estado en Birán, Orozco se sorprendió al ver la reproducción de la casa de Ángel Castro. La original ardió a comienzos en 1954, por un descuido del gallego con un cigarro. Ambas fueron construidas con madera cubana pero según el modelo tradicional de Galicia, con grandes pilotes y las cuadras debajo de la vivienda, para que las bestias diesen calor. En el Caribe esa calefacción animal era innecesaria, aunque Ángel Castro aseguraba que así protegía a las vacas de los huracanes.

El analista de la CIA Brian Latell y el historiador Hugh Thomas recogieron en Birán testimonios según los cuales Ángel Castro cambiaba por las noches los lindes de sus tierras para ampliar sus posesiones, aunque nunca se pudo demostrar. Esas prácticas son conocidas en la Galicia rural como “mover los marcos”.

En 1911 Ángel Castro se casó con María Argota Reyes, con la que tuvo cinco hijos, aunque dos de ellos murieron al poco de nacer. María era una profesora y Ángel ya se había convertido en un poderoso terrateniente. Después apareció otra mujer, Lina Ruz, hija de una familia que trabajaba en la hacienda y que hacía de cocinera en la casa principal. Con Lina, Ángel tuvo otros siete hijos. El tercero fue Fidel, que vino al mundo el 13 de agosto de 1926 y al que Ángel puso el nombre de su amigo y socio Fidel Pino, de origen canario. En 1931, Lina, cubana con ancestros asturianos y canarios, alumbró a Raúl. Ángel Castro no se casó con ella hasta 1943, cuando ya se había divorciado de María Argota. Fue entonces cuando admitió como hijos legítimos a Fidel y a sus hermanos. Ese tardío reconocimiento supuso, según algunos biógrafos, un trauma infantil para el mandatario cubano.

Juanita Castro, la hermana de Fidel y Raúl de Miami, sostiene que, al igual que hizo ella, su padre se habría opuesto al régimen comunista instaurado por sus hermanos en Cuba desde 1959. “Seguro que sí. Don Ángel era católico”, afirma desde Lugo Victoria López Castro, prima de Fidel. El patriarca no se vio en esa tesitura porque un día de octubre de 1956 resbaló en Birán y se dio un golpe que acabó con su vida cuando iba a cumplir 81 años. Sólo faltaban 42 días para que Fidel, con Raúl y el Che Guevara de lugartenientes, llegase a Cuba desde México en el yate Gramma.

Poco después de tomar el poder, Fidel ya designó a su hermano pequeño como sucesor. Nadie podía esperar que durase tanto, sobre todo tras la caída de la Unión Soviética. Sin embargo, del mismo modo que hizo su medio paisano Francisco Franco con la Alemania de Hitler, Castro sobrevivió al hundimiento de la antigua potencia protectora. Los que les conocen describen a Fidel como un líder casi sobrenatural y a Raúl, como un hombre más práctico y dicharachero. Ambos tienen la determinación y la astucia de Ángel Castro, quien cuando murió era uno de tantos gallegos que triunfaron en América. Hoy es mucho más.

El comandante y los pleitos en Galicia

Corría 1958 y Fidel Castro todavía estaba en Sierra Maestra, aunque su lucha revolucionaria parecía encaminarse ya hacia la victoria sobre el régimen de Batista. A San Pedro de Armea, Lugo, llegó Ramón Castro, el hermano que le lleva dos años a Fidel. La visita de tres días incluyó varias comidas en las que se juntaba toda la familia, encabezada por Juana Castro, hermana de Ángel Castro. Su hija Victoria aún recuerda cómo en un momento su madre no pudo aguantar más y dijo, en gallego, lo que pensaba: “Tan ricos como son, no sé que hacen tus hermanos metiéndose en eso de la revolución. ¡Fidel está loco!”. Ramón pidió que se lo tradujesen al castellano. Se levantó, puso las manos sobre el rostro de Juana y le dijo: “Tía, usted no sabe lo que dice. Cuba está en nuestras manos”.

Victoria, de 77 años de edad y votante del PP, cuenta esta anécdota para explicar la extrañeza que les causaba en su casa la adscripción comunista de sus célebres familiares cubanos.

La familia más cercana de los Castro en Galicia la forman Victoria, que vive en Armea, y sus hermanos Alfonso y Estelita, que residen en la cercana villa de Sarria. Las disputas entre Victoria y Estelita por tierras de la familia preocuparon en los últimos años a Fidel, quien en una audiencia con políticos gallegos llegó a anunciar que mandaría a su ministro de Economía a Galicia para que mediase. “Fidel siempre estuvo muy pendiente de lo que pasaba por aquí a través del consulado de Santiago y es cierto que se mantenía al tanto de las diferencias de sus primas”, explica el alcalde de Láncara.

Anxo Lugilde
Revista – La Vanguardia, España

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