Jerusalén, 16 oct (EFE).- Israelíes supervivientes de ataques terroristas y familiares de las víctimas viven estos días uno de los peores momentos de sus vidas por la inminente liberación de cientos de prisioneros a los que consideran “monstruos que volverán a matar”.

“Mi hija Malka, de quince años, fue asesinada en el atentado contra el restaurante Sbarro en 2001 que fue planificado por la terrorista Ahlam Tamini. Mi mujer y yo estamos escribiendo cartas y haciendo todo lo posible desde hace seis años para que no salga. Este momento es para nosotros una pesadilla”, declaró a Efe Arnold Roth.

Roth considera que la presa, condenada a 16 cadenas perpetuas por otras tantas muertes, “tiene un poder satánico. Tiene mucho carisma, es muy atractiva, joven y está llena de odio. Por todo ello, tiene mucha influencia. Es una terrorista bajo cualquier definición. Un monstruo”.

Él y su esposa han solicitado una entrevista con el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y con el titular de Justicia, Yakov Nimaan, para pedirles que impidan lo que consideran un gravísimo error.

El pasado viernes comenzó su calvario tras recibir una llamada oficial en la que se le informó que Tamimi saldrá y será exiliada en la vecina Jordania.

“Los terroristas nos quieren matar a todos. A mí, a mi mujer, a todos los que viven en esta calle y, si los dejan, lo harán”, advirtió Roth.

El intercambio de presos, en el que 1.027 reclusos palestinos serán excarcelados a cambio de la devolución del soldado israelí Guilad Shalit, capturado por milicias de Gaza en 2006, tendrá lugar en principio el próximo martes.

La Asociación Almagor de Víctimas del Terrorismo ha presentado dos peticiones al Tribunal Supremo para tratar de frenar la ejecución del pacto.

La primera, presentada el viernes, denunciaba la desproporción del intercambio: más de un millar de palestinos por un solo soldado israelí.

También pidieron ampliar el plazo de 48 horas que otorga la ley para impugnar la concesión de los perdones, que deberán ser firmados uno a uno por el presidente, Simón Peres, quien planea escribir en las cartas de clemencia que “ni les olvida, ni les perdona”.

Getva Levi, portavoz de Almagor, explicó a Efe que su organización “está en contra de la liberación de terroristas”, porque considera “que van a volver a su forma de vida, que es el terrorismo”.

“Es un peligro inmenso. Más de 180 israelíes han sido ya asesinados por terroristas que fueron liberados en el pasado. Por eso nos oponemos a este pacto y creemos que todo el mundo debiera oponerse. Vamos a hacer todo lo que podamos para pararlo”, añadió.

Mañana al mediodía decenas de afectados por el canje acudirán al Tribunal Supremo a presentar un nuevo escrito de oposición, que impugnará los casos uno a uno.

“Muchas familias de víctimas estarán allí mañana y también nos acompañarán militares de alto rango, que declararán que consideran que este pacto es muy peligroso. Espero que la Justicia pueda pararlo”, afirmó Levi.

Pero la experiencia dice que sus expectativas en este sentido serán escasas: en anteriores ocasiones ni los tribunales ni la Presidencia del país, estuviera en manos de quien estuviera, se han opuesto a estos acuerdos.

“Los cuatro hombres que mataron a mi hijo pequeño Yuval y a otros 16 inocentes en la masacre en un autobús en Haifa (en 2003) van a volver con sus padres y madres después de solo ocho años en prisión”, indicó indignado a Efe Yossi Mendelevich.

En su opinión “un Estado democrático no debería establecer ninguna relación con terroristas. Es una vergüenza para el Gobierno haber capitulado ante los terroristas de Hamás, que quieren eliminar a todo el Estado de Israel, son como los nazis”.

Además, resaltó que “las estadísticas demuestran cómo el 70 por ciento de los asesinos en serie como esta gente vuelve a matar”.

Para Mendelevich, quienes saldrán a la calle mañana son “una amenaza inmediata para los ciudadanos de Israel y para todos los que visitan el país, que podrían convertirse en sus próximas víctimas”.

Personalmente, este afectado por el terrorismo “preferiría que se eliminase a los asesinos, que les pegasen un tiro en la cabeza, pero ya que no lo permite la ley, deberían por lo menos dejarles toda la vida en la cárcel”.

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