El Colectivo Alexis Vive irrumpió ante la opinión pública con sus protestas en Fedecámaras y Globovisión. Allí llegaron con sus rostros cubiertos y manifestaron su apego al marxismo-leninismo. Operan en el 23 de enero y creen en el método de la lucha armada. El diario El Nacional publica hoy un amplio reportaje sobre este grupo cuasi terrorista.

Título de El Nacional: Detrás de las capuchas
Reportaje de Adriana Rivera y Nelson Castro en El Nacional
Fotos: Obtenidas de diversos sitios web

Robert Longa, uno de los fundadores del grupo, que también estuvo en la acción contra Globovisión aunque no apareció en las pantallas, toma la palabra para “reivindicar” lo ocurrido. “No estamos en actos vandálicos, en Altamira sí”, asegura.

–¿Por qué hablan de reivindicar y no de asumir la responsabilidad sobre eso?
–Si se asume la responsabi”Somos colectivo. Pensamos colectivo. Actuamos colectivo.

Colectivo Alexis Vive”, se lee en la azotea del bloque 26 de la parroquia 23 de enero, a unas cuadras del metro de Agua Salud.

Los murales de las adyacencias, uno con la imagen de Jesucristo junto a un fusil y otros con personas de rostro cubierto que lanzan piedras, también tienen la firma del grupo.

“La realidad del hecho -se apresura Gallego- es porque la actividad puede ser calificada como positiva o negativa. Pero lo que hicimos en Fedecámaras y Globovisión lo entendemos como algo positivo. Globovisión es la punta de lanza de la burguesía y la acción en Fedecámaras la reivindicamos porque creemos que teníamos que hacerlo. Ellos son responsables de la escasez de alimentos”.

Sus miembros caminan por las calles con su uniforme habitual: una camisa azul con el nombre del grupo y un pañuelo con los colores de la bandera y la imagen de Ernesto Che Guevara.

Entre vecinos no se cubren la cara como lo hicieron el jueves 24 de mayo, cuando –junto con grupos de campesinosllegaron abruptamente a la sede de Fedecámaras, rayaron consignas en la fachada del edificio y desprendieron las letras del nombre del gremio empresarial.

–¿Por qué atacar estas instituciones?
–Todo surge en el seno de las masas. Rara vez salimos con los spray a las calles. Es parte de nuestro plan político para dar respuestas a los sectores golpistas, para decir que esta vez no habrá un 11 de abril , explica Longa-.

Tampoco dejaron ver su rostro completo la noche del viernes 25 de mayo cuando llegaron exaltados –en una suerte de comando con motos y camionetas– a plasmar sus pintas con aerosoles en las paredes de la sede de Globovisión y las casas contiguas al canal. “Somos marxistas-leninistas. Esta vez no habrá un 11 de abril. Esta vez estamos preparados y organizados”, gritó esa noche ante las cámaras Américo Gallego, un estudiante de sociología de la UCV que fungió como vocero. Esa fue la carta de presentación del grupo ante la opinión pública.

Fausto Castillo, dirigente estudiantil, señala al respecto: “No somos un grupo de choque. Nadie nos llama para que vayamos a la calle. Somos disciplinados, no nos mueven las coyunturas. Las acciones en Globovisión son producto de un plan propio. El colectivo tiene varios escenarios y respuestas preparadas para la agitación y el golpe. No es improvisado. Aplicamos el análisis de coyuntura marxista”.

–¿Por qué actuaron de esa forma?
–Si ellos vienen a Miraflores –advierte Longa – tenemos la capacidad para meternos en sus territorios, en el este. Nos cambiamos los nombres y nos tapamos los rostros porque de otra forma no nos hubieran parado.

ATAQUE JUSTIFICADO. En una oficina de dos plantas –instalada en un local que pertenece al Instituto Nacional del Menor– funciona el centro de operaciones del Colectivo Alexis González Vive Carajo. Ese es su nombre completo. En los últimos días, la efervescencia de la ciudad también se ha sentido entre ellos: cada día encomiendan a alguno de los miembros el seguimiento de la programación de los canales nacionales, en los cinco televisores que tienen en su “sala situacional”. Otros revisan las páginas web y leen los periódicos. Nueve personas, entre voceros y dirigentes, se apresuran a hablar.

