
Sólo se puede afirmar que las dos semanas que faltan son decisivas.
No se cree que se pueda afirmar hoy que ganó Chávez o Rosales, al margen de lo que digan las encuestas, que como se sabe en estos períodos pueden decir cualquier cosa. Y todas controversiales.
A Rosales le presentaron una encuesta el martes, en la que lo proyectan con 4 puntos por encima hacia el 3-D. Seijas dice que gana Chávez (e incluso habría expresado que si no lo reeligen, él deja de hacer encuestas). Y después están los resultados de Datanálisis y Consultores 21 con Chávez ganando con 20 puntos de diferencia, y las de Keller y Eugenio Escuela, que dan victorioso a Rosales.
Uno no puede creer con estos resultados, que todas tengan la razón.
Y menos aún cuando como es del reconocimiento general se ha acrecentado ese elemento perturbador que es el miedo.
Y se habla no del voto oculto de los electores, sino de lo que quizás sea el instrumento más eficiente que haya construido el Gobierno para mantener amenazada e intimidada yen estado de zozobra a la sociedad venezolana: la guerra sucia contra los electores.
Una guerra psicológica, que se centra en la difusión de múltiples rumores referidos fundamentalmente a que el voto pueda ser descubierto, y que esto colocaría a quien lo emita en la condición de eventual excluido o perseguido. Vinculan esto con las captahuellas. Y se valen de amenazas directas como la expresada en la consigna de si te atreves, te jodo.
Y que no es más que la expresión exacta de la amenaza terrorista del presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez. Con el apoyo del Presidente de la República, del vicepresidente y de todos los ministros y algunas autoridades militares del régimen. Y dirigida, por supuesto, a asustar a los votantes de la oposición, y del chavismo, de cuya fidelidad se sospecha.
Y que vuelve a revelar la osamenta desnuda del régimen, que apuesta siempre,como en Cuba, a una profunda degradación colectiva.
Coño, qué asco, José Vicente.
Y claro está que la cuenta que se saca es que a menor participación, mayor opción tiene Chávez. Por lo que ante la fallida estrategia abierta de promover el abstencionismo en el campo opositor, el Gobierno ha recurrido a la guerra sucia, cuyo propósito es tratar de inhibir la participación de millones de votantes.
Especialmente los jóvenes y los empleados públicos. En ambos sectores se escucha de manera reiterada el argumento según el cual todo aquel que participe o vote contra Chávez correrá el riesgo de ser incorporado al apartheid que nació con la lista de Tascón.
El oficialismo sabe que Rosales le está latiendo en la cueva y que contra todos los pronósticos se ha convertido en un real contendor. Que los números verdaderos a esta fecha indican que el juego no ha terminado.
Y que los próximos 15 días serán determinantes para decidir quién gana.
Si algo tenía de cierto lo que dijo Douglas Schoen más allá de ese 46 a 48 final que vaticina, es que lo más importante es la tendencia: el momentum, como dicen los especialistas. El impulso que toma la intención favorable del voto por Rosales que, según él, sube.
Junto con la otra observación, después de una experiencia de 30 años (que ciertamente la tiene Schoen): que de acuerdo con las dos encuestas que ellos han hecho pueden afirmar con absoluta certeza que ha venido creciendo la intención de votar por Rosales, lo que permite decir al menos que la elección está muy cerrada, muy competida, empatada en términos prácticos, ¿será así? Veremos. No queda tanto.
Ahora bien, amigo lector, hay un peligro.
De lado y lado. Gane Rosales o gane Chávez. Porque si gana Rosales y en lascondiciones de Schoen: cerradito, tendrá por supuesto dos victorias, una política y tra electoral, pero en medio de una situación delicada que requerirá de todo el apoyo de las masas opositoras en la calle y del militar. Con el añadido de que ganará las elecciones pero tiene que gobernar el país con el chavismo controlando todas las instituciones y con 50% del respaldo electoral. Lo que, como decía alguien, sería la madre de todas las oposiciones.
O el otro escenario posible: que Chávez gane, pero en el esquema de Schoen, muy empatado, que tenga una victoria electoral y una derrota política. Que es el escenario más posible para él. Es decir, que gane con todas las consecuencias futuras de una victoria pírrica: que su liderazgo quede afectado y pierda el control sobre gran parte de sus partidarios, y se generen luchas y disputas.
Lo que para Rosales significaría la derrota electoral, por supuesto, pero indudablemente una victoria política, en la que,como decía alguien esta semana, le saldría un “por ahora” en que perdí, pero perdí en tales condiciones, para pasar a plantearle un camino futuro inmediato a todo el paí sque votó por él.
Lo que no le va a resultar sencillo, porque siempre va a haber un sector de la oposición que va a cantar fraude y va a proponer un iseño similar al del revocatorio y al que produjo López Obrador en México, que todavía está en desarrollo.
