Venezuela 30 / sep / 2007 12:18 pm 39 comentarios

Las guerras internas en el 23 de Enero

El intento de asesinato del dirigente tupamaro José Pinto ha puesto al descubierto las guerras internas en el 23 de Enero. El diario “Ultimas Noticias” publica hoy, bajo el título “Fuego en el 23“, un reportaje de Jorge Chávez sobre estos conflictos.

El fuego de la política rebelde que desde hace varias décadas atiza la lumbre en la parroquia caraqueña 23 de Enero, volvió a tomar fuerza hace pocos días, luego que desconocidos intentaran asesinar de cinco disparos a José Pinto, líder de la agrupación política Tupamaros, cuya partida de nacimiento se inscribió en esa popular zona. Por ese atentado, el herido ha responsabilizado a dos dirigentes del colectivo La Piedrita, organización que también surgió de la maraña de bloques de apartamentos que caracterizan a esta aguerrida comunidad.

Algún tiempo atrás, todos formaron parte de una misma familia de luchadores sociales. Pero desde 1998, en plena puja electoral que precedió la llegada al poder del presidente Hugo Chávez, el árbol genealógico de la lucha organizada y de izquierda en el 23 de Enero, comenzó a desperdigarse hasta atomizarse en colectivos, grupos, coordinadoras, movimientos armados y pare usted de contar.

Así también empezaron unas escaramuzas que han ido regando de muertos las calles, casas y hasta estaciones del Metro, para sumar 13 los asesinatos por rencillas políticas entre los grupos del 23 de Enero y cuatro por las fuerzas policiales.

Vieja historia

Atrás quedaron los enfrentamientos entre las fuerzas policiales y los activistas de organizaciones que desde la década de los 70 comenzaron a acentuarse, en la medida en que crecía el descontento de la población y el reclamo de mayores logros sociales.

La policía nos tenía a monte. La oligarquía utilizaba sus sabuesos para reprimir al pueblo organizado que reclamaba sus derechos. Todas las semanas allanaban casas de los luchadores sociales y nos acusaban de subversivos y guerrilleros, pero no nos desmoralizaban ni nos hacían bajar la guardia como era el deseo de los gobiernos opresores de turno“, recordó un dirigente de la Coordinadora Simón Bolívar, pero que habló a condición del anonimato porque “nadie sabe qué puede pasar más adelante”, recordando los días del 11, 12 y 13 de abril de 2002.

Este dirigente explicó que luego de la captura en Venezuela y posterior encarcelamiento de tres dirigentes de la organización política Tupamaros de Uruguay, entre los que se encontraba un sobrino del ex presidente Sanguinetti, quien realizaba acciones armadas para generar recursos económicos como asaltos a bancos, bombas de gasolina y otros. Las fuerzas policiales comenzaron a llamar “Tupamaro” a cualquier dirigente u organización de izquierda que operaba en el 23 de Enero.

De allí que ese nombre se dio no a una organización, sino a todo el colectivo que luchaba y continúa luchando en nuestra parroquia“, añadió.

Coordinadora

La constante arremetida de los cuerpos policiales obligó a que todos los activistas del 23 de Enero decidieran fundar la Coordinadora Simón Bolívar (CSB). Allí se reunieron los izquierdistas de todas las tendencias y también los vecinos, en su mayoría jóvenes, que querían rescatar su lugar de residencia de las manos de la delincuencia y el narcotráfico que se los había arrebatado.

La labor comenzó poco a poco. Primero fueron los parques públicos, el módulo policial, las calles, aunque para ello, en muchos casos tuvieron que enfrentarse directamente con los delincuentes y narcotraficantes que eran y son, en algunos sectores todavía hoy, apoyados por algunos funcionarios policiales, tal como lo denunciaron numerosos vecinos.

