Mientras Hugo Chávez se declara fervoroso creyente de las ideas de Marx y Lenin y proclama que llevará el país hacia el socialismo, la sociedad venezolana vive un inédito auge consumista que ha popularizado la cirugía estética y otros lujos.

Los excesos de dinero circulante por la prosperidad petrolera han llevado a los bancos a lanzarse a una encarnizada batalla por captar clientes, lo que ha forzado a bajar las tasas de interés para los créditos desde 40% a niveles de 16% y 20%, y a flexibilizar los requisitos para prestar.

Esta situación estimuló el crédito al consumo de todo tipo de bienes, incluyendo las operaciones de cirugía estética. De acuerdo con un estudio de la firma privada Softline, durante el 2006, la cartera de préstamos al consumo de la banca local creció un 118% y cerró el año en 6.000 millones de dólares.

Guillermo Blanco, gerente de créditos personales del Banco del Caribe, dijo que esa institución llegó a tramitar entre 80 y 90 solicitudes mensuales de créditos para operaciones de cirugía estética entre marzo y junio de 2006, y a partir de la segunda mitad de ese año la cifra se ubicó en 45 casos al mes.

El 2006 fue el año de la cirugía estética en Venezuela. Te puedo hablar de aumentos de 200% en la consulta y en los casos operados”, señaló el cirujano plástico Víctor Rada, que tiene cerca de 15 años trabajando en esa especialidad.

Entre comprarme un carro y operarme los senos, yo preferí mis senos y creo que el sacrificio valió la pena“, expresó Omaya Dávila, una comerciante de 31 años, quien aseguró que las operaciones de cirugía estética se han convertido en una “norma social” entre las venezolanas.

“Conozco el caso de una amiga que prefirió operarse las lolas antes que comprarle los útiles escolares a su hijo. Es una locura”, agregó Dávila, mientras aguardaba junto a otras ocho pacientes para un consulta con un cirujano plástico.

Tan sólo en el 2006 los venezolanos se sometieron a la cifra histórica de 30.000 intervenciones de cirugía plástica, según cifras de la Sociedad Venezolana de Cirugía Plástica.

Los ingentes ingresos generados por las exportaciones petroleras y el creciente gasto fiscal han inyectado grandes sumas de dinero a la economía, que ha mostrado signos favorables de recuperación en los últimos tres años.

En 2006, el consumo registró un crecimiento histórico de 20%, y a inicios de este año tuvo un salto de 11%, en comparación con igual período del 2005, según cálculos de la encuestadora privada Datanálisis.

El apogeo del consumo ha tenido su mayor expresión en la multiplicación de los centros comerciales. Para finales de los años 90, había 250 conglomerados comerciales en todo el país, y en menos de una década la cifra se elevó a 400.

Sólo durante 2006 se inauguraron siete nuevos centros comerciales, y para este año se prevé la apertura de otros 13.

Durante 2006, la liquidez creció en 70% y alcanzó el nivel récord de 55.255 millones de dólares, lo que se convirtió en el principal combustible del boom consumista.

El excedente de moneda ha llevado a los bancos a bajar a 6,5% las tasas para los ahorros, haciendo poco rentable esas inversiones ante una inflación que concluyó el año pasado en 17%, la tasa más alta de la región.

Ante los pocos incentivos para el ahorro y los temores de que la inflación futura será mayor, la población está prefiriendo comprar para protegerse, expresó el directivo de Datanálisis, Luis Vicente León.

Agregó que la fuerte demanda de bienes y la limitada oferta “está generando un problema gravísimo de cobertura, y eso está generando escasez y crecimiento de los precios”.

Antonio García, un empleado de un canal privado de 49 años que daba un vistazo a una vitrina para comprarse un televisor, dijo por su parte que “nosotros estamos acostumbrados a un tipo de vida libre, a esa sensación de tener por tener. Eso de encajonarnos en un socialismo no va con nosotros“, señaló.

Durante un discurso reciente ante miles de seguidores a los que instó a “deslastrarse” del consumismo y el capitalismo para crear un “hombre nuevo” como parte de modelo socialista que promueve, Chávez sostuvo que “el consumismo lleva por dentro una célula como pudiéramos llamarla cancerígena, se llama la corrupción. ¿Cuál es la raíz de la corrupción? ¡Ah!, el ansia de poseer bienes materiales“.

Pero la posibilidad de que el venezolano pueda engranarse con el modelo socialista resulta lejana para algunos analistas.

“Eso (del modelo socialista) no corre para nada en esta sociedad estimulada de consumo, y cualquier intento de cambiarlo sería terriblemente negativo a la popularidad del presidente”, aseguró León.

El auge consumista se ha extendido a todos los estratos sociales, especialmente entre los pobres, que han aprovechado los pagos recibidos por los programas promovidos por la administración de Chávez para hacerse de artículos que en el pasado les eran inalcanzables.

Cerca de 2 millones de personas son beneficiarias de las denominadas “misiones” del gobierno, y reciben en promedio un salario de 100 dólares al mes.

A esto se suma la abultada nómina estatal que durante los ocho años de mandato de Chávez ha crecido en cerca de 40%, y ya alcanza a 1,8 millones de personas.

Los aumentos anuales de más de 20% del salario mínimo decretados por Chávez durante sus ocho años de mandato han impulsado hacia el alza al resto de los sueldos en el país, lo que ha mejorado de forma ostensible la capacidad de compra de una buena porción de la población.

En los niveles bajos, que representan más de la mitad de la población, el ingreso promedio mensual está entre 239 dólares y 430 dólares. En la clase media las entradas mensuales están en 925 dólares, mientras que en el estrato alto los ingresos están sobre los 4.200 dólares.

El furor consumista ha llevado al establecimiento en el país de las franquicias de lujosos vehículos como la BMW, la Mercedes Benz, Audi, y la importación de las fastuosas camionetas Hummer.

Jorge García Tuñón, presidente de una de las principales vendedoras de autos de la capital, expresó que en los últimos dos años los importadores han traído unas 300 Hummer a Venezuela, las cuales fueron vendidas a un precio promedio de 200 millones de bolívares (93.000 dólares).

La BMW de Venezuela compró recientemente la representación de la franquicia de la Rolls Royce para venderlos en el país a 500 millones de bolívares (unos 232.558 dólares).

El empresario reconoció que lujosos autos como los Hummer “nunca se vieron en Venezuela” debido a que no había mercado para ellos, pero que ahora se están trayendo porque “hay unas personas que están ganando lo suficiente para comprarlos”.

El sector automotor ha sido uno de los más favorecidos por la ola consumista. Durante el 2006 se vendieron en Venezuela 343.000 vehículos, lo que representó una cifra récord para el sector debido a que superaron en 50% las ventas del 2005 y en 80% las del 2004.

AP – Infobae (Argentina)

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