Venezuela 06 / may / 2007 11:12 pm 40 comentarios

¿En qué anda Napoleón Bravo?

El mismo año en que su célebre espacio Gente en ambiente cumple 40 años en el aire, el conocido periodista y locutor regresará a las pantallas de televisión con una serie de entrevistas a personalidades de impacto mundial, que será transmitido en toda América Latina. “Las presiones del Gobierno me han hecho un gran favor, porque me han obligado a internacionalizarme. Eso me ha dado un nuevo impulso”

En noviembre de 1966, cuando José Ovidio Rodríguez iba a cumplir 19 años, nació Napoleón Bravo. Fue cuando comenzó a salir al aire con un programa que se transmitía los sábados, durante una hora, a través de la emisora Radio Cultura, que pertenecía a Eduardo Veloz Mancera. En marzo del año siguiente, el espacio, que había pegado tremendamente entre los jóvenes, a quienes estaba dirigido, fue pasado a los domingos y se amplió a seis horas. Y comenzó a llamarse Gente en ambiente, ahora una institución de 40 años.

Ese fue el inicio de la carrera de Napoleón Bravo en la radio, la televisión y la prensa. Un devenir que abarca muchos más programas, estaciones y medios impresos de los que caben en este espacio, porque, además, en el primer tramo de ese trayecto, Bravo persistió en su desempeño como actor de teatro, TV e incluso cine.

José Ovidio Rodríguez nació el 13 de noviembre de 1947, en La Pastora, Caracas. Sus padres vinieron de España, cada uno por su lado, y se conocieron en Santo Domingo, de camino para Venezuela. Su padre, que era republicano, es condenado a muerte y logra escapar.

Mientras, su abuelo materno es fusilado por las fuerzas de Franco y el resto de la familia materna sale de España rumbo a Francia, adonde marchan en un mismo tren pero en distintos vagones, lo que propicia la dispersión del grupo en dos diferentes campos de concentración de refugiados españoles en suelo francés. La reunificación se produce gracias a las cartas que ambos gajos familiares enviaron a un familiar radicado en República Dominicana, quien responde la correspondencia y los hace traer a la isla antillana.

LA LUZ DE CATA. Un día, los padres de José Ovidio –que entonces no había adoptado el nombre Napoleón Bravo, precisamente para impregnarse de la agresividad y voluntarismo de los que el solitario hijo único carecía decidieron irse a España. El muchacho acaba de terminar la primaria. “En España descubrí que tenía un país, con el que me identificaba y al que quería pertenecer en exclusiva; y que éste era Venezuela. Es la época en que descubro, aun estando lejos, el color y el calor del Caribe; y me doy cuenta de que, aunque había recibido una educación europea, -tanto en mi casa como en el Colegio La Salle-La Colina, al que había asistido, con curas españoles y franceses-, yo era estrictamente caribeño y así quería vivir. Lo supe por cosas muy concretas: añoraba la bahía de Cata; en medio del invierno me concentraba para evocar con toda claridad los rayos de sol que entraban por la ventana de mi cuarto, en Caracas. Cuando regresé a Venezuela adquirí el hábito de ir a Cata. Y lo hice por muchos años, a veces ida por vuelta el mismo día“.

-Pero lo más importante para mí en esos años -continúa- es que en España descubrí la música venezolana, porque el locutor y disc-jockey más importante de ese país, para el momento, era el chileno Raúl Matas, quien solía difundir mucho nuestra música. Matas y el venezolano Eduardo Morell (conductor del programa radial dominical El tragadiez de los éxitos) me marcaron profundamente. Todo lo que yo he hecho en mi vida, en radio y televisión, tiene que ver con la influencia de estos maestros y con el hecho de que, aunque yo nací en este país, el ejercicio de mi nacionalidad y mi compromiso con ésta ha sido mi elección”.

Tal había sido la impronta de Eduardo Morell en el niño José Ovidio Rodríguez Cuesta, que durante los fines de semana, en vez de irse con sus padres o sus amigos a la playa, se quedaba en casa jugando a ser locutor y emular El tragadiez de los éxitos. Su otro modelo fue el legendario Renny Ottolina, a quien también remedaba en juegos infantiles.