Mal que bien estuvimos unidos en bien del 23, pero nuestras discrepancias comenzaron cuando algunos compañeros plantearon proclamar a Andrés Caldera como candidato a diputado por el 23, luego de que él apoyara todo un plan que permitió arreglar lo que estaba dañado en nuestra parroquia“, refirió el miembro de la CSB.

Allí está la madre del cordero. Algunos dirigentes acusaron a José Pinto de querer apoyar a Andrés Caldera por haber trabajado en un programa impulsado por el presidente Rafael Caldera. Pinto sostiene que, por el contrario, él se negó a defender al hijo del entonces Presidente.

Esa fue la punta del ovillo de la unidad de la CSB que comenzó a deshacerse y que tuvo su corolario el año 98, luego que en una asamblea Pinto planteara la necesidad de “construir un proyecto político legalizado ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) para apoyar al presidente Chávez”.

A ello se sumó la discusión del apoyo a los candidatos entre los que figuraban Andrés Caldera, Juan Contreras, apoyado por los Tupamaros, y Carlos Melo, propuesto por Luis Miquilena.

Las versiones son distintas. Unos hablan de expulsión de Pinto, y él dice que se retiró de la asamblea.

Parcelas de poder

La atomización política trajo consigo otro tipo de lucha. Ya no era el enfrentamiento contra el gobierno de turno y sus grupos policiales, la delincuencia o el narcotráfico; sino entre las nuevas organizaciones que comenzaron a dividirse el 23 de Enero cual parcelas, en las cuales, no tenían poder de decisión los otros grupos.

Organizaciones como el colectivo La Piedrita que hoy cuenta con más de 22 años, tomó el control del barrio donde viven y desarrollaron un sistema que, según Valentín Santana, su máximo dirigente, les ha permitido limpiar su sector de delincuentes y narcotraficantes.

Aquí, compañero, no hay un solo malandro ni nadie que venda ni un átomo de droga. Los vecinos y milicianos nos turnamos para vigilar el sector las 24 horas e inclusive tenemos un circuito cerrado de televisión y una cadena de altavoces que nos permiten enterarnos inmediatamente si algo sucede“, explicó Santana En efecto, allí no ingresa nadie que no sea detectado de inmediato por el sistema de vigilancia privado. Además, han rescatado las fiestas como la Cruz de Mayo, los carnavales, realizan actividades deportivas, apoyan las misiones y, lo que los ha hecho conocidos en toda la parroquia, pintan unos enormes murales alusivos al proceso que lidera el presidente Chávez, a las luchas de los pueblos del Medio Oriente y al rescate de los iconos de distintos procesos revolucionarios en el mundo.

Pero este afán por controlar diversos sectores sin permitir que nadie más tenga injerencia en la toma de decisiones, trajo mucha cola. Lo peor es que a los enfrentamientos verbales, se sucedieron otros en los que las diferencias ideológicas fueron sencillamente saldadas a tiros.

A mi hijo y su amigo, ambos milicianos de La Piedrita, los asesinaron los Tupamaros en venganza por haber sido expulsados del 23 de Enero, donde no tienen ningún tipo de trabajo. A mi y a Douglas, otro compañero, intentaron matarnos y nos dieron un tiro en el brazo a cada uno“, afirmó Santana, supervisor de seguridad de la UCV.

Sin embargo, sobre él pesa una orden privativa de libertad y la denuncia de los Tupamaros que lo responsabilizan por los asesinatos de Julio Troconis, muerto en 2006 en la estación del metro Plaza Venezuela y su padrastro Rafael González, abaleado en el 23 de Enero.

Pinto señaló a Santana y a otro miembro de su organización, de responsables del intento de asesinato en su contra ocurrido el pasado 18 de septiembre.

Encapuchados

Pero no sólo es la lucha entre estas organizaciones que han decidido saldar sus cuentas con métodos nada ortodoxos, sino también la presencia que tienen dos grupos armados que se mantienen en la clandestinidad y con los cuales Últimas Noticias no pudo conversar debido a su hermetismo: “Los Carapaica” y “Néstor Cerpa Cartolini”.