-Creemos en el método de la lucha armada para hacer las transformaciones. La diferencia es que no somos manipulados, no somos hordas, agrega Castillo.

–¿Qué relación tienen con otros grupos del 23 de Enero como los Tupamaros
?
–La policía hizo de ellos un cliché –dice Longa–, a todos los movimientos de izquierda de la zona los catalogan así y se creó una leyenda. El colectivo Alexis Vive quiere ser la punta del iceberg que reemplace a los Tupamaros, que el nombre sea reconocido. Esa leyenda se vio potenciada porque fijaron postura con respecto a la delincuencia y eso generó adversidades en la zona.

–¿Por qué se cubren el rostro?
–Usamos las capuchas como gesto de indoblegable rebeldía, espeta Gallego.

El CAVGC nació en 2005, como una escisión de la Coordinadora Cultural Simón Bolívar (CCSB), un ente creado en 1993 para reunir a más de una decena de colectivos dedicados al deporte, la cultura, labores sociales, religiosas y artísticas que hacen vida en el 23 de Enero.

En el seno de la CCSB, el grupo que ahora se denomina Alexis Vive, se llamaba Travesía. Deben su nombre a Alexis González Revette, un militante de la CCSB, que apoyó al Frente Sandinista en Nicaragua.

Aunque algunas versiones relacionan la muerte de González con los saqueos producidos después del 11 de abril de 2002. Longa asegura que su compañero fue asesinado por la Policía Metropolitana el día del golpe de Estado. “Travesía tuvo una gran relación con él. Nos dolió su pérdida y quisimos reivindicarlo”, explica Longa.

–¿Por qué se separaron de la Coordinadora Simón Bolívar?
–La Coordinadora no logró fusionar todas las agrupaciones políticas de su seno. Había diferencias en cuanto a la estructura organizativa. El distanciamiento surgió porque creemos en el complejo partidario y la ideología marxistaleninista. Aunque no lo tomamos como dogma, sino como herramienta teórica, responde Gallego.

-No somos ultra rojos, no estamos cerrados al diálogo. Hay que tener divergencias y usar la dialéctica como herramienta, complementa Longa.

–¿Con qué objetivos se fundó el colectivo?
–Tenemos tres acciones para darnos a conocer en la comunidad, sostiene Castillo. La primera es la pedagogía de la insurgencia, enseñar la práctica revolucionaria. Luego, la defensa del proceso revolucionario, y el copamiento y rescate de espacios para el deporte, la cultura y articulación con las misiones.

Gallego indica que tienen una escuela de cuadros políticos para la formación de jóvenes –con 60 militantes– y ejercen influencia en la zona central del 23 de enero, entre los bloques 22 y 28, donde incluso forman parte de las juntas de condominio. “Quienes pertenecen a los cuadros han dando el salto de agitador a dirigente”, detalla.

Han organizado frentes estudiantiles, de transportistas y brigadas ecológicas. “Tenemos células en Puerto La Cruz y Valencia y planes de llegar a Barquisimeto”, añade Longa.

La recuperación de la piscina –que antes era un depósito de escombrosen la parte trasera del local que ocupan, es uno de los logros que exhiben en sus folletos y afiches; también la reparación de una pasarela en Agua Salud.

–¿Cómo obtienen recursos para su actividades?
–De los aportes mensuales de los miembros –precisa Longa– . Cada uno cotiza de 100.000 a 200.000 bolívares mensuales. Recogemos alrededor de ocho millones al mes. También hacemos verbenas y rifas.

–¿Han tenido contacto con algún funcionario público u organismo oficial para obtener recursos?
–Me molesta que digan que somos tarifados. Como organización del pueblo no le debemos nada a ningún partido ni funcionario. Aquí cada militante cotiza. Nadie nos da un presupuesto. Lina Ron sí nos ha apoyado, dice Gallego.

–¿De qué manera?
–En la logística. Nos ha donado carpas para los campamentos internacionales que organizamos en 2005, toma el turno Castillo.

–¿Cómo combaten la delincuencia?
–Con deporte y cultura –adelanta Irwin Durán, del frente estudiantil–. Los que estaban en drogas fueron violentos con nosotros, pero captamos jóvenes que ven en nosotros un modelo. Ideamos la misión Héroes de Caracas para que dejaran los vicios. Dimos charlas sobre los efectos de las drogas y a los jíbaros les buscamos empleo. Hacemos cineforos con películas que propician la formación ideológica y la crítica.

