
Noticias24.- La escasez láctea ya la conoces bien, y se informa que durará - por lo menos - unos cuatro meses más, hasta febrero de 2008. Desmontamos los mitos más frecuentes, para entender esta odiosa circunstancia, como siempre, desde la perspectiva del respeto a la propiedad, la libertad y la iniciativa individual.
MITO 1. No hay leche porque está acaparada.
Lo dicen algunos en la calle, y lo dijo (para darle “credibilidad”) el Superintendente Tributario Vielma Mora, el gerente más eficiente (en sembrar el pánico entre los sectores productivos) del gobierno nacional.
La verdad es que productores y comerciantes son los principales interesados en vender la leche, en primer lugar porque almacenar cualquier producto por cierto período de tiempo cuesta dinero. Y la leche sin procesar, no dura mucho tiempo. Además, la mayoría de los comerciantes siente terror de que cualquier burocracia estatal (sea el INDECU, los militares, el SENIAT y hasta Ipostel) les “descubran” el cotizado líquido en los depósitos, y usualmente invitan a periodistas y clientes a pasar revista a sus inventarios.
El “acaparamiento” es una ficción utilizada por todos los gobiernos (especialmente los socialistas) para culpar a otros de sus políticas absurdas. El gobierno nunca asumirá la responsabilidad sobre nada (y típicamente señalará al gobierno anterior, a los gringos, a la globalización o a los alemanes del otro lado del muro).
MITO 2. No hay leche porque los lecheros malvados no quieren producir sin enriquecerse.
Anda a cualquier abasto y verás leche por montones, convertida en yogurt, helados, crema de leche, quesos y otros productos derivados. Obviamente, muchas empresas están destinando buena parte de la leche que compran a fabricar productos que no están regulados. El problema radica fundamentalmente en el control de precios: nadie puede ni quiere fabricar un producto “a pérdida”, pues el empresario debe pagar la nómina, impuestos, los servicios (agua, luz, teléfono) y la distribución, y además quiere ganar dinero con eso. Gracias al control de precios, el Estado obliga a los empresarios a ignorar el sentido común (que es satisfacer la demanda de leche en polvo antes que la del yogur) para no quebrar. El empresario está buscando soluciones para no perderlo todo.
Mucha gente (incluso el Presidente) critica a los empresarios por querer enriquecerse fabricando la leche, el pan, televisores de plasma, etc., pero no objetan que los funcionarios se enriquezcan sin producir absolutamente nada para nadie y confiscando, encima, tu trabajo (con impuestos). El resentimiento (que el socialismo llama “lucha de clases”) no es sino el polvo que trajo estos lodos.
MITO 3. Los supermercados no tienen derecho a racionar.
Mucha gente anda molesta porque en supermercados y abastos sólo venden un litro o envase de leche por persona. “Que me vendan lo que me dé la gana”, dicen algunos clientes molestos. La verdad es que la leche, mientras no la hayas pagado, es del comerciante. No es tuya, ni del gobierno. Los dueños de abastos serían mucho más felices si pudieran venderte 10 litros más y no soportar tus malas caras. Simplemente están tratando de complacer a la mayor cantidad de clientes posible, no porque sean buenos, sino porque sinceramente necesitan de tí como consumidor.
Igualmente, algunos comerciantes tienen clientes fijos con quienes tienen una relación, quizá de años, y para quienes reservan algunos productos. Esto también es un derecho de los comerciantes y no es legítimo que te enfurezcas con ellos. Si tienes el dinero en la mano y no consigues la leche, enfurécete con el verdadero causante de la escasez.
MITO 4. Está bien que Mercal me marque para que no compre dos veces.
En ningún supermercado se atreverían a marcarte con tinta indeleble para poder comprar. La mayoría de los clientes se escandalizarían, con consecuencias poco deseables para la salud del negocio (como no volver más nunca). Pero cuando el “dueño del supermercado” cuenta con batallones de tipos armados con fusiles, las políticas de atención al cliente cambian “ligeramente”. Un arma larga siempre tiene la razón.
Al final, es tu decisión si te sometes a las colas kilométricas, el riesgo de un local militarizado lleno de madres histéricas y la posible y humillante “marca”. Cuánto necesites y desees el producto te dirá lo que estás dispuesto a hacer por él.
MITO 5. No hay leche porque hay una crisis mundial de leche.
Hay problemas mundiales en la producción de leche que han disminuido, ciertamente, la oferta. En un país normal, una disminución de la oferta de leche (la leche que se puede poner en los estantes) causa un aumento inmediato del precio. El comerciante y productor encuentran entonces (en la compensación monetaria) más razones para ser eficientes y buscar solución al problema. Al final, eres tú quien decide si compras o no leche.
No es razonable creer que la misma “crisis global” cause colas de 6 horas en Caracas y de 6 minutos en Montevideo.
Es cierto que algunas personas se ven perjudicadas, y un alza del precio les causa un enorme drama humano. Pero no es un drama nacional. En un país socialista, el gobierno finge preocuparse del “drama humano” y lo único que consigue es que no haya leche para nadie.
MITO 6. Deberíamos aprovechar para quitarnos esa mala maña de tomar leche.
Algunos funcionarios del gobierno han tenido la brillante idea de decir que, de todos modos, la leche es “dañina”, “prescindible”, y que la leche materna tiene más calcio. Poco importa que tenga o no razón, pues el gobierno no tiene la función de decidir qué pones o no en tu mesa o en tu cuerpo, o si ya eres “demasiado viejo” para tomar leche. Quien esto dice, probablemente, se toma cada mañana un buen café - y no se lo preparan con leche materna. Como buena funcionaria, su trabajo no es resolver tus problemas, sino encontrar las más absurdas excusas para ocultar la incompetencia de sus jefes y colegas.
[ Ana C. Díaz | Foto Edwin Montilva / Reuters ]