Ellos tienen su forma de actuar y nosotros la respetamos, han decidido mantenerse en la clandestinidad para poner en práctica sus propios planes pero, repito; entre nosotros y los demás colectivos no hay enfrentamientos“, aseguró el representante de la CSB.

En medio de esa vorágine de movimientos y grupos, entre la población resurge el temor de que nuevamente las ideas pasen a un segundo plano y las diferencias se diriman a balazos y charcos de sangre. Aunque nadie espera que se encienda nuevamente ese tipo de fuego en el 23 de Enero

ALMAS EN PENA

Los muertos por motivos políticos entre las organizaciones políticas del 23 de Enero, no han sido pocos. Del lado de los Tupamaros se cuenta los siguientes: Ángel Tobías García Villamizar, concejal de Táchira, Julio César Troconis Navas, y a Felipe Estanford en la parroquia; Giovanni Monasterios, en el estado Sucre, Rafael Fuentes Rodríguez en el estado Anzoátegui. También Carlos Luis Ochoa Matute, en Tinaquillo, estado Cojedes, Javier Guerrero y Julio César Aldana. Por el lado del colectivo “La Piedrita”, también tienen sus bajas.

Diego Santana y Warner López fueron asesinados en 2006. Por estas dos muertes fueron acusados los Tupamaros. Pero a ellos hay que sumar los nombres de Carlos Alberto Vielma Blanco de la CSB, asesinado por un GN, Kil García, Alexis González y Juan Carlos Castillo, asesinados por la PM.

También cayeron Iverson García y Klei Gómez y otro conocido sólo como “Condorito”. Por estos dos últimos se acusa también a los Tupamaros.

“Alguien con poder mandó a limpiar la zona”

“Los que quisieron matarme tenían apoyo externo de alguien de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de alguien con poder que mandó a limpiar la zona para que no hubieran policías y los motorizados pudieran escapar sin ningún problema”, aseguró José Pinto luego de haber recibido, el martes 18 de septiembre, cinco disparos que lo dejaron malherido, cuando realizaba ejercicios matutinos en la zona de Macuto en el estado Vargas.

Pinto aseguró que los vecinos le salvaron la vida y que también ellos vieron cuando a un carro de la UCV subían dos personas que iban en las motos de los que lo atacaron, con las armas que le dispararon y bajaron otras dos que se montaron en las motocicletas sin arma alguna que pudiera incriminarlos.

Aseguró que entre sus atacantes estaba Douglas Curtois, miliciano del colectivo La Piedrita. “Ellos me dispararon más de 30 tiros muchos de los cuales dieron en un carro detrás del cual yo traté de esconderme. Fueron tres los que abrieron fuego pero estaban nerviosos porque creían que yo estaba armado. De milagro estoy vivo y de esto es responsable Valentín Santana“, añadió.

Santana y su grupo afirman que no tienen nada que ver en este rollo pero acusan a Pinto de ser el autor intelectual del asesinato de Diego Santana y Warner López. Algunos residentes del 23 de Enero aseguran que los jóvenes fueron asesinados por otros delincuentes, uno de los cuales fue muerto poco tiempo después en un enfrentamiento con la policía.

Los dirigentes de los demás colectivos y agrupaciones del 23 de Enero prefieren guardar silencio sobre este problema que pica y se extiende, aunque han afirmado que no permitirán que la violencia retorne a su parroquia y mucho menos si es entre venezolanos que se llaman a sí mismos como revolucionarios.

Ellos saben que aquí se acabó la anarquía. Si van a querer caerse a plomo, tengan la seguridad de que nosotros y los vecinos los vamos a sacar de inmediato utilizando los medios que sea“, explicó Alexis Vive, miliciano del colectivo.

Fuego en el 23
Jorge Chávez Morales
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