–¿Hay quienes aseguran que ustedes hacen profilaxis social?
–No. Si los confrontábamos con armas, generábamos más violencia, dice Longa. Buscamos reincorporarlos. Próximamente presentaremos un plan de seguridad endógeno al Ministerio de Interior y Justicia. Desde que aplicamos el plan, no hay tantos robos.

–Entre los links de su página web están los sites de las FARC y el ELN. ¿Han tenido relación con esos grupos?
–Como colectivo somos internacionalistas y solidarios con cualquier movimiento revolucionario del mundo que tenga coincidencias ideológicas, dice Castillo. No somos embriones guerrilleros en Venezuela. Así como apoyamos a las FARC y el ELN, apoyamos al EZLN de México.

–¿Han viajado para formarse en otros países?
–Algunos compañeros han hecho cursos de trabajo social comunitario en Cuba, precisa Castillo. Nos gusta conocer las realidades de otros países, pero evitamos decir a dónde van los compañeros. Organizamos campamentos internacionales a los que ha venido gente de Euskadi, Francia, Colombia o Alemania.

–En 2006 circularon por Internet fotografías de muchachos con armas en las terrazas de los bloques que fueron vinculadas con el colectivo. ¿Los menores que salían en las fotos forman parte de la organización?
–Las fotos se hicieron en la azotea del bloque 26, durante uno de los campamentos internacionales. Hicimos el saludo levantando el puño y luego hicieron un montaje para hacer ver que teníamos esas armas en las manos. Sería ilógico que hubiéramos salido armados con las pañoletas que nos identifican para que la gente nos reconociera.

–¿Su grupo está armado?
–No tenemos armas. De ser necesario, lucharíamos con armas del pueblo, como las bombas molotov, señala Gallego.

Al bajar desde el área de los bloques hasta la estación de Agua Salud, las calles del 23 de Enero hablan de los diversos grupos que conviven en su seno: La Piedrita, la CCSB, los Tupamaros y Alexis Vive, entre otros. En esas aceras, los muros, las puertas de negocios y los kioscos de la zona central son territorio de los aerosoles rojos de los alexisvivistas.

El indomable 23 de Enero

ALFREDO MEZA – El Nacional

Hasta 1998 los cuerpos de seguridad venezolanos trataban a todas las organizaciones de ultra izquierda surgidas en el 23 de enero como delincuentes. Luego del triunfo de Hugo Chávez en diciembre de 1998, algunos de sus integrantes intentaron lavar públicamente su imagen: no eran malandros, sino tipos que, hastiados de la delincuencia y el tráfico de drogas en el sector, se unieron para erradicarla mediante la promoción de actividades culturales y deportivas.

Nunca se cansaron de repetírselo a los reporteros. A esa razón y no otra responde, según ellos, el génesis de la Coordinadora Cultural Simón Bolívar, Tupamaros y las demás organizaciones que tienen su sede en la célebre parroquia del oeste de Caracas. No obstante, informes posteriores a 1999 elaborados por la división de inteligencia de la Disip aseguran que estas organizaciones conformaron escuadrones de la muerte, los cuales asesinaron a 13 personas consideradas como azotes de barrios.

Una de esas víctimas respondía al nombre de Aníbal Carmona Espinoza. Espinoza murió por disparos que impactaron varias partes de su cuerpo el 30 de abril de 1999 en el sector de Monte Piedad. También colocaron artefactos explosivos en la sede de la embajada y consulado de Colombia (23 de agosto de 1999), en los diarios El Universal y El Impulso (7 de diciembre de 1999), en la Dirección Ejecutiva de la Magistratura (9 de mayo de 2001) y en la planta baja de la Torre Capriles (15 de mayo de 2001) “en respuesta a las políticas antirrevolucionarias y neoliberales de autoridades universitarias”. Que el adjetivo neoliberal aparezca en la exposición de motivos de las acciones demuestra la identificación con el gobierno del presidente Hugo Chávez. Tupamaros, por ejemplo, se convirtió en un partido político que apoyó la plataforma oficialista hasta principios de 2007, cuando decidieron disolverse para unirse a la gestación del Partido Socialista Unido de Venezuela.