BASTA DE PELO CORTO. Concluido el bachillerato en España, donde la secundaria prevé seis años de estudios, que él logró hacer en tres, para regresar cuanto antes a Venezuela, Napoleón retorna a Caracas y se inscribe en la Escuela de Física de la UCV. “Allí estaría pocos meses. Era la época de las guerrillas. Yo era, y soy, un ferviente admirador de Rómulo Betancourt. Jamás he admitido el comunismo. Siempre he sido un pequeño burgués: un tipo amplio, igualitario, dispuesto a ayudar a mis semejantes. En esa época, en la UCV, a cada rato entraban al aula unos grupitos que venían a interrumpir las clases para pedir dinero para los presos políticos; y llegó un momento en que me rebelé y les dije que no era posible que suspendieran las clases con tanta frecuencia, que nos metieran a nosotros en las cárceles a ver si allí se podía estudiar en paz.

Me hicieron la vida imposible.

Me fui al Teatro Universitario, con la buena suerte de que estaban empezando los ensayos de Yo, William Shakespeare (de José Ignacio Cabrujas, dirigido por Nicolás Curiel), y actué en la pieza con muy buenas críticas, por cierto”.

En unas vacaciones, Bravo fue a visitar a sus padres, todavía residenciados en Gijón, España, donde el muchacho conservaba un grupo de amigos con el que compartía el gusto por el cine. En esa época, José Ovidio era un joven muy formal, tenía el pelo corto y usaba trajes de chaqueta… hasta que vio la película A Hard Day’s Night (1964), protagonizada por Los Beatles en el momento en que éstos hacían furor. Napoleón se quedaría en la sala para ver todas las funciones que restaban ese día. “Esa película cambió mi vida”, dice, “y no solo porque mis gustos variaron sino hasta mi manera de vestir: me quité la chaqueta y corbata. Y mis prioridades pasaron de los estudios a la música. Comencé a disfrutar la vida. Los Beatles, y luego los Rolling Stones, se convirtieron en mi contacto con el mundo. Los momentos más importantes de mi vida, además de conocer a mis hijos y a mi mujer, han sido mis encuentros con Mick Jagger, John Lennon y Jorge Luis Borges”.

Tras abandonar los estudios de Física, Napoleón se inscribió en Letras, que tampoco terminaría. Ya estaba enganchado con la música y la radio. Y con la vida.

Comparaciones ofensivas

· · · En la actualidad, Gente en ambiente se transmite por la señal de la emisora Éxitos 99.9 FM, del circuito Unión Radio. Y Bravo está en conversaciones con cadenas, tanto de Estados Unidos como de España, para radiarlo también en esos países. Será una proyección internacional que compartirá con un programa semanal de entrevistas, con figuras de relevancia mundial, televisado en toda América Latina. “Esta serie de entrevistas será producida por una compañía con sede en Estados Unidos. Y en Venezuela, la prioridad para su divulgación la tendrá Venevisión“. Este programa constituiría el regreso de Napoleón Bravo a la pantalla, ya que su espacio matutino 24 horas, que transmitía Venevisión, salió del aire en 2000, regresó unos meses después y fue nuevamente suspendido en 2004, tras el referéndum. Se diría que el tiempo de Napoleón Bravo se concentra en la radio sino fuera porque edita –con su esposa, la periodista y escritora Angela Zago una revista impresa llamada Gente en ambiente… y lidia en los tribunales con cuatro juicios. -Yo creo –conjetura- que mis acusadores se equivocaron de programa; y, en vez de ver el mío, vieron Aló presidente, porque el juicio que más se está moviendo es el de Iván Rincón en mi contra.

Cuando Linda Loaiza hizo su huelga de hambre en las puertas del TSJ, después de dos años de no recibir justicia, y en esos días su violador y maltratador justificaba sus crímenes diciendo que ella era prostituta, cosa del todo falsa, hicimos un programa con ella. Porque era noticia. En un momento dado, en un programa de dos horas, yo dije que, para vergüenza mía, para vergüenza de Iván Rincón y de toda la sociedad, esta muchacha se encontraba en esa situación; y que entonces para qué servía ese mamotreto que estaba allí detrás (la sede del TSJ); que por qué no usaban ese mamotreto como un burdel para regenerar prostitutas, a ver si así había más justicia en Venezuela. Pero resulta que ellos no fueron los únicos que se sintieron ofendidos: un grupo de prostitutas fueron a la oficina del programa a protestar, diciendo que su negocio era legítimo mientras que la justicia en Venezuela no tiene ninguna legitimidad. Dijeron que se sentían terriblemente ofendidas de que se las hubiera comparado con el Tribunal Supremo de Justicia.

Milagros Socorro
El Nacional

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