O Chávez ganador electoral y políticamente con más de 10 puntos. Lo que no se ve.
Por lo que entonces es evidente que hay gravitando sobre 26 millones de cabezas una gran responsabilidad histórica.
Sí. Porque si bien por la debacle de los partidos, la democracia representativa, la democracia moderna que íbamos a construir, caímos en la etapa de seguir a un líder carismático extremamente ineficiente, es un hecho que gane o pierda nos estamos enfrentando a un momento en el que este líder carismático se rutiniza y pierde atractivo. Y hay un número grande de electores que no quiere que el líder continúe como presidente de la República.
Y esto es un hecho.
Y la presentación de un polo de atracción para quienes no lo quieren a lo mejor ha sido producto de alguna racionalidad no partidista, pero la realidad es que ese voto no es sólo por Rosales y por la democracia, sino de un conjunto de mujeres y hombres que ya no quieren que aquél continúe en el poder.
Y lo que preocupa es lo que viene después.
Cráteres
Lo más importante es si el Gobierno va a pasar la prueba de comportarse democráticamente en todos los casos de este aterrizaje preñado de peligro. Es decir: si ganando va a modificar su conducta de desconocimiento, no del adversario sino de esa inmensa parte del país que forma la oposición. O si perdiendo también se comportará democráticamente y contribuirá a crear los equilibrios necesarios para mantener la gobernabilidad… Pero igualmente importante va a ser si Rosales y los sectores democráticos, de cuyo comportamiento nadie duda en caso de ganar, serán capaces, en caso de perder,de conducir a una parte muy grande del país hacia un proceso distinto al del 98con Salas, quien se marchó y no le hizo frente inmediatamente con toda la oposición tras él a ese nuevo presidente electo que ya se anunciaba como una visión totalitaria de la política. O después con Arias, que ha terminado como ha erminado. O después del 11-A, del paro y del referéndum revocatorio. Experiencias de errores inmensos de conducción de ese conglomerado que hoy nuevamente agrupa Rosales y que no debería tener frente a sí otra disolución para luego quedar desencontrado, disperso, desorganizado. Pues el riesgo cipal, para muchos, es que la dirección no tenga el fuelle y la visión estratégica suficiente como para asumir la emenda responsabilidad que significa conducir a un país en esas condiciones,ganando o perdiendo… Porque los resultados reales van a estar tan cercanos que nadie es capaz de predecir qué ocurrirá el 4-D.
A Chávez la votación parece habérsele ido a las zonas periféricas. Ha perdido mucho de las zonas urbanas y los jóvenes. Y la interrogante que se escucha es¿por qué la oposición no ha atacado al Gobierno en ángulos no-ideológicos,como la riqueza ostentosa de sus dirigentes, que fue lo que produjo la megaabstención chavista del 4-D? Además del desencanto y la desesperanza por la falta de resultados, y esas razones desde la campaña de la oposición no parecen haberse reforzado. Hay un acumulado de corrupción que espera la atención. Como decía un experto consultor: tú ganas sobre el deterioro y el voto castigo al Gobierno. ¿Cuál era el mensaje de Luis Herrera? Dónde están los reales. Y la pobreza. Sobre la base de contrastar hechos de miseria reales versus la Gran Venezuela de CAP, con la articulación de voceros como Aleida Josefinay Carlota Flores. ¿Dónde están esos temas? El tema de la pobreza y el problema ético. Y esto no es una confrontación AD-Copei, esta es una confrontación de otro tipo. Y la campaña debe incrementar el voto castigo y el deseo de cambio. Ganar a los indecisos y los ni-ni.
Indecisos que son, en su mayoría, los jóvenes y las madres pendientes de sus hijos y sus maridos. ¿Dónde está la campaña dura para acentuar el descontento,las cuñas duras de los pobres? La del cara de bolsa se quedó ahí, pero no ha crecido. Refuercen la campaña. Tienen que llegar al límite de lo que el elector puede soportar: estremecer, sacudir. A partir de identificar las distintas motivaciones. Es mentira que Chávez lo vaya a hacer mejor. Esto es un desorden.
Será un aterrizaje preñado de peligro.
Porque Chávez no sabe ser demócrata. Por el contrario, evoluciona cada vez más hacia lo que el rumano Norman Manea llamó, hablando de Ceausescu, el payaso carismático. Lo puso de manifiesto esta semana cuando dijo, abrazado histriónicamente a una dama en Chuao, que aprovechaba la ocasión para hacer esta invitación:”Con todo mi corazón, a todos los sectores del país, independientemente de dónde vivan, a que nos tomemos de las manos y veamos la realidad y construyamos nuestro país en paz”.
Luis García Mora - El Nacional