No ha sido ese el camino tanto de la Coordinadora Cultural Simón Bolívar como del novísimo Alexis Vive. Este último grupo ha preferido manifestarse de otra forma: rayando paredes en las fachadas de las instituciones “que representan a la oligarquía”, lo que ha causado la ira de los afectados. Reinaldo García, diputado de la Asamblea Nacional, respalda las pintas que el colectivo Alexis Vive hizo en las sedes de Globovisión y Fedecamaras porque lo considera una vieja forma de lucha “Que yo sepa ellos no agredieron físicamente a nadie, cuestión, de paso, con la que no estoy de acuerdo Además, desde siempre las paredes reflejan el estado de ánimo de la gente”. El parlamentario dice que la acción del grupo “es una reacción a las posturas de algunos de los representantes de la oposición”. “Globovisión” continua, “dice que ha sido víctima de una agresión, pero yo los invito a que vean cuán rayadas están las paredes de Caracas con consignas propias de quienes se oponen al proceso de cambios liderado por el presidente Hugo Chávez”. La relación entre el parlamentario, electo por el Distrito Capital, y las organizaciones del 23 de enero es bien estrecha. García asegura que el colectivo Alexis Vive ha presentado en la Asamblea Nacional algunos proyectos para que se discutan en las distintas comisiones. “Algunas propuestas son más radicales que otras, pero en general todas son consideradas. Recuerdo que presentaron un plan cuando discutíamos la Ley de Consejos Comunales. A mí se me han acercado para echarme una mano en el área penitenciaria. Bastante falta que hace”.

EN DOS AGUAS. Las organizaciones del 23 de enero nadan, pues, en esas aguas. Son el arquetipo de la comunidad organizada, de la gente que, mediante el trabajo social, busca sacar a sus vecinos de las tinieblas de la droga, pero también encarnan a los hombres que toman justicia por su propia mano, allí donde el brazo del Estado es incapaz de hacerlo. “Usan la fachada de promotores deportivos y culturales para desarrollar un intenso trabajo político y de profilaxia social. Se financian prestando seguridad a los bienes de la gente que paga por ello y cobrando peaje”, resume Fermín Mármol León, ex funcionario de la policía judicial. Recuerda Mármol León que durante los años sesenta y setenta le tocó enfrentar a un grupo de la zona llamado La Cobra. “Aún no estaba completamente solucionado el problema de los focos subversivos. Organizaciones como Bandera Roja se refugiaban en el 23 de Enero. Cuando la policía los allanaba, esas organizaciones deportivas protegían a los guerrilleros y les procuraban su escondite”. Cuando Eliseo Guzmán era director de la extinta Policía Técnica Judicial le tocó recibir informes sobre las actividades llevadas a cabo por estas organizaciones. “Como ahora, había ataques contra la propiedad privada. Actuaban como si fueran delincuentes comunes y los teníamos identificados”, recuerda. Dice Guzmán que la intrincada topografía del terreno, la alta concentración poblacional y la falta de recursos imposibilitaron concretar alguna operación de captura. “Había muchos recovecos donde ellos se escondían”.

Un frente en las aulas

La representación del Colectivo Alexis Vive, tiene su brazo estudiantil en las escuelas del Trabajo Social (lideran el centro de estudiantes) y Sociología de la UCV. “Seguimos la línea clásica. El que tiene presencia en el 23 de enero y la UCV se convierte en referencia política en Caracas. Por eso tenemos representación allá desde antes de la toma. 99% de la militancia del colectivo son estudiantes de niveles medio, diversificado y universitario”, explica Fausto Castillo, dirigente del frente, quien participó en 2001 en la toma del Consejo Universitario, por lo que fue suspendido por cinco años de la casa de estudios. Laura Pérez, estudiante de psicología de la UCV, recuerda que en 2006 el colectivo se acercó al centro de estudiantes de su escuela para solicitar apoyo en una marcha. “Ellos casi siempre están metidos en los líos que se forman en la universidad y como aquí no tenemos tendencia política, no le contestamos”, comenta. Castillo señala que sus objetivos son “la incorporación y captación de compañeros y propiciar una política propia del movimiento estudiantil porque esta es la única revolución donde los estudiantes no están movilizados”, manifiesta. En la Universidad de Carabobo, Bolivariana y Simón Rodríguez, la Escuela Nacional de Hacienda, el Colegio Universitario de Caracas y el Pedagógico también tienen representación estudiantil.

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