Además del apoyo que recibió Zelaya por parte de los gobiernos de Obama y el resto de Latinoamérica, otro líder del continente pondría al descubierto la doble moral a nivel de derechos humanos y violaciones de la ley que han reinado en la región.

Ejemplo de esto lo encontramos en el caso de Antonio Ledezma, quien para convertirse en el Alcalde de Caracas recibió la misma cantidad de votos en las elecciones de noviembre que Zelaya cuando fue electo como Presidente de Honduras en 2005. No obstante, mientras la Organización de Estados Americanos unido fuerzas para que Zelaya fuese restituido en su puesto como Primer Mandatario hondureño, suspendiendo a Honduras por violar los parámetros democráticos interamericanos, la OEA ha ignorado el caso de Ledezma, quien después de haber ganado las elecciones ha sido retirado de su puesto de manera ilegal, le han congelado todo su presupuesto y ha estado bajo investigación en lo que va de gobierno del presidente Chávez.

Por lo tanto, el 3 de julio, mientras algunos ministros de la OEA se reunieron en Washington para discutir el caso de Honduras, el alcalde Ledezma inició una huelga de hambre en la sede de la OEA en Caracas. Sus propósitos eran bastante explícitos: forzar al presidente Chávez para que le pagara a los diferentes empleados municipales e instar al secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, a que abriera una investigación en referencia a las violaciones de la democracia en Venezuela por parte del Primer Mandatario venezolano.

José Miguel Insulza, quien es un socialista chileno, cuenta actualmente con el apoyo del presidente Chávez para optar por el cargo de Secretario General de la OEA por segunda vez y es precisamente él quien engloba esta doble moral. Su actuación ha sido teatral e inefectiva en sus intentos por restablecer el orden en Honduras. Pues una semana atrás apoyó el fallido intento de retornar a Zelaya a Honduras, lo que dio como resultado disturbios en este país y el traspaso del caso al presidente costarricense Óscar Arias.

Más temprano que tarde, la huelga de hambre de Ledezma empezó a afectar la imagen de Insulza, lo que le llevó a realizar una llamada telefónica en la que prometió que se reuniría con alcaldes y gobernadores venezolanos en Washington, a la vez que investigaría los cargos imputados al presidente Chávez en los que alega que éste había violado los parámetros democráticos. Sin embargo, Insulza señaló posteriormente que “es muy difícil determinar cómo un país debería organizarse internamente”.

Este desinterés por actuar en contra de la represión política era la posición de moda entre los integrantes de la OEA antes del golpe de Estado en Honduras, incluyendo al gobierno del presiedente Obama. Pues a pesar de que el Primer Mandatario venezolano lanzase la campaña más fuerte en contra de los líderes de la oposición y los medios de comunicación poco tiempo después de que el Presidente Obama fuese elegido en los Estados Unidos, dicha administración se negaba a declarar públicamente su posición al respecto. En vez de esto, ambos gobiernos accedieron a intercambiar embajadores y reiteraron su interés en “trabajar en conjunto” con el presidente Chávez.

No obstante, la semana pasada todo esto pareció haber cambiado cuando la secretaria de estado Hillary Clinton y otros integrantes del gobierno del presidente Obama aparentemente cambiaron su enfoque. Inmediatamente después de haberse reunido con Zelaya, Clinton le concedió una entrevista al canal Globovisión, aquí la secretaria de estado estadounidense reiteró el deseo del gobierno de este país para “bajar la temperatura” en su relación con el presidente Chávez, a la vez que estableció su posición en contra del ataque a los medios de comunicación.

Por su parte, Arturo Valenzuela, quien es el Subsecretario de Estado para Latinoamérica, señaló en el Congreso estadounidense que “debería estar claro que la respuesta colectiva de todo el hemisferio a favor de la democracia no se debería limitar a actuar sólo cuando líderes electos son derrocados de su posición presidencial”. El resultado del caso del ex presidente hondureño es que ha propiciado la oportunidad perfecta para que el gobierno estadounidense tome una posición más fuerte y efectiva en contra de los entes antidemocráticos del hemisferio.

Este artículo es una traducción del reporte publicado en inglés por el diario estadounidense Washington Post, para ver la nota original pulse aquí.

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