Un duro editorial del diario argentino “La Nación”, publicado ayer sábado, dice que “la situación venezolana en materia de muertes violentas y de lucha contra el tráfico ilícito de drogas se puede catalogar de muy crítica“.

Un débil sistema judicial, una corrupción de alto nivel en aumento y la falta de cooperación en la lucha contra las drogas están favoreciendo el crecimiento del narcotráfico y de la violencia en Venezuela. Tal conclusión se desprende del último Informe sobre estrategia para el control internacional de narcóticos del Departamento de Estado norteamericano, documento que se publica anualmente y que aborda la colaboración internacional en la lucha antidrogas.

El demoledor informe afirma que en ese país, “mientras el crimen organizado prolifera, las incautaciones de droga disminuyen y las detenciones sólo se limitan a narcotraficantes de poca monta”. Aunque el gobierno venezolano ha comunicado que durante los primeros nueve meses de 2006 había capturado unas 39 toneladas de cocaína, el Departamento de Estado rebaja la cifra a entre 20 y 25 toneladas porque afirma que Venezuela se atribuye incautaciones realizadas por terceros países de narcóticos que habían salido del territorio venezolano.

Funcionarios de la Oficina de Narcotráfico del Departamento de Estado subrayaron que la colaboración en materia de drogas entre Washington y Caracas es mínima y que Venezuela se niega a firmar un acuerdo de intercambio de información sobre narcóticos con la Administración para el Control de Drogas (DEA). Asimismo, el gobierno norteamericano pone de manifiesto que la policía y los fiscales venezolanos no disponen de las armas suficientes para llevar a cabo investigaciones adecuadas y que los ciudadanos tienen poca fe en su sistema judicial.

Pero no es sólo en materia de lucha contra el narcotráfico en lo que Venezuela ha obtenido malas calificaciones. También en cuestiones relacionadas con la seguridad física de los ciudadanos, la administración del presidente Hugo Chávez tiene asignaturas pendientes. En efecto, hace apenas algo más de diez años, la violencia en el territorio venezolano era un tercio de la que registraba Colombia. En 1995, la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes de ese país era de 22, mientras que Colombia era el país más violento de América latina y, posiblemente, del mundo, con una tasa de 65.

Hoy, según distintas fuentes de información sobre violencia y delincuencia, Venezuela no sólo superó a Colombia, sino que se sitúa como uno de los países más violentos de la región y, en algunos casos, como el más violento, por encima de El Salvador y de Honduras.

Según los cifras que maneja la división de estadística del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) del gobierno de Venezuela, en 2005 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes llegó a 38, mientras que Colombia en ese año registró una de 39 y el año último bajó a 36, según reportes de la policía colombiana. En el caso de Venezuela, no se cuenta con cifras de 2006, dado que el Cicpc no las volvió a publicar, pero, según los datos registrados hasta mayo último por esa institución, la violencia seguía creciendo.

Como se puede ver, hoy la situación venezolana en materia de muertes violentas y de lucha contra el tráfico ilícito de drogas se puede catalogar de muy crítica, y para enfrentarla es necesario que el Estado asuma ambos problemas con políticas públicas integrales, con un decisivo combate contra la corrupción y con una necesaria cooperación internacional. Por sobre todas las cosas, para librarse de esos males que la tornan cada vez más vulnerable, la sociedad venezolana requiere que el presidente Chávez demuestre real voluntad y liderazgo político para enfrentarlos.

Más drogas y violencia en Venezuela
La Nación, Argentina
Editorial (Sábado, 17)

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