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BOGOTA, oct 7 (Reuters) - Crecieron juntos como hermanos, jugaron fútbol, compartieron literatura, fiestas y tragos en una familia de clase media colombiana, pero uno eligió la vía de las armas para defender sus ideales y otro la política.

Roberto Sáenz, un concejal de Bogotá que aspira a la reelección en los comicios del 30 de octubre y es hermano de Guillermo León Sáenz -mejor conocido como Alfonso Cano, jefe de la guerrilla de las Farc-, le recomendó al prófugo líder rebelde dejar la lucha armada y la selva para hacer política.

“Yo le insistiría: hombre el pedazo de vida que le queda, que puede ser muy, muy bueno, no largo, usted lo debería dedicar a construir un proceso de paz y a construirlo a partir de un modelo de propuesta de sociedad distinta. Hay que ganarlo a punta de conciencia”, dijo Sáenz a Reuters en una entrevista esta semana en su sede política.

“Hay que hacer política, yo sé que hay una guerra sucia, la vivo todos los días”, afirmó sobre el riesgo de que grupos de extrema derecha inicien una campaña selectiva de asesinatos de antiguos militantes de la guerrilla en caso de que abandonen la lucha armada y se conviertan en un partido político.

A mediados de la década de 1980 surgió el movimiento de izquierda Unión Patriótica como parte de una propuesta política de varios grupos, incluidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), pero miles de sus líderes y militantes fueron asesinados por paramilitares de ultraderecha.

Sáenz, de 55 años, quien centra su campaña en temas ecológicos y se define como un socialdemócrata, fue elegido en esa época por primera vez concejal de Bogotá por la Unión Patriótica y pese a los riesgos se mantuvo en la política.

“Que venga y haga la propuesta política y yo sé que la tiene, por lo menos esa generación que hoy está comandando la guerrilla es una generación estudiada. ¿Por qué no lo hacen?”, dijo el concejal miembro de una familia de siete hermanos.

“Yo estoy aquí y no digo que sea en las mejores condiciones en la que nosotros luchamos, pero tenemos que hacerlo”, afirmó el licenciado en ciencias sociales de una universidad pública, quien tiene un esquema de seguridad similar al de los demás concejales de la ciudad, pese al estigma por ser hermano de uno de los hombres más buscados del país.

Holocausto inútil

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El político, quien en el 2008 asumió por segunda vez una de las 45 curules del Concejo de Bogotá al obtener más de 10.000 votos como parte del Polo Democrático Alternativo -el principal partido de izquierda del país-, vio a su hermano guerrillero por última vez en Caracas, la capital venezolana, en 1991, durante unas conversaciones de paz que no prosperaron.

“Siempre insisto en las palabras de Fidel Castro en su momento, es un holocausto inútil, esta guerra es un holocausto inútil, es una muerte absurda de colombianos y eso parece una frase de cajón, pero es así”, afirmó.

Colombia afronta un conflicto armado desde hace casi 50 años y la posibilidad de una salida negociada no se vislumbra a corto plazo por las posiciones radicales del Gobierno de Juan Manuel Santos y de las Farc, grupo rebelde activo más antiguo del hemisferio acusado de financiarse con narcotráfico.

Sáenz, quien hace parte de los Progresistas, un movimiento político con el que Gustavo Petro, un antiguo guerrillero del M-19 busca ganar la Alcaldía de Bogotá, descartó una entrega de su hermano, de 63 años, como lo pide el Gobierno.

“No creo que él se entregue, así esté en el último momento de su vida, decir ‘me rindo, me entrego’ (…), eso no va a pasar”, dijo el concejal quien sin embargo se declaró optimista de que en algún momento su hermano inicie una negociación.

Una muestra de lo que podría lograr su hermano y las Farc políticamente es Petro, quien tras deponer las armas logró una carrera como congresista de la izquierda que luego lo llevó a candidato presidencial y ahora a la Alcaldía de Bogotá, dijo.

También puso como ejemplo el avance de la izquierda en América Latina en los últimos años.

Sáenz cree estar preparado para un desenlace fatal ante los permanentes rumores de la muerte de su hermano, por quien Estados Unidos ofrece una recompensa de hasta 5 millones de dólares y es blanco de persecución de las Fuerzas Militares.

Pero reconoció que le da tristeza por las condiciones intelectuales de su hermano, su inteligencia y al recordar lo felices que crecieron en su niñez y juventud.

“Ese es un bacán (una buena persona), nosotros somos una familia feliz, Alfonso Cano no llegó a la guerrilla por resentimiento sino por evolución intelectual y esa es la gran esperanza que tenemos muchos (para que haga la paz)”, declaró.

“Nosotros no éramos ricos, pero nosotros nunca fuimos pobres, vivimos bien, teníamos casi todo, tomábamos trago, jugábamos fútbol, bailamos, lo que hace cualquier persona de una clase media, no rica pero acomodada”, concluyó.

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