
Charito Rojas comenta en su columna de hoy de Notitarde la carta enviada por Marisabel Rodríguez al Presidente Chávez y recuerda como fue la relación entre ellos.
Esta es su columna completa:
“Encomienda al Señor tu camino, confía en El y El actuará“. Frase bíblica citada por Marisabel ex de Chávez en su carta abierta del 18 de septiembre de 2007.
Tenía largo tiempo callada. Supimos que se casó hace pocos meses con un entrenador de tenis del Barquisimeto Hilton. Ocasionalmente nos informaban de sus viajes a Miami o sus visitas al duty free del aeropuerto de Maiquetía. Comentamos su presencia con la hijita en espectáculos infantiles en el Forum de Valencia. La vimos en diciembre con su franela roja haciendo campaña.
El país, después de criticar los segundos frentes de los últimos Presidentes adecos, se alegró con esta pareja que se veía bien avenida: estaban recién casados, eran jóvenes, con una bebé y la posibilidad de brindar esa imagen de estabilidad familiar que como ejemplo tanto se necesita en una tierra donde el 58% de los niños son hijos de madres solteras. Su pasado pre y post Chávez fue borrado ante la opinión pública por su cara angelical y esa puesta en escena de pareja feliz.
Los problemas comenzaron con los patitos de hule: aquella cuña donde la Primera Dama rodeada de esos patitos amarillos con que se bañan los niños, fue objeto de burla por el tonto mensaje que emitía. Al ridículo de los patitos de hule se sumó el del traje con sombrero lila que exhibió en una parada militar en Los Próceres. Pronto el cuento de hadas pareció esfumarse. La Primera Dama subía y bajaba de peso, algunos decían que era la dieta de los puntos, otros que trastornos nerviosos. Sus continuas idas y venidas del Hospital de Clínicas Caracas eran atribuidas indistintamente a golpes que a cirugías plásticas. La sospecha de que no todo andaba bien en la intimidad de La Casona parecía asociarse a los rumores de las infidelidades presidenciales. Marisabel Rodríguez ha sido, desde su primera aparición en la vida pública, un personaje controversial, una conducta misteriosa, desobediente de los cánones de corrección de una Primera Dama. La revelación de sus tormentosos amores antes de casarse con Chávez, su juventud y belleza poco frecuente en tal posición, sus oscuros orígenes y sobre todo su extraña subordinación hacia quien presuntamente la malquería, hacía que la opinión pública siguiera con singular interés los avatares de la pareja presidencial.
Su matrimonio parecía desmoronarse igual que se venía abajo el apoyo que había recibido Chávez para llegar a la Presidencia, causas todas imputables al despotismo, egocentrismo, violencia, arbitrariedad con que se desempeña este hombre en todo los planos de su vida. Pero mientras Venezuela reaccionaba a esto con rechazo, Marisabel parecía plegarse cada vez más a la barbarie, admitiendo hasta que su esposo le ofreciera en público darle “lo suyo”. No sabemos si esto era cierto o no, pero entre risa y risa, le hacía lo mismo que al país: humillarla, someterla, callarla. Sin embargo, ella de ninguna manera era una víctima. Disfrutó al máximo de su posición, fue a la Constituyente con un extraordinario poder político, lucía costosa ropa y accesorios de firma. Su prosperidad posterior demostró su habilidad para aprovechar las oportunidades.
La actuación estelar de Marisabel ocurrió cuando los sucesos de abril del 2001: ella estaba separada de hecho del Presidente, quien desde hacía meses vivía en Miraflores, cuando saltó a la palestra mundial con una llamada telefónica de auxilio a CNN, rogando que otros gobiernos intercedieran y salvaran la vida de su esposo. Las dramáticas palabras de la Primera Dama venezolana sollozando y pidiendo por su marido, conmovieron y ocultaron la realidad que vivía el país: la de un Presidente que había llevado al caos y a la exasperación a una sociedad que pacíficamente le pedía la renuncia, mientras le disparaban a mansalva. Los venezolanos, proclives a compadecer a esta mujer aparentemente indefensa, que se habían puesto de su lado en su conflicto matrimonial y en su difícil posición pública, jamás le perdonaron esta intervención. La pregunta era por qué ella defendía a su agresor. ¿Síndrome de Estocolmo? Pues si lo era, este síndrome ha salido a flote varias veces. En el paro nacional, le pidió a Chávez vía televisiva y desde su casa de Barquisimeto (ya estaba declarada la separación de la pareja) que “escuchara a su pueblo”. Actitud contrastante con los rumores que procedían de Barquisimeto y que se han repetido durante años posteriores, en el sentido de que Marisabel tiene una vida abundante, que es socia de una farmacia y de un gimnasio-spa, que compró una casa en Weston Road, Florida y que gozaba de todas las ventajas de presidir la Fundación del Niño, entre ellas viajar en el “camastrón”.
Y aquí viene el por qué he dedicado esta columna a la ex Primera Dama, en lugar de hablarles de la Reforma Constitucional, de la educación bolivariana o del cambio de la hora o de la moneda. Cuando leí la carta de Marisabel a Hugo Chávez en Ultimas Noticias, en la cual ella protestaba que la sacara de la Presidencia de la Fundación, encontré reflejada en esa situación todo lo que sucede en Venezuela: imposición, voluntad única, decisiones unilaterales, desprecio por los sentimientos ajenos y una inconmensurable arbitrariedad. Y por la otra parte, un sometimiento que de vez en cuando se alebresta, una fe de que las cosas van a mejorar, la creencia de que por la vía del diálogo ese señor comprenderá algún día lo que queremos decirle.
En primer lugar la carta no es la primera que Marisabel le dirige: ya anteriormente la señora le había declarado su amor epistolarmente, el 14 de febrero del 2000, a media página en todos los periódicos del país. Una de dos: o no puede hablar directamente con el hombre (situación en la que se encuentra el 95% de los venezolanos) o considera que es mejor enviarle el mensaje y no oír la respuesta. Luego, llama la atención que le reclame que no respetó un acuerdo, aparentemente hecho cuando se separaron, de que ella seguiría en el cargo “mientras no fuera necesario hacer algún cambio”. O sea, que en el acuerdo de divorcio, ellos negociaron también la Presidencia de la Fundación del Niño. Por qué Marisabel seguía en el cargo tiene la misma explicación de por qué el trisoleado Lucas Rincón disfruta de la embajada de Portugal, de por qué muchos de los colaboradores de Chávez, después de que éste los saca del gobierno son premiados con algún camburcito que los mantenga callados y tranquilos.
Ahora, si bien es cierto que el cargo, reservado para la Primera Dama no debía ser ejercido por una ex (porque la otra ex vive en La Casona con sus hijos) y mucho menos si ella es ahora la esposa de otro señor, también es cierto que la Fundación del Niño es una fundación privada, con sólo 10% de aporte gubernamental y que Chávez nuevamente aplicó su método íchaaazzz! para estatizarlo y pasarlo a depender del Ministerio de Educación. Lo más genial es que Marisabel le reclama que le hizo a ella lo mismo que le hicieron a él cuando el “golpe” de abril. Ella siente que él no ha cumplido (una vez más), que ha abusado de su poder y hasta lo amenaza con consecuencias legales. Marisabel sigue creyendo en los patitos de hule.
Hasta el próximo miércoles